Lunes, 7:30 de la mañana. Preparatoria Nova Atenas.
El sonido del timbre anunció el comienzo de una nueva semana.
Diana entró al salón con una sonrisa y dejó su mochila junto al pupitre. Desde la tarde en el callejón de las bandas, se sentía mucho más integrada. Ya saludaba a varios compañeros por su nombre y comenzaba a reconocer las bromas habituales del grupo.
—¡Diana! —la llamó Elenita desde su asiento—. ¿Te enteraste?
—¿De qué?
—El sábado tenemos una competencia de canotaje.
Diana se animó de inmediato.
—¿En serio?
—Sí. Van a participar varios equipos de otras escuelas. Nova Atenas lleva semanas preparándose.
—¿Y Braulio va a competir?
—Por supuesto. Es el capitán.
Eduardo se acercó a ellas con unos libros en la mano.
—Y también es el que más presión tiene. Si perdemos, Samuel va a decir que fue culpa del entrenador.
—¡Eso es mentira! —protestó Samuel desde el fondo—. Si perdemos, será culpa de Eduardo.
—¿Por qué mía?
—Porque alguien tiene que ser responsable.
Diana se echó a reír.
—Veo que el equipo tiene una excelente organización.
—No sabes cuánto —contestó Elenita.
Una noticia en el muelle
Al terminar las clases, Diana fue directamente a las instalaciones deportivas.
Braulio estaba reunido con el entrenador y los integrantes del equipo. Sobre una mesa había una lista de participantes y un calendario de entrenamiento.
—La competencia será el sábado a las nueve de la mañana —explicaba el entrenador—. Necesito que lleguemos descansados y concentrados. No quiero distracciones.
Braulio revisó la lista.
—¿Ya confirmaron los equipos de las otras escuelas?
—Sí. Vendrán tres equipos. Algunos tienen bastante experiencia, así que debemos cuidar nuestros tiempos.
Samuel levantó la mano.
—¿Y si les ganamos por mucho?
—Primero concéntrate en no equivocarte en la salida —respondió Eduardo.
—¡Yo nunca me equivoco!
—La semana pasada saliste antes de la señal.
—Fue una estrategia.
El entrenador golpeó suavemente la mesa para recuperar la atención.
—Basta de bromas. Esto es importante para todos.
Diana se quedó a cierta distancia para no interrumpir.
Braulio la vio y se acercó cuando terminó la reunión.
—Hola. ¿Vienes a entrenar?
—Hoy solo vine a mirar. Me enteré de la competencia.
—Entonces ya sabes que será un día complicado.
—¿Estás nervioso?
—Un poco. Ser capitán significa que no solo tengo que preocuparme por mi rendimiento, sino por el de todo el equipo.
—Pero confías en ellos, ¿no?
—Sí. Y ellos tienen que confiar entre sí.
Diana asintió.
—Eso es lo más importante.
Braulio la miró con curiosidad.
—¿Hablas por experiencia?
—En las excursiones que hacía en Suiza aprendí que, cuando estás en una montaña, no puedes pensar solamente en ti. Si alguien se queda atrás, todos tienen que ayudar.
—Parece que has vivido buenas aventuras.
—Y otras que terminaron bastante mal.
—Algún día tendrás que contarme.
Diana sonrió.
—Tal vez.
Una oportunidad para Diana
El entrenador se acercó a ellos con una carpeta.
—¿Tú eres Diana, verdad?
—Sí, profesor.
—Braulio me comentó que estás interesada en el canotaje.
Diana miró al capitán.
—¿Le hablaste de mí?
—Solo le dije que estabas aprendiendo —respondió Braulio.
El entrenador sonrió.
—Estamos organizando una pequeña exhibición para los alumnos que quieran conocer el deporte. Si te interesa, puedes participar como principiante después de la competencia.
—Me encantaría.
—Bien. Por ahora, observa los entrenamientos y familiarízate con las reglas de seguridad. No queremos que te precipites.
—Lo entiendo.
Braulio tomó una de las hojas de la carpeta.
—Puedo explicarte cómo se desarrolla la prueba del sábado.
—¿No tienes que entrenar?
—Tengo unos minutos.
Diana aceptó la invitación.
Braulio le explicó la distancia de la carrera, la señal de salida y la importancia de mantener un ritmo constante. También le habló de las corrientes y de cómo los equipos debían coordinar sus movimientos.
—Parece que hay mucho más de lo que imaginaba —comentó ella.
—Por eso me gusta. Nunca dejas de aprender.
—¿Y qué pasa si alguien comete un error?
—Lo importante es no perder la calma. Un error no tiene que arruinar toda la carrera.
Diana lo miró.
—Eso también sirve fuera del agua.
Braulio se quedó pensando en sus palabras.
—Sí. Supongo que sí.
Una rivalidad que crece
Al otro lado de las instalaciones, Cony conversaba con Isadora.
—No entiendo por qué Braulio tiene que estar tan pendiente de Diana —dijo Cony.
Isadora suspiró.
—Otra vez con lo mismo.
—¿No lo has visto? Se pasa el tiempo explicándole cosas.
—Es su compañero. Además, Diana está aprendiendo el deporte.
—No es eso.
Isadora la observó.
—Entonces, ¿qué es?
Cony bajó la voz.
—Me gusta Braulio desde hace mucho. Tú lo sabes.
—Sí, pero él ya te dijo que solo te ve como amiga.
—Eso no significa que tenga que rendirme.
—Tampoco significa que Diana sea tu enemiga.
Cony cruzó los brazos.
—No quiero que se acerque tanto a él.
Isadora no respondió. Estaba cansada de que Cony convirtiera cualquier conversación en una competencia.
En ese momento apareció Esteban, que había ido a recoger a Braulio.
—¿De qué hablan? —preguntó.
Cony lo miró.
—De tu primo.
Esteban hizo una mueca.
—¿Qué hizo ahora?
—Parece que tiene una nueva admiradora.
—¿Diana?
Cony lo miró sorprendida.
—¿La conoces?
—La he visto. No me interesa.
—Pues deberías tener cuidado. Está pasando mucho tiempo con Braulio.