Codo a Codo ©

Capítulo 19: La Corazonada

1

El timbre había sonado en la planta baja dos veces, pero Jess lo ignoró por completo, no solo porque se sentía fatal, sino también porque no estaba preparado para ver a nadie, ni siquiera a alguna tonta visita de su madre o al cartero.

Estaba acostado en su cama, boca arriba, observando el techo lleno de calcomanías brillantes de estrellas que él y su hermana alguna vez pegaron, recordó entonces, como hace mucho tiempo, su único problema era no saberse los nombres de todos los planetas.

Miro a Marte, su planeta favorito, y sonrió en cuanto la imagen de su hermano mayor cantando una canción sobre ese planeta se reprodujo en su cabeza.

Se sentía tonto al pensarlo, pero en verdad extrañaba a Dean.

Fue entonces que la ama de llaves dijo su nombre, advirtiendo de que alguien estaba en la puerta, esperándolo.

El pelinegro lanzó un suspiro, no quería bajar, pero Mónica tenía la mala costumbre de dejar pasar a las visitas antes de preguntar si siquiera conocían a los invitados.

Aún en pijamas -pues había decidido no asistir a clases aquel día-, bajó las escaleras desganado, encontrándose en el vestíbulo a Taylor. Sus ojos se abrieron completamente, el cuerpo se le tensó, tragó saliva nervioso, y disimulando la incomodidad lo mejor que pudo, llegó a la planta baja.

—¿Qué...?

—Tenemos que hablar... —Pronunció la chica de forma sería, adentrándose en la casa hacia el living, el cual conocía perfectamente.

Confundido, Jess caminó tras ella.

Quizás había tenido la suficiente mala suerte como para que les asignaran realizar un estúpido trabajo juntos.

—¿Nuevo sillón? Lindo... —Comentó echándole un vistazo a la sala que no había visitado en años.

—Taylor, ¿Qué ocurre? —Preguntó finalmente, abrumado por la incomodidad.

—Eres un imbécil —Pronunció ella con el ceño fruncido.

—¿Disculpa?

—Lo que oíste, eres un maldito imbécil, siempre lo has sido —Las palabras de Taylor salían de su boca con tanto rencor que golpeaban contra el pecho del joven, quitándole el aliento.

—Mira, si viniste aquí para insultarme...

—No estoy aquí por eso... —Lo interrumpió de forma brusca. —Sinceramente, me gustaría que fuera así, pero, la razón por la que me ves aquí parada es porque... —Tragó saliva, conteniendo las ganas de seguir gritándole todas aquellas cosas que pensó durante tanto tiempo. —Porque, por alguna razón le importas a Liam, y yo no quiero ser la razón de que esté triste. —Jess frunció el ceño, confundido. —Él no me dijo nada sobre ustedes, yo los vi aquella noche en la playa.

El chico abrió los ojos por completo, una puntada atacó su pecho de forma violenta, obligándolo a sentarse en uno de los tantos sillones individuales de la habitación. Se sentía un idiota, un completo imbécil, la había cagado, otra vez.

Los ojos de Jess se movieron en dirección a la joven, se estaba yendo. El picaporte de la puerta fue girado, instante en que él corrió hacia la entrada.

Taylor ya había cruzado el umbral, por lo que, desde el interior de su casa, Jess llamó a su nombre.

—Gracias... —Musitó con una media sonrisa.

—Lo hice por Liam, no por ti —Respondió sin siquiera darse la vuelta.

Jess cerró la puerta detrás suyo y se apoyo en ella, respiró profundo, era momento de arreglar las cosas. 

2

Liam estaba cansado, las clases aquel día le habían resultado demasiado pesadas. Eso, sumado a todas las desviaciones que tuvo que hacer para evitar encontrarse con Dylan lo tenían al borde del desmayo.

Él sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarlo, pero prefería que fuera tarde.

El castaño estacionó su bicicleta frente al portón de la cochera y caminó hacia la entrada principal, subió los tres escalones y cruzó el umbral de la puerta.

Saludó de forma general con un grito que recorrió cada rincón de la casa y emprendió camino hacia su habitación, era extraño, pues no parecía haber nadie.

Giró el picaporte y arrojó su mochila hacia un costado de la habitación, solo para segundos después, percatarse de que no estaba solo.

Sus ojos se abrieron, tuvo que morder su labio inferior para no gritar.

Jess estaba sentado en su cama, esperando de brazos cruzados como un niño pequeño al que acaban de regañar.

—Hola...

—¿Qué haces aquí? —Liam se cruzó de brazos, poniendo una expresión sería en su rostro, tratando de evitar que Jess notara la felicidad que verlo le causaba.

—Liam fui un imbécil, yo... No debí actuar como lo hice, no debí ignorarte como lo hice.

El castaño no respondió, solo se lo quedó mirando.

—¿No dirás nada?

—¿Qué quieres que diga? Estoy de acuerdo con que actuaste como un imbécil —Tragó saliva. —Pero es que siempre haces lo mismo, actuas por impulso, me tratas como basura y luego vienes y te disculpas. A veces se necesita más que una disculpa para arreglar las cosas.

—Lo sé, no sé cómo remediarlo, si pudiera volver el tiempo atrás...

—Pero no puedes —Lo interrumpió de forma brusca. —Y yo... No quiero esto, no quiero tener que lidiar con tus repentinos ataques en los que ni siquiera escuchas mis explicaciones.

—Lo sé, y prometo no volver a actuar así.

—No sé si pueda creerte —Liam bajó la cabeza, quería mantenerse fuerte.

—La última vez que estuve aquí me preguntaste algo —Jess dio unos cuantos pasos hacia adelante, levantándose de la cama y deteniéndose justo frente al chico de ojos grises. —Pues ahora tengo una respuesta para eso... —Liam levantó la cabeza, conectando con la mirada del pelinegro. —Quiero estar contigo —De forma inconsciente, tomó sus manos. —Quiero ser más que tu amigo, porque eres la única persona con la que siento que puedo ser yo mismo, con la única que me siento especial en este mundo lleno de mediocridad, y me encanta sentirme así.




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