Codo a Codo ©

Capítulo 7: La Fiesta

1

—¡Vamos, vamos, vamos! —Repetía una y otra vez Liam mientras daba brincos de alegría.

Taylor mantenía su mirada fija en el Pinball frente a ella, llevaba más de diez minutos jugando y la gente a su alrededor había dejado de hablar para ver la partida.

—¡Cuidado con esa! —Señaló el castaño una de las tantas bolas grises brillantes.

—Ya sé, ya sé... —Dijo sin despegar la mirada, estaba demasiado concentrada, si seguía jugando de esa manera, superaría el récord.

Liam miró a su alrededor, hacía desde que había entrado que tenía sed, y como la gente estaba allí, parecía un buen momento para ir por algo de beber.

—Tengo sed, enseguida regreso... —Anunció mientras caminaba entre la multitud.

El joven empujó la puerta que separaba la sala de juegos con el gran y espacioso living y cruzó el umbral.

La música se intensificó al instante, había muchos más parlantes del otro lado de aquella puerta doble de cristal, y por ende, el volumen era más alto.

Liam nunca había estado en una fiesta, bueno, mejor dicho, en una fiesta donde hubiera alcohol y adolescentes besándose en cada esquina. Pero por alguna razón, todo eso, le gustaba, el ambiente, las personas a las que no le importaba absolutamente nada de su vida, ni de si tenía catorce años.

El estaba ahí, y la gente, lo saludaba como si fuera un amigo más.

Era algo genial.

Mantuvo ese caminar relajado que empezó a utilizar desde que cruzó la puerta hasta llegar a la barra de tragos, no pudo evitar —aunque en verdad lo intentó— ver a su hermana perrear seximente junto a esa tal Sophie Simmons mientras un asiático las observaba atónito.

Negó con su cabeza, decidiendo ignorar tal asquerosa y perturbante escena, para mejor, servirse algo en la barra.

—¿Qué quieres hermano? —Le preguntó un castaño que al parecer, se creía Barman.

—Mmm, no lo sé...

—¿Nuevo en esto? —Supuso con una sonrisa.

Liam asintió.

—Prueba esto... —Ordenó amablemente al darle uno de esos vasos rojos.

—Gracias —Dijo Liam para luego, alejarse de aquel chico tan simpático.

El castaño con puntas rubias miró la bebida mientras caminaba, era roja, parecía ponche, por lo que, se detuvo unos segundos y tomó un sorbo, sintiendo un sabor extraño, uno que al principio, resultaba asqueroso, pero mientras tomaba más y más, se tornaba delicioso en verdad.

Siguió tomando de a pequeños sorbos, y mientras lo hacía, comenzaba a sentir que la música lo controlaba, pues, su cuerpo se movía a su ritmo. Se entrometía en grupos de adolescentes que bailaban en pequeños círculos. Cada vez que se metía en ellos, los demás aplaudían, lo que lo llevaba a moverse aun más.

Sin saber como, terminó parado sobre una mesa blanca —bueno, quizás no tan blanca después de varias horas—, era demasiado alta, por lo que, alguien debió ayudarlo a subir.

La gente festejaba sus pasos mientras bailanban a su alrededor, Liam, aunque no lo quisiese, estaba convirtiéndose en el rey de la fiesta. Después de unos minutos de baile, Liam se quedó sin bebida y aunque quiso bajar para buscar otro poco de aquello que ese chico desconocido le había servido, no pudo hacerlo.

Los chicos a su alrededor comenzaron a darle de sus tragos, muy diferentes entre sí, pero para el paladar del joven, eran exactamente iguales.

Ese era el problema.

Canción 1: https://youtu.be/yAhin3OB6lQ (Yultron - Ride With You (feat. Leah Culver)

La música cambió radicalmente, pasando de Pop a Electro en menos de una milésima de segundo, gracias a esto, todos a su alrededor, comenzaron a saltar frenéticamente.

Y Liam, no podía quedarse atrás.

Como todos en la fiesta, empezó a saltar como desquiciado, la mesa, se tambaleaba como si le faltara una pata, pero al parecer, Liam no lo sentía.

Para cuando lo hizo, era demasiado tarde, durante un salto, uno de sus pies cayó en el borde de aquella mesa con patas defectuosas, su equilibrio —que no era muy bueno gracias a ese trago desconocido— le falló tanto que provocó su descenso hacia el suelo.

Por obra de algún tipo de Dios allá arriba, el joven de catorce años no chocó contra el piso, sino que, terminó en los brazos de un chico mayor, uno que le sonrió en cuanto sus ojos se cruzaron.

El silencio entre ellos se mantuvo por varios segundos, Liam estaba demasiado confundido, ¿Cómo llegó a parar a los brazos de un desconocido? o más importante; ¿Por qué estaba sobre una mesa bailando como un maldito Stripper?

—¿Ahora caen del cielo? —El chico desconocido, pronunció las primeras palabras.

—¿Qué? —Podía estar algo borracho, pero eso no tenía sentido para nadie.

—Los jovencitos tiernos, ¿Caen del cielo?

Liam no pudo evitar lanzar una carcajada, no sabía que era lo gracioso, pero se reía como si le hubieran contado el mejor chiste de la vida.




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