Los primeros días en Gea fueron suficientes para que Alis comprendiera que encontrar aquella ciudad había sido solamente el principio.
La vida bajo tierra era mucho más difícil de lo que parecía.
El agua potable debía ser transportada desde corrientes subterráneas bastante alejadas, muchas viviendas estaban sostenidas por enormes raíces y columnas de piedra, y algunas zonas de la ciudad llevaban tantos años excavadas que nadie podía asegurar cuánto tiempo continuarían siendo estables.
Aun así, sus habitantes parecían felices.
Aquella era su casa.
Alis intentó convencerse de que eso bastaba.
Hasta que llegó la lluvia.
Comenzó durante la madrugada.
Al principio eran solamente gotas filtrándose entre las grietas del techo, algo que los habitantes parecían considerar normal. Después el agua comenzó a descender con mayor fuerza.
—¡La zona sur! —gritó alguien.
Una pared de tierra cedió.
Alis reaccionó inmediatamente.
—¡Dan, saca a todos de allí!
Extendió ambas manos y una barrera apareció delante de varias viviendas justo antes de que una masa de barro las alcanzara.
Dan ayudaba a una familia a salir mientras otras hadas intentaban retirar los escombros.
—¡Falta alguien aquí!
Alis voló hacia la voz.
La cabeza comenzó a darle vueltas.
Se detuvo un instante.
Un zumbido atravesó sus oídos.
—Estoy bien.
Continuó.
No tenía tiempo para marearse, eso pensaba Dan
En otro sector de la ciudad, Nyra intentaba apartar una enorme madera que había bloqueado una salida.
—¡Nyra!
Silfret apareció entre el polvo.
—¡Vete! —gritó ella.
—¿Qué?
—¡Esto va a caer!
Parte del techo crujió.
Silfret entró.
—¡¿Eres idiota?!
—Eso me has dicho muchas veces.
—¡No tienes fuerza para levantar esto! Que crees que haras
—Gracias por la confianza. - Silfret habló con sarcasmo
Nyra empujó una roca, pero otra cayó frente a ella.
Silfret utilizó su velocidad para esquivarla.
—¿Mis padres están afuera? —dijo Nyra
—Si, están ayudando a los otros
—¡Silfret!. — Nyra dijo antes que fuera aplastada por parte de escombros
Él llegó hasta ella.
Nyra respiraba con dificultad y tenía un moretón en una sien.
—¿Estás herida?
—Estoy perfectamente.
Intentó ponerse de pie y las piernas le fallaron, Silfret la sostuvo.
—Claramente.
—Suéltame.
—No.
—Puedo caminar, son mis brazos que me golpee no las piernas
—No.
Nyra lo fulminó con la mirada.
—Te odio.
Silfret sonrió.
—Eso significa que estás bien.
La levantó entre sus brazos.
—¡Bájame!
—Cuando salgamos.
—¡Silfret!
—Sigue insultándome. Así sabré que no te desmayaste.
Nyra iba a responder cuando escucharon un enorme crujido.
Silfret levantó la mirada.
—Eso sí es malo, pero te sacaré de aquí
Una de las vigas principales cedió.
Silfret abrazó a Nyra contra su pecho e intentó retroceder, pero ya no había salida.
Entonces una barrera luminosa apareció sobre ellos.
La estructura cayó encima del escudo.
—¡Muévanse!
Alis.
Entró entre los escombros, llegó hasta ellos y puso una mano sobre el hombro de Silfret.
—Sujétala bien.
La luz los envolvió.
Un instante después aparecieron fuera de la zona afectada.
Silfret respiró profundamente.
—Gracias.
—Después me agradeces. Llévala con su familia.
Nyra seguía entre sus brazos.
—Ya puedes bajarme.
Silfret la miró.
—No.
—Silfret...
—Puedes golpearme cuando estés recuperada.
Por primera vez Nyra no discutió.
Apoyó la cabeza contra él.
La tormenta finalmente pasó.
Gea sobrevivió.
Pero una parte importante de la zona sur había quedado destruida.
Kala, el padre de Nyra, observó los daños con resignación.
—Ha ocurrido antes, pero...
Alis giró hacia él.
—¿Antes?
—Nunca de esta magnitud. Pero reconstruiremos de nuevo
A su alrededor las familias ya retiraban barro y piedras.
—Siempre lo hacemos —continuó Kala—. Somos muchos. Nadie reconstruye solo.
Alis permaneció en silencio.
Admiraba aquella unión.
Pero precisamente por eso algo le molestaba.
No deberían tener que reconstruir sus hogares cada vez que la tierra decidiera ceder.
Dos días después, cuando Dan terminó de preparar la aeronave, Silfret se acercó.
—No regresaré con ustedes todavía.
Alis miró inmediatamente hacia Nyra.
Ella tenía el brazo inmovilizado y varias heridas menores.
Después miró a Silfret.
—¿Hasta que se recupere?
—Sí.
Alis sonrió.
—Claro.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—Esa.
Dan rio desde la nave.
Alis abrazó a Silfret.
—Encuéntranos cuando estés listo.
—Lo haré.
La aeronave se elevó.
Silfret permaneció abajo junto a Nyra hasta desaparecer de su vista.
Durante varias horas Alis estuvo extrañamente callada.
Dan pilotaba mientras ella miraba el mapa.
—Estás pensando demasiado —dijo él.
—Quiero regresar a Sion.
Dan la miró.
—¿Ahora?
—Sí.
—Alis, tardaremos meses.
Ella levantó la mirada.
—Nosotros no.
Dan reconoció aquella sonrisa.
—¿Qué estás pensando?
—Agárrate.
—Cada vez que dices eso ocurre algo preocupante.
Alis extendió ambas manos.
Un enorme escudo envolvió toda la aeronave.
—Alis...
—Confía en mí.
La nave desapareció.
Dan sintió que el estómago se le quedaba varios kilómetros atrás.
Cuando volvió a distinguir algo, vio los grandes valles de Sion debajo de ellos.
Se quedó mirando por la ventana.
—Teletransportaste una aeronave entera.
Alis sonrió orgullosa.
—Sí.
—¿Sabes que eso es absurdo?