Cómo Matar A Un Héroe

Prefacio

Ella siempre pasaba por el mismo semáforo, en el mismo lugar.

La música de su auto sonaba a todo volumen mientras las risas y las conversaciones con sus dos mejores amigas llenaban el interior del vehículo. De vez en cuando, miraba el retrovisor y encontraba su propio reflejo: una mirada cargada de prepotencia, avaricia y soberbia; pestañas largas, párpados cuidadosamente maquillados y labios voluminosos.

Mezclada entre el tráfico, observaba siempre a los mismos jóvenes realizar sus trabajos. Cada uno tenía una manera diferente de llamar la atención, de despertar el interés de quienes esperaban frente al semáforo. Hacían lo que podían para conseguir que alguien se apiadara de ellos y les regalara, aunque fuera, unas cuantas monedas.

Algunos limpiaban parabrisas. Otros hacían malabares con fuego, vendían dulces o se disfrazaban de payasitos mimosos para arrancarle una sonrisa a algún conductor.

Él era uno de ellos.

A él le gusta reír.

Él es tierno.

Él tiene un sueño.

A él le gustan los dulces.

Él ama.

Él es humilde.

Él…

Él es Kevin.




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