Conociéndote Cuando Menos Lo Esperaba

C A P I T U L O 13

A la mañana siguiente, mi papá llegó muy temprano, a las seis de la mañana para llegar a San José a las diez. Iríamos en el KIA Sportarge de mi mamá. Mi papá se puso acomodar las maletas en el cajón del carro mientras yo estaba fuera de la casa escuchando música y esperando a ver si a mi papá se le ofrecía un favor.

De un momento a otro, miré a Alexander llegando corriendo con unas rosas en la mano, me recordaba a los estudiantes que corren con la antorcha de la independencia, andaba con una pantaloneta, una camisa de la Selección Nacional de las nuevas muy bonitas de color negro con dorado. Cuando llegó donde yo estaba, se quitó los audífonos y dijo con una sonrisa:

— ¡Buenos días Joisbell Francela! Que linda te vez hoy tan temprano.

— ¡Buenos días Alexander! —sonreí.

Saco un pañuelo de mi bolsillo y se lo doy para que se seque su sudor.

— ¡Muchas gracias!

— ¿Andabas corriendo en el estadio?

—Iba a eso, pero quise despedirme antes de que te fueras.

Mi papá cierra la puerta del cajón del carro y se acerca a nosotros.

—Me gusta tu camisa de la Sele ¿Dónde puedo conseguirme una?

—Lo compré en la tienda deportiva en donde trabajo, si quiere puedo conseguirle una.

—Me parece bien. Por cierto, ayer le ganamos a Haití.

— ¡Estuvo muy bueno ayer!

Mi papá se sube al auto. Miré el ramo de rosas que traía Alexander, cada rosa era de un color diferente.

—Que detalle en traer una rosa de cada color.

— ¡Ah sí! Casi lo olvido, son para ti. ¿Sabes que significa cada color?

—No ¿Cuáles son?

—La rosa azul, significa la confianza que hay entre los dos y la armonía, la rosa amarilla, significa la linda amistad que tenemos y la adolescencia, la rosa naranja, es la alegría y los éxitos que has tenido, la rosa rosada, es la bondad, la franqueza y el positivismo, la rosa blanca, la pureza y la perpetuidad, algo que durara entre nosotros para toda la vida, la construcción del futuro juntos y duradero, por último, la rosa roja, significa el amor que sentimos nosotros uno al otro.

Alexander besa cada una de las rosas y me las pone en la mano. Me acerqué a él para darle un abrazo mientras besaba su mejilla. Cuando me separé de él, note que Alexander me iba a besar, pero mi papá encendió el auto y llegó mi mamá.

— ¡Hola Alexander!

— ¡Hola señora Melania! ¡Que tengan un buen viaje!

— ¡Muchas gracias! vamos Francela, es hora de irnos.

—Hasta pronto Alexander y gracias por las rosas.

—Hasta pronto Joisbell —toma mi mentón y besa mí mejilla.

Le sonreí y caminé al auto para subir. Alexander abrió la puerta del auto caballerosamente para que yo subiera y él cerró la puerta con gusto. Cómo última despedida, Alexander beso mi frete.

—Te veré en una semana.

—Hasta la otra semana, Alex.

Mi papá empezó a conducir, saqué un poco la cabeza para verlo y despedirme con la mano, Alexander formó un corazón con sus manos en su pecho y luego se despidió con la mano.

—Francela, mete la cabeza por favor y ponte el cinturón de seguridad.

—Lo siento, mamá.

Solo espero que Alexander no se la pase preocupado toda la semana, se podría desconcentrar de sus trabajos o mientras anda en bicicleta y podría tener un accidente. No me lo quiero ni imagina y ni quiera Dios pase eso.

Horas más tarde, llegamos a Moravia, mi papá explicaba que una parte de Moravia quedaba en San José y la otra en Heredia. Cuando llegamos a la casa de mis tíos, yo me sentía nerviosa y un poco de miedo. Su casa era enorme, parecía una mansión. Los tíos de mi papá nos recibió con mucha alegría, yo era como el centro de atención, me sentía bien. Mi tía se llamaba igual que mi abuela, Marie, era tan linda y dulce, me recordaba a mi abuela, será por eso que me sentía bien. Cuando entramos a la casa, era súper enorme, la sala era bastante fina, la mayoría de los muebles eran de color blanco. Mi mamá y mi tía hablaban de todo porque hace 15 años no se veían. Mi papá se fue a saludar a sus primos y tío a la cocina.

Casualmente, estaba unos de los primos de mi papá que vivía en los Estados Unidos.

—Francela, querida, acompáñame al segundo piso, te llevaré al cuarto en donde te quedaras.

—Vamos entonces, tía.

Ella engancha su brazo en el mío y empezamos a subir las escaleras que tenían una linda cerámica blanca escarchada. Nunca en mi vida había visto una casa tan hermosa y fresca, había muchas ventanas.

Entramos al cuarto, era acogedor y tenían dos terrazas, una con la vista al hermoso jardín llena de flores, del barrio, hasta incluso una increíble vista del estadio Saprissa y la otra del patio y el resto del sitio.

—Este cuarto es de mi nieta, pero ella está viviendo en Alajuela con mi hermana.

—Es un lindo cuarto, muchas gracias —le sonreí.




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