Corazones Tempestuosos +18

14. El indicado en el momento equivocado II

Notita: Hola, seeeee que los he tenido muy abandonados, pero he tenido una gripe de horror que hasta apenas ahora se me está quitando, por lo que ya estaré más activa por aquí. Debo aclarar que trataré de subir los capítulos a las 15:30, horario del pacifico, pero probablemente publiqué unas horas antes o unas horas después de ese horario si no estoy ocupada.

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Cory Shane.

Frente al espejo del baño de mi habitación, terminé de trenzarme el cabello en una espiga y sujeté las puntas con una goma negra, ocultándola con el mechón que quedaba suelto al final.

Bajé a la primera planta y esperé paciente a mis dos hermanas. Esa era la primera vez que las llevaría al parque, puesto a qué mi tiempo casi siempre se lo robaba Ithiel, o las salidas que organizaba con mis mejores amigas, por lo que no me quedaba un solo minuto para pasar una tarde amena en el parque con las niñas.

Mientras las esperaba, Coky, mi perro, salió de algún rincón de la casa y se abalanzó sobre mí, sin importarle tumbarme al suelo con su fuerza animal. No me molesté; jamás podría enfadarme con él por nada. Mucho menos ahora, consciente de que había recuperado su faceta juguetona de siempre, después de pasar unas semanas en tratamiento veterinario. Durante ese tiempo Coky no había querido comer, dormía casi todo el día y había perdido el entusiasmo por salir a pasear como antes.

Me preocupé tanto por él... El miedo de perderlo se mezclaba con el caos emocional que las peleas con Ithiel habían dejado en mí. Cuando lo llevamos al veterinario, él nos explicó que, cuando un perro cambia su comportamiento de repente, suele deberse a una enfermedad. No podía ni imaginarme una vida sin él. Había sido mi primera mascota, y hasta entonces, la única. Mi mejor amigo desde que aprendí a caminar.

Así que, a pesar de todo lo que estaba viviendo, me esforcé en cuidarlo como se debía: lo llevé puntualmente a sus citas veterinarias y le di sus medicamentos, incluso cuando él se resistía a tomarlos. Por eso me alegraba tanto verlo recuperado. Sabía que estaba mejor, ya que movía la cola de un lado a otro, me abrazaba a su manera y trataba de lamerme la cara.

Era un gran danés de pelaje negro grisáceo; solía sobrepasarme de estatura parado de dos patas, y con cuatro me llegaba hasta por encima del ombligo. Recordaba haberle puesto Coky, porque combinaba con mi nombre, y además, solo era una niña de dos años que apenas sabía hablar. Lo único que quería era que mi perro se llamara casi igual a mí.

—Hola, Coky —Lo saludé sonriente—. Que bueno que ya estés mejor, porque hoy te llevaremos a pasear al parque.

Me hacía gracia la manera en la que ladeaba la cabeza, como si acaso pudiera entender todo lo que le decía. Me enternecía lo hermoso que podía llegar a ser solo con mirarme de ese modo.

Coky, ansioso por escuchar esa noticia, se colocó en cuatro patas y dio un paso atrás, permitiéndome levantarme, para alcanzar la correa y abrocharla a su collarín con la placa de plata que conservaba su nombre y dirección en caso de perderse alguna vez, aunque eso nunca había pasado antes.

Las voces entusiasmadas de mis hermanas se pudieron escuchar segundos después desde las escaleras.

—Vamonos, vámonos ¡Coky! —sonreí divertida al ver como ambas se aventaban a abrazar al perro.

Éste movió su cola de un lado para otro disfrutando de la atención exagerada que las gemelas le proporcionaban. Mis hermanas levantaron su mirada y me miraron sonrientes.

—¿Podemos llevar a Coky nosotras? —Preguntaron, usando su voz amelada, esa que indicaba que era mejor ceder a sus deseos antes de que la gemela maldita pudiera hechizarte hasta el grado de lamentar haberle negado algo.

—Claro —Dije, condescendiente, no porque temiera a que me hicieran algo, sino, porque no podía negarme a su dulce mirada de cachorro que me dedicaban.

Nuestro Gran danés estaba educado por entrenadores caninos, si no le decían que corriera, no corría, si le decíamos que se echara, se echaba, por lo que mis hermanas pudieron llevar tranquilamente al enorme perro que las sobrepasaba en estatura.

Cuando salí con las chicas, me encontré con mis padres dentro del Mercedes Benz de papá. Estaban a punto de salir directo a la presentación del nuevo disco de una banda, que la disquera de mi padre producía y promocionaba. Y como era de esperarse, no podía faltar. Y mamá tampoco lo dejaría ir solo a un evento que significaba mucho para él.

—Cariño —me habló mamá. Di un paso hacia la ventanilla de la parte del copiloto y le hice un ademán para que prosiguiera— Ya sé que el otro día has dicho que no quieres venir, pero no te vendría mal acompañarnos más tarde, ya que regreses con las niñas del parque.

Apreté los labios en una fina línea tensa. Si me lo decía, era porque sospechaba que me iba a hundir en mi tristeza una vez que volviera a casa y me encerrara en las cuatro paredes de mi habitación. Y apreciaba su intento por querer ayudarme, pero ni siquiera un evento de ese nivel disiparía el dolor que tenía en el corazón.

Sin embargo, no quería rechazarla de nuevo.

—Bien, los veré allá —dije, aceptando la invitación por fin.

Ginebra Gush me miró con una sonrisa satisfecha en el rostro, y sacó su mano solo para acercarme un poco a ella y dejar un beso en mi frente con dulzura.




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