Conociéndote Cuando Menos Lo Esperaba

C A P I T U L O 9

Llegó por fin la mañana, nos alistamos para ir al Museo de Artes Costarricense. Mientras esperábamos los resultados de los jueces, fuimos a ver las demás presentaciones. Cuando llegamos al sitió de la categoría de fotografía, Alexander uso otras fotos de mí para el concurso en donde en una salía pensativa, en otra foto en donde salía corriendo y en la tercera foto en donde estaba yo sentada con Macho en el parque.

—Te juro que te voy a matar.

—Eres perfecta para mis fotos, eres tan única y tan vos misma. Mira como se refleja el brillo en tu cabello y la luz en tus ojos —explicó y luego añadió—: Además, tu mamá me dio permiso.

—Me doy cuenta que todos me traicionan y me ocultan cosas —empecé a usar mi teléfono.

Alexander da una carcajada y me abrazaba. Los jueces que me habían dicho que tenía que venir a San José estaban hablando entre ellos, al parecer ya van anunciar los ganadores. Ellos pasaron al frente y el juez principal agarra el micrófono.

—Muy buenos días, anunciaremos los ganadores.

Siempre me da nervios cuando dicen eso.

—En tercer lugar es la niña de 12 años de Alajuelita, Natalie.

La niña pasa al frente a recoger el titulo mientras todos aplauden.

—En segundo lugar es Luis de 17 años de Pérez Zeledón.

Llega el momento inesperado. ¿Qué le cuesta decirlo más rápido? Me pone muy nerviosa.

—Y en primer lugar, Joisbell Francela de 16 años de Liberia.

Sentía como un golpe al corazón y este empezaba a palpitar a mil por horas, pero no me movía porque no sabía si había escuchado bien, entonces como no me movía, no reaccionaba, Alexander le tocó llevarme jalada del brazo para llevarme al frente a recibir el título.

— ¡Muchas felicidades! Tu arte será conservado en el museo de artes costarricense y ahora irás a la internacional de arte que en este año será en París Francia.

Me empezaban a caer las lágrimas de la felicidad, me cubrí el rostro con mis manos, Alexander me abrazó muy fuerte consolándome mientras bajábamos del escenario y nos dirigíamos donde mi madre en donde me recibió con un fuerte abrazo y trataba de calmarme. No podía creer que todo esté pasando y todo esto fue por Alexander.

—Joisbell, necesitas tranquilizar esa felicidad —ríe Alexander mientras secaba mis lágrimas.

Fuimos a la calle 31, barrio Escalante a la cafetería Cafeoteca a celebrar y a merendar antes de regresarnos a Liberia. Pedí unas galletas Ema, que eran mis favoritas y un yogurt. Estaba tan agradecía con Alexander por todo esto, ya que si no hubiera sido por su atrevimiento, jamás hubiera tenido esta oportunidad tan grande.

—En verdad muchas gracias Alexander, no tengo palabras para agradecerte, sos un sol, sos un ángel, sos todo.

—Lo hice por ti —acaricia mi cabello—. Tu madre fue hablar con los jueces, uno de los jueces era francés y quería comprar unos de tus cuadros de pintura, les fascino el cuadro de la señora amasando la maza en la antigua cocina costarricense, se lo quiere llevar al museo del Louvre.

— ¿Al museo Louvre? —me sorprendo.

« ¿Acaso escuché bien? »

— ¡Así es! —Vigila y saca un cheque—. Este es el cheque de la compra por tu arte. Puedes usar una parte para ir a la internacional y de paso vas a ir a ver tu arte en el museo.

Me salen más lágrimas de alegría y le di un fuerte abrazo Alexander. Sin pensarlos dos veces, Alexander me acepto el abrazo. Estaba tan agradecida con Alexander, porque al conocerlo me ha llevado muchas sorpresas y oportunidades que nunca había tenido. Creo que mi vida mejoraba gracias a él, al destino, a las estrella y principalmente a Dios.

Alexander me llevo a conocer al parque de diversiones, ubicado al lado oeste del Hospital México. Nunca me había divertido tanto en mí vida y principalmente cuando nos subimos en el juego del Platillo. Como a las dos de la tarde, mientras caminaba con Alexander para llegar al hotel, miré una tienda de regalos. Empecé a preocuparme porque no veía a Alexander. Empezaba alarmarme, hasta que lo vi salir de la tienda de regalos con un peluche de oso panda.

—Para mi mejor amiga, la ganadora al nivel nacional del Festival de las Artes y muy pronto al nivel mundial —sonríe y se acerca—. Además, hoy cumplimos otro mes de habernos conocido.

—Alexander, no me hagas llorar —me cubro la boca con mis manos—. Ya lloré mucho en el día de hoy.

—Gracias a ti, mi vida ha cambiado y cada día se pone aún más mejor.

Tomé el peluche y le doy un fuerte abrazo a Alexander. ¿Por qué me jodía así? Provocaba que cada día me enamorara más de él, es lo que siempre me decía a mí misma.

Nos regresamos al hotel a empacar todo para irnos en una hora. Cuando estábamos en el taxi, faltando unos metros de llegar al Pulmitan, el taxi se desviaba varias veces por la presa, al menos pude disfrutar un poco de la vista y de los lugares que no pude ir cerca del Pulmitan, como por ejemplo Uruca Centro, Museo de los Niños y hasta por fin llegar a nuestro destino.

Estaba emocionada porque nos iríamos en un bus de dos pisos. Me senté junto a Alexander al puro frente de la primera fila. Llegó un momento en donde me había quedado dormida, pero en eso Alexander me despertó y pude ver por primera vez, el Puerto de Caldera en Puntarenas, vi el atardecer de ese hermoso sol rojo. Alexander me abrazo mientras veía el atardecer.




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