Aquí tienes el capítulo completo, integrando ya las descripciones corregidas, directas y con esa fuerza romántica que elegiste para ambos (él como un hombre impresionante, tallado por los ángeles, y ella como una bomba sensual y de fuego), manteniendo absolutamente toda tu narración, los detalles técnicos del teléfono, la tensión de la cárcel y el gran final:
Cómo lo imaginaba. Ella lo imaginaba aún como un hombre rudo, pues no pensaba realmente lo que sus ojos vieron cuando lo vio por primera vez. Ella esperaba un hombre rudo, un hombre de apariencia no tan atractiva; jamás se esperaba lo que vio. Él es un hombre impresionante, rudo, alto, de cara hermosa y fina, cara perfilada, tallada por los mismos ángeles, todo lo que un hombre rudo y prohibido una mujer puede desear. Y, sin embargo, su mirada... Él era muy, muy profundo y expresivo, acentuada su mirada por cejas oscuras, rectas y pobladas, con sus bellos ojos color verde que eran el marco perfecto de una mirada que reflejaba mucha tristeza, mucho dolor, mucha angustia y mucha rebeldía.
Era normal que se hubiera hecho huella como una experta identificando y sabiendo leer a las personas; eso fue lo que la ayudó a llegar a donde llegó. Su empresa fue una gran ayuda. Que fuera tan intuitiva le permitía saber que él era cariñoso, tierno, amoroso, súper dedicado, súper inteligente, egocentrista también, y algo rudo —algo normal dado a todo su pasado—.
Su personalidad la tenía ella bien definida: era de una energía desbordante, rebelde y con una profunda empatía hacia las personas; extrovertido e hiperactivo, empático y protector, rebelde e inconformista, vulnerable, fluido y libre.
Pensó por un breve momento: «Esto me traerá problemas, ya que, por ser libre, creo que no va a querer tener un jefe arriba, pero puede ser que ceda y que lleguemos a tener una buena empatía; va a ser difícil, muy difícil, pero lo podemos lograr».
De repente, se sienta lo que para uno puede pasar en segundos; ella lo sentía en eternidades, mientras se imaginaba cómo sería su vestimenta lejos de ese uniforme de preso que era negro, de rayas negras y blancas, con un gorrito de rayas negras y blancas. Le sorprendía que traía cadenas en los pies; obviamente las principales, esas son de ley, pero le llamaba la atención que cargaba cadenas en los pies con una bola grandísima detrás. O sea, era verdaderamente un rebelde y verdaderamente problemático, lo que se atrevió a preguntarle al policía:
—Disculpe, jefe, ¿por qué trae cadenas en los pies y esa bola de metal?
Lo que el policía, de nombre José —que venía en su gafete en la camisa—, le dice:
—Es bastante problemático y conflictivo; nos ha traído muchos problemas, ya que no es el causante de pleitos, pero siempre, por alguna extraña, rara y desconocida razón, cada que hay un pleito, un problema o algún conflicto, él está en medio. ¿Verdad, Frank? Nosotros lo apodamos así aquí dentro de la cárcel. Ese es su apodo; nunca se está quieto y tiene esa electricidad. También sabemos que padece de TDAH; es por eso que el apodo le queda bastante bien.
A lo cual contesta Ethel:
—Lo desconocía, jefe, pero bueno.
Dice José, el policía:
—Aquí voy a estar afuera por si algo necesita; puede tocar la puerta dos veces y la ayudaré.
Lo encadenan a la mesa y proceden con el interrogatorio.
En la mente de Frank, Ethel era una mujer valiente, un pelo hermoso como el fuego, imparable como el mismo fuego, una bomba sensual y —me sospecho que— sexual. Su estatura es perfecta, perfecta para mí. Su cara...
Por unos breves segundos se tomó la libertad, antes de empezar a escuchar lo que ella tenía que decir —lo que esos segundos pudieron ser horas—, de analizarla. Se había dado cuenta de que tenía tatuajes en una mano, por lo cual le llamó bastante la atención que, siendo una empresaria, tuviera la misma afición y amor a los tatuajes como él. Su silueta era delgada o con curvas; se notaba que era muy segura de sí misma, y era algo que él amaba en una mujer. Su mirada era intensa y le encantaba el estilo de maquillaje que llevaba, que era oscuro y muy dark.
Por un momento, Frank pensó: «Si estuviéramos juntos como pareja, seríamos una pareja con mucha pasión caótica y lealtad feroz». Ella no es una chica tímida ni sumisa; tiene un carácter fuerte, pero un corazón enorme para las personas que logran entrar en su círculo de confianza. Por lo tanto, no sabía qué era lo que quería con él; tenía mucha curiosidad, mucha incertidumbre. Pero sabía de ella, sabía a lo que se dedicaba, sabía que era una mujer empresaria, sabía que tenía un emporio de marca de celulares marca Chopo.
Él era un hombre bastante inteligente y audaz; sabía el camino por el cual ella se dirigía y lo que quería obtener de él. Sabía que no iba a hacer nada fácil aceptar y que le pondría muchas condiciones para no hacérsela tan fácil. Entonces, ella empieza a hablar y le dice:
—Hola, Frank. Tú tienes algo que me interesa y te necesito en mi empresa. Necesito tener tu cerebro en mi empresa, tu astucia, tu entusiasmo, tu inteligencia. Quiero crear una marca de celulares que tengan la capacidad, la batería, de autorregenerarse al momento de que ya está a punto de desgastarse la pila del celular; quiero que solo se regenere al cierto tiempo, que el celular te avise cuando esto vaya a pasar: "Su pila está a punto de morir, conéctela a su Wi-Fi para una regeneración de la pila". Y también quiero que tenga actualizaciones con el simple hecho de conectarse a cualquier red Wi-Fi. Quiero también que tenga una capacidad de almacenamiento infinita, que no necesites... que no tenga límite, que no necesites tú hacer nada cada cierto tiempo; tú la puedes ampliar simplemente actualizando el contrato y pagando una pequeña cantidad mensual de $50, y con esto vas a aumentar cada vez más la capacidad de almacenamiento en tu teléfono.
Sus características exteriores son las siguientes:
#48 en Ciencia ficción
#2780 en Novela romántica
prohibido enamorarse romance, prohibido amor, amor o sofware
Editado: 10.09.2026