Corazón de piedra

Capítulo 7 - Crystalia

No sé cuánto tiempo pasó antes de que alguien rompiera el silencio, tal vez unos minutos, quizá menos. El fuego seguía crepitando frente a nosotros y, aunque varios ya se habían acomodado para descansar, ninguno parecía tener demasiadas ganas de hacerlo todavía; después de la araña y del ciervo, probablemente todos teníamos demasiadas cosas dando vueltas en la cabeza.

Noxiel fue, por supuesto, el primero en rendirse ante el silencio.

—Entonces —dijo, mirando alrededor—, ¿esto cuenta como nuestra primera victoria como grupo?

Kael levantó la vista con lentitud. Su expresión apenas cambió, pero la forma en que nos observó dejó bastante claro que no compartía el entusiasmo de Noxiel ni por la palabra ni por lo que implicaba.

—No somos un grupo.

Noxiel inclinó apenas el pico y entrecerró los ojos, como si acabara de escuchar exactamente lo que esperaba.

—Eso ha sonado exactamente como algo que diría alguien que forma parte de un grupo y todavía no quiere admitirlo.

Kael sostuvo su mirada durante un instante, sin molestarse siquiera en discutir.

—No.

—Segundo voto a favor —concluyó Noxiel.

Una sonrisa se me escapó antes de que pudiera disimularla y negué apenas con la cabeza, todavía divertida por la seguridad con la que Noxiel parecía tomarse aquella supuesta votación.

—No creo que así funcionen las votaciones.

Noxiel se volvió hacia mí con expresión solemne, como si estuviera a punto de explicarme una regla importantísima.

—Tú estabas disparando desde un árbol. No puedes cuestionar nuestros procedimientos.

Lo miré durante un instante, intentando encontrar alguna relación entre ambas cosas.

—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Noxiel inclinó apenas la cabeza y Zolkar soltó una risa breve junto al fuego, pero Arwen no tardó en devolver la conversación a algo bastante menos liviano. Había estado revisando algunas de sus pertenencias y, cuando alzó la vista hacia la oscuridad del bosque, su expresión se volvió más seria.

—De todos modos, lo de hoy no fue normal. Ya van dos criaturas: la araña y el ciervo.

El hombre de escamas rojizas dejó escapar lentamente el aire por la nariz y apoyó los antebrazos sobre las rodillas, inclinándose un poco hacia el fuego antes de responder.

—Dos criaturas diferentes, afectadas de una forma parecida.

Kael guardó silencio durante unos segundos, con la mirada fija en las llamas como si estuviera ordenando mentalmente cada detalle de lo ocurrido, hasta que finalmente asintió.

—Y todavía no sabemos por qué.

Miqo levantó una mano.

—Araña fea.

Todos la miramos, y ella señaló con total seriedad hacia el lugar por donde había desaparecido el ciervo.

—Ciervo bonito.

Esperé un par de segundos, todavía intentando decidir si aquello era realmente todo su análisis.

—Es una clasificación sorprendentemente útil.

Miqo sonrió, satisfecha consigo misma, mientras Kael negaba apenas con la cabeza y se inclinaba hacia sus cosas. De entre sus pertenencias sacó la espada o, más precisamente, lo que quedaba de una espada razonablemente recta, cuya hoja presentaba una curvatura evidente cerca del centro.

Noxiel ladeó la cabeza al verla.

—Eso no parece muy recto.

Kael alzó la mirada hacia él con una expresión seca, como si la observación le pareciera tan evidente que apenas merecía respuesta.

—Lo sé.

Noxiel levantó ligeramente las manos, fingiendo inocencia.

—Solo quería asegurarme.

Kael sostuvo su mirada durante un instante antes de volver a la espada.

—Gracias.

No había nada de agradecimiento en aquella palabra. Me acerqué un poco para observar mejor el daño, siguiendo con la mirada la curva que atravesaba la hoja.

—¿La araña? —pregunté, aunque a esas alturas la respuesta parecía bastante evidente.

—La araña —confirmó Kael con resignación.

Pasó los dedos con cuidado cerca de la deformación, evaluándola como si esperara que la hoja pudiera ofrecerle por sí sola una explicación más útil.

—¿Todavía sirve? —pregunté.

—Para algunas cosas.

Noxiel se inclinó hacia delante, estudiando la espada con demasiado interés.

—Podrías usarla como búmeran.

Kael levantó lentamente la mirada hacia él y permaneció en silencio un instante, quizá esperando descubrir alguna señal de que hablaba en serio.

—No.

—Piénsalo. La lanzas, vuelve... —Noxiel acompañó la explicación dibujando con una mano un amplio arco en el aire.

Kael siguió el movimiento con la mirada antes de volver a observarlo.

—No va a volver.

—Que tú no sepas lanzarla no significa que la espada no pueda volver.

Kael sostuvo su mirada durante unos segundos y luego bajó nuevamente los ojos hacia la hoja, con una calma que solo hacía más evidente el sarcasmo.

—Tomaré tu sugerencia en consideración.

Me tapé la boca para contener una sonrisa. Por el tono, sospechaba que aquella consideración duraría exactamente hasta que Noxiel dejara de hablar.

Kael volvió a examinar la espada, pasando el pulgar con cuidado cerca de la curvatura antes de soltar un suspiro breve.

—Tendré que encontrar una herrería cuando lleguemos a Crystalia.

Noxiel siguió mirando el arma durante algunos segundos más de los necesarios. Reconocí aquella expresión y lo señalé antes de que pudiera hacerse el inocente.

—No.

Volvió la cabeza hacia mí con las cejas ligeramente alzadas.

—¿No qué?

—Lo que sea que estés pensando —respondí, estrechando los ojos.

Noxiel abrió las manos con una inocencia tan exagerada que consiguió parecer todavía más culpable.

—No estaba pensando nada.

Eso era considerablemente peor, así que mantuve la mirada fija en él unos segundos más.

—Claro.

La espada volvió a desaparecer entre las pertenencias de Kael y, poco a poco, la conversación terminó desviándose hacia cosas bastante menos importantes. No hubo grandes confesiones ni nadie empezó a relatar su vida alrededor del fuego o a revelar secretos que apenas nos conocíamos lo suficiente para compartir, pero hablamos.



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En el texto hay: fantasia, aventura, hada

Editado: 02.10.2026

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