Comprada por el príncipe

Capítulo 9

(Aurora)

El dinero del príncipe Alexor era suficiente para pagar varias noches en la posada, todas mis comidas y algo más. Así que, en cuanto aseguré una habitación y llené mi estómago, me propuse cubrir mi siguiente necesidad.

—¿Conoce alguna costurera cerca de aquí? —pregunté al posadero, deseosa de tener otra cosa para usar que este ajustado vestido.

—Por supuesto que sí: Isidora Dosien, la costurera más talentosa de Encenard —me compartió—. Si lo que desea es un nuevo guardarropa, no encontrará mejor opción en esta ciudad, señorita Katz.

El nombre me sonó conocido de inmediato.

—¿No fue ella quien diseñó el vestido de novia que usó la reina Annabelle en su boda?

—Esa misma. La señora Dosien siempre gozó de una buena reputación entre las damas distinguidas, pero desde ese día su fama se fue a las nubes. Ahora, llevar uno de sus vestidos es un símbolo de estatus, las damas de Encenard están obsesionadas por llenar sus armarios con sus creaciones.

Asentí, pues la fama de esa mujer era conocida aún en Sandor. Cuando pregunté por una costurera, tenía en mente algo más sencillo, pero portar un vestido hecho por la señora Dosien era demasiado tentador como para dejar pasar la oportunidad. Pensé en cuántas monedas había en la bolsa, sin duda podía darme el gusto. Entendía que los vestidos de la señora Dosien eran pensados para las damas de alta sociedad y que yo no podía considerarme una, pero, ¿qué se suponía que debía usar? Tampoco me iba a vestir con harapos y me rehusaba tajantemente a vestirme como una ramera. En mi deliberación interna concluí que, si iba a pasar tiempo con el príncipe Gregor, lo mínimo que podía hacer era vestirme a la altura de sus ojos reales.

—¿Puede indicarme dónde encontrar a esa mujer, por favor? —le pedí al hombre.

—Se encuentra cerca de aquí, caminando calle abajo —me indicó—. Es un establecimiento grande, lo reconocerá por el letrero de madera que dice Diseños Isidora Dosien.

Dar con el lugar no me supuso ningún problema. Fue amor a primera vista, era amplio, elegante y pensado para hacer sentir a las clientas en casa. El negocio iba tan bien que la señora Dosien contaba con varias ayudantes. Una de ellas me pasó detrás de una cortina en donde había dos vestidores y varios espejos para tomar medidas y probarse los vestidos. La mujer sacó su cinta de medir y se puso a trabajar de inmediato.

—¿Cuánto cree que tarde en estar listo el vestido? —le pregunté mientras ella anotaba.

—Depende del diseño final que elija —contestó—, pero, si tiene prisa, acaban de cancelarnos un pedido de tres vestidos, al parecer la familia de la joven que los pidió está atravesando dificultades financieras, si gusta puedo traerlos para que los vea. Si alguno es de su agrado, puedo ajustarlo para usted y se lo puede llevar hoy mismo.

—Eso sería fantástico —contesté entusiasmada, cualquier cosa para quitarme el vestido de seductora.

—De acuerdo, los traeré para que los vea —dijo antes de retirarse de los vestidores.

—Mamá, ya para con eso —se quejó una voz en el vestidor de junto—. Soy una mujer casada, no está bien que mi madre siga opinando sobre mi vestimenta.

—Pues no me importa que seas casada ni la edad que tengas, sigo siendo tu madre y sé lo que te conviene. Ese color es espantoso, Vanessa —contestó otra mujer—. Te hace ver simplona.

Sonreí para mis adentros, la chica que se quejaba no tenía idea de lo afortunada que era de poder contar con una mamá entrometida. Yo daría lo que fuera por tener a la mía opinando acerca de mi vida. Jamás tuve la oportunidad de que discutiéramos, pues murió poco después de dar a luz a Lily, cuando yo apenas tenía diez años, y añoraba ese pedazo de vida que me faltó.

—Siempre es lo mismo contigo, por eso odio pedirte que me acompañes… —la joven abrió la puerta del vestidor y dejó de hablar en cuanto notó mi presencia—. Oh, lo siento, no sabía que había alguien más aquí.

—Ya ves, ahora esta jovencita sabrá que no le tienes respeto a tu madre —se quejó la señora de cabello rubio que se encontraba con ella—. Mucho gusto, querida, no creo que hayamos tenido el placer de conocernos antes, ¿o sí?

Tanto madre como hija se me quedaron viendo fijamente, tratando de recordar si me conocían o no. Decidí aferrarme a la mentira dicha a la princesa Triana; era mejor tener una misma mentira para todos que cambiar versiones y terminar enredándome en mis propios inventos.

—Me temo que eso sería poco probable, señora. Soy nueva en la ciudad, acabo de llegar de Sandor con mi tía —les expliqué—. Mi nombre es Aurora Katz, encantada.

—Ah, pues bienvenida, siempre es grato tener sangre fresca en la sociedad. Mi nombre es Violeta Muller y esta es mi hija Vanessa. Dime, Aurora, ¿te quedarás mucho tiempo en la capital?

—En eso dependo de mi tía, la decisión es suya —mentí.

—Bueno, si te estás mandando a hacer vestidos seguro que piensas quedarte al menos una temporada, ¿no es así? —observó la hija.

—Eh… lo que sucede es que me robaron mi equipaje y me quedé sin qué vestir… —les expliqué.

—¡¿Qué?! ¿Cuándo fue eso? ¡Es inaceptable! ¿Viste a los ladrones? ¿Fueron violentos? —empezó a interrogarme la señora Muller muy disgustada.




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