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Capítulo 9: El Asunto de Scott

1

La campana había sonado y la hora del almuerzo acababa de empezar, ese era el momento precizo para que Peyton, acompañada por Mackenzie, hablaran con Scott sobre "su situación".

De esta manera, decididas se acercaron hasta el, quien tenía entre sus manos un sandwich de mantequilla de maní y jalea mientras hablaba con Ian y Julián.

Ambas chicas se posicionaron detrás de él sin decir una palabra.

No fue hasta que sus dos amigos, sentados frente a Scott, comenzaron a mirarlas con algo de temor que el muchacho de pelo castaño se dio la vuelta.

—¿Qué sucede? —Su tono fue nervioso, el joven intuía que, por el solo hecho de que su mejor amiga y la chica que le gustaba estuvieran juntas, nada bueno estaba por venir.

—Tenemos que hablar —Las palabras de Mackienzie y la forma en que las dijo, provocaron un apretón de pecho en Scott.

—¿Sobre qué?

—Aiden —Respondió Peyton para luego, sentarse a su lado.

—Ya hablamos sobre ello...

—Si, pero no llegamos a una solución —Explicó Mack con una mueca de disgusto.

—¿Solución?

—Scott escucha... Mack y yo hemos hablado y ambas estamos de acuerdo en que, si tu no dices nada, lo haremos nosotras...

—Espera... ¡¿Qué?!

—No vamos a permitir que te sigan lastimando —Añadió la castaña.

—¿Puedes cerrar la boca? Mack, eres mi mejor amiga, pero eso no te da el derecho a meterte donde no te llaman —Respiró profundo, enserio estaba furioso. —Y tu... Ni siquiera me conoces, estamos en un trabajo juntos y eso, eso es todo...

—Scott, ellas tienen razón... —Ian se metió en la conversación.

—Ian, no te metas —Pidió con tono amenazante.

—Solo queremos ayudarte... —Comentó Mackenzie.

—¿Acaso yo les pedí ayuda? —Preguntó de manera retórica. —Nadie va a hablar con nadie, métanse en sus propios asuntos y solo, solo déjenme en paz... —Añadió poniéndose de pie.

Scott miró a todos sus amigos para terminar haciendo contacto con los ojos de Peyton, el bajó la cabeza y luego, se alejó del lugar lo más rápido que pudo.

—¿Qué vamos a hacer? —Le dijo Mack a Peyton.

—Hablaremos con Grant... —Contestó mirando al joven cruzar el umbral de la puerta.

2

Liam y Jess estaban sentados con sus tacos en una de las tantas mesas de la cafetería. El castaño se sentía aliviado, Taylor tenía que terminar un trabajo por lo que no iba a almorzar y él, como sabía de antemano, no debería elegir con quien sentarse a comer.

—¿Qué harás esta tarde? —Preguntó el castaño mordiendo un trozo de su almuerzo.

Pero su compañero de mesa no respondió, su mirada estaba pérdida en alguna parte, al igual que sus oídos.

—Jess... —El castaño tronó sus dedos frentes a los ojos azules del chico, trayéndolo a la realidad.

—¿Qué...? —Dijo algo confundido.

—Pregunté qué harás esta tarde... —Explicó con una sonrisa, Liam no podía explicarlo, pero la cara de bobo que Jess tenía en ese momento lo hacía sonreír.

—Nada, supongo... —Respondió con desgano, volviendo a tener esa mirada pérdida.

—Okey, ¿Qué sucede? —Cuestionó al notar, finalmente, que algo no andaba bien.

—Nada, Liam, enserio —Mintió vagamente.

—Sé que te conozco hace solo una semana, pero me atrevo a decir que puedo notar cuando algo te molesta.

Jess lanzó un suspiro y miró a los ojos al castaño, se notaba preocupado por él, y eso no pasaba muy seguido, por lo que, después de ordenar las ideas en su cabeza, se dispuso a hablar:

—Algo pasó...

—Hola —Una voz femenina lo interrumpió.

Liam volteó con rapidez y sus ojos vieron a una jovencita —muy linda en verdad—, parada con una sonrisa frente a él.

—Hola —Saludó él, algo nervioso.

—¿Liam cierto? —Dijo mientras jugaba con sus dedos, al parecer, ella también estaba nerviosa.

—Así es... —Respondió el con una sonrisa.

—Soy Elena, quería preguntarte si... —Ella tomó una bocanada de aire, su pecho se infló y al exhalar, añadió. —¿Quisieras ir al baile de bienvenida conmigo?

Las palabras de aquella jovencita lo tomaron por sorpresa, porque allí estaba él, sentado frente a ella, sin saber que decir y tiezo como una gárgola de Notre Dame.

—Sabes... —Elena volvió a hablar. —No tienes que responder ahora.

—Sí... —Pronunció con una sonrisa.

—¿Qué?

—Iré al baile contigo —Y esas palabras, lo hicieron sonrojar.

—Genial. —Exclamó mostrando sus dientes blancos. —Aquí tienes mi número, solo, llámame —Agregó mientras le daba un papel doblado.




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