Corazones al límite

CAPÍTULO 7 Lo que no se dice

Lunes, 7:10 de la mañana. Ciudad de México.

El teléfono de Diana vibró sobre la mesa de noche.

Todavía medio dormida, estiró el brazo para alcanzarlo. Tenía un mensaje de Braulio.

Braulio: Buenos días. ¿Lista para otra semana en Nova Atenas?

Diana: Depende. ¿Habrá alguna caída al agua esta semana?

Braulio: No puedo garantizarlo.

Diana: Entonces tendré que llevar ropa extra.

Diana sonrió y dejó el teléfono. Se levantó, se arregló y bajó a desayunar.

Pilar estaba preparando café.

—Buenos días. ¿Dormiste bien?

—Sí. ¿Y tú?

—Más o menos. Tengo varias cosas pendientes en la escuela.

Diana tomó una tostada.

—¿Vas a ver a Álvaro?

Pilar la miró con una sonrisa discreta.

—Probablemente. Tenemos que revisar algunos asuntos.

—¿Y Emma?

La sonrisa de Pilar desapareció por un instante.

—También estará por ahí.

Diana notó el cambio en su expresión.

—¿No te cae bien?

—Digamos que nuestra relación no es sencilla.

—Entiendo.

Pilar se sentó frente a ella.

—Pero no quiero que te preocupes por eso. Tú concéntrate en tus estudios y en tus nuevos amigos.

Diana asintió, aunque la curiosidad seguía ahí.

Una mañana complicada en Nova Atenas

Cuando Diana llegó a la escuela, encontró a Elenita esperándola junto a los casilleros.

—¡Por fin! —exclamó su amiga.

—¿Qué pasó?

—Hay un problema con el equipo de canotaje.

Diana frunció el ceño.

—¿Qué tipo de problema?

—Al parecer, el entrenador recibió una queja por lo ocurrido en la reunión del viernes. Dicen que algunos alumnos del equipo estuvieron involucrados.

Diana recordó el mensaje de Braulio sobre Esteban.

—¿Tiene que ver con él?

—No lo sé. Pero escuché que la dirección quiere hablar con Braulio.

En ese momento, Eduardo apareció caminando rápidamente.

—¿Han visto a Braulio?

—Todavía no —respondió Elenita.

—Lo están buscando en la oficina del entrenador.

Diana sintió preocupación.

—¿Sabes por qué?

Eduardo bajó la voz.

—Alguien dijo que Braulio estuvo en la reunión donde hubo problemas. No sé quién empezó el rumor, pero parece que quieren responsabilizarlo.

—¡Pero él fue a ayudar a Esteban! —exclamó Diana.

Eduardo la miró sorprendido.

—¿Cómo sabes eso?

—Me lo contó.

Eduardo respiró hondo.

—Entonces sabes más que la mayoría.

La acusación

En la oficina del entrenador, Braulio estaba de pie frente a Álvaro y al profesor.

—Quiero que me expliques qué ocurrió el viernes por la noche —dijo el director.

—Ya lo expliqué. Me llamaron porque Esteban se sentía mal. Fui a buscarlo y pedí ayuda.

—¿Habías consumido alcohol?

—No, señor.

—¿Estabas participando en la reunión?

—No. Llegué cuando ya había ocurrido el problema.

El entrenador intervino:

—Braulio es uno de los alumnos más comprometidos del equipo. No tengo motivos para pensar que haya estado involucrado.

Álvaro revisó una hoja.

—Sin embargo, recibimos un reporte donde aparece tu nombre.

—¿Quién hizo ese reporte?

—No vamos a discutir sobre quién lo presentó. Necesitamos aclarar los hechos.

Braulio apretó los puños, intentando mantener la calma.

—Yo hice lo correcto. No iba a dejar a mi primo solo cuando estaba en problemas.

Álvaro lo observó unos segundos.

—Por ahora no habrá una sanción. Pero te pido que evites situaciones que puedan poner en riesgo tu participación en el equipo.

—Sí, señor.

Braulio salió de la oficina con una mezcla de enojo e impotencia.

En el pasillo lo esperaban Eduardo y Diana.

—¿Qué pasó? —preguntó Eduardo.

—Nada. Solo querían hacerme algunas preguntas.

Diana lo miró con preocupación.

—¿Te culparon por lo de Esteban?

Braulio bajó la mirada.

—Alguien dijo que yo estaba en la reunión.

—Pero eso no es verdad.

—Lo sé. Y no pienso dejar que un rumor arruine todo lo que he conseguido.

Eduardo le dio una palmada en el hombro.

—Estamos contigo.

Diana asintió.

—Yo también.

Braulio la miró y, por un instante, pareció sentirse menos solo.

Cony mueve sus piezas

En la cafetería, Cony estaba sentada con Isadora y dos compañeras.

—¿Ya se enteraron de lo que pasó con Braulio? —preguntó.

—Sí —contestó Isadora—. Pero parece que no hizo nada malo.

Cony removió su bebida con una pajilla.

—Eso dicen.

—¿Tú sabes algo?

—Solo escuché comentarios.

Isadora la observó con desconfianza.

—Cony, no estarás inventando cosas, ¿verdad?

—¿Por qué haría eso?

—Porque últimamente no dejas de hablar de Diana y Braulio.

Cony dejó el vaso sobre la mesa.

—No todo gira alrededor de ellos.

—Entonces deja de comportarte como si así fuera.

Cony se levantó.

—Tengo cosas que hacer.

Al salir de la cafetería, sacó su teléfono y escribió un mensaje.

Cony: Necesito hablar contigo. Es sobre Braulio.

La respuesta llegó poco después.

Esteban: ¿Qué quieres?

Cony: Creo que podemos ayudarnos.

Cony guardó el teléfono con una sonrisa.

No tenía un plan completamente definido, pero estaba convencida de que Esteban podía ser útil.

La verdad de Braulio

A la hora de la salida, Diana encontró a Braulio sentado en una banca del jardín.

—¿Puedo acompañarte?

—Claro.

Diana se sentó a su lado.

—¿Quieres hablar de lo que pasó?

Braulio tardó en contestar.

—No entiendo por qué todo tiene que ser tan complicado. Fui a ayudar a Esteban. Si no hubiera ido, quizá habría terminado mucho peor.




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