
Cory Shane.
Ithiel dio un paso hacia mí, pero con una cautela que dejaba en claro que no quería alertarme o alejarme en todo caso. Sus ojos, antes llenos de arrogancia, se tornaron distintos, más como si se hubiera quitado por completo la máscara para dejarme al descubierto lo que no me permitió ver durante estás dos semanas separados.
Tenía ojeras profundas y su postura era tensa. De lejos, podría verse intacto, perfecto incluso, pero así de cerca, bajo la luz de las farolas, pude darme cuenta que llevaba noches sin dormir y que apenas podía sostenerse a sí mismo.
—Cory —volvió a pronunciar más despacio, luego tragó saliva y desvío la mirada a un punto ciego—. Pude haberle pedido a cualquiera de mis sirvientes que te trajera esto —Ithiel señaló la caja con un gesto de su cabeza—, pero necesitaba verte, estar cerca de ti... Y lo único que encuentro en ti, es desprecio. ¿Me odias acaso?
¿Odiarlo?
Fruncí el ceño.
Abrí y cerré los labios, sin saber qué responder, completamente ofuscada. Mi pecho ardió y se oprimió, como si los latidos de mi corazón se hubiesen relentizado ante aquella pregunta.
Ojalá, de verdad, ojalá, pudiera despreciarlo, odiarlo, llenar mi corazón de un inmenso rencor por él. Por todas las veces que le di mi amor y él solo me dio migajas. Pero no podía.
Le amaba tanto, que contemplar tan solo la idea de hacerlo, era incómoda e intolerable. O tal vez, la verdad es que no estaba hecha para albergar ese tipo de emociones por nadie.
Lo que si sentía era decepción. Una profunda y tan arraigada que hasta dolía.
—¿Pero qué tonterías dices, Ithiel? —espeté, incrédula y confundida.
—¿Me odias? —insistió y, entonces, lo miré como si me hubiese dicho lo más absurdo que había escuchado en toda mi vida.
—No —admití.— La realidad es que estoy decepcionada, Ithiel. Y eso es muy distinto a odiarte. Pero ¿qué sentido tiene preguntar? No creo que haya nada más que aclarar entre tú y yo.
Tragué saliva cuando esas palabras salieron de mi propia boca. Darte tu lugar se siente bien, decían, pero ¿por qué sentía que estaba destrozandome? ¿por qué se sentía tan amargo y devastador?
—Te agradezco que hayas tenido la amabilidad de traerme tú mismo mis pertenencias —continué—, pero ya deberías volver a tu casa y olvidarte de mí.
Él se relamió el labio inferior inconscientemente, y ese gesto me llevó a clavar la mirada en esa zona por unos segundos que parecieron eternos. Verlo de pie frente a mí me llenaba de unas inmensas ganas de mandar todo al carajo y suplicarle que me besara como él solo sabía. Pero me contuve, porque un beso suyo sería mi perdición.
—Quiero hablar...
Lo interrumpí de inmediato.
—¿De qué? Ya hemos dicho todo, ya no tiene caso.
Lo vi despeinarse el cabello, un gesto que era pura frustraciónn.
—Cory, por favor...
—El favor te lo pido yo, Ithiel. Vete a tu casa o a dónde sea que vayas todos los viernes, pero déjame en paz a mí. Déjame vivir... —se me quebró involuntariamente la voz al final.
Ithiel avanzó unos pasos más, acortando la distancia hasta que solo nos separaban centímetros.
—Solo dame una oportunidad más, princesa —me estremecí levantó su mano como si quisiera tocarme, pero la bajó rápidamente al percatarse de mi gesto. Frunció el ceño y maldijo por lo bajo— No soy un monstruo, Cory. Nunca, nunca más volvería a ponerte una mano encima. Y no pretendo justificarme, joder, preciosa, no puedo justificar lo injustificable, porque sé que lo que hice no estuvo bien, y estoy total e irrevocablemente, arrepentido por ello.
Abrí y cerré la boca, sorprendida. Los ojos de Ithiel poseían un brillo acongojado que dejaba a la vista la verdad en sus palabras.
—Un lo siento no soluciona nada —me dijo— y sé que tengo que hacer muchos méritos para que confíes de nuevo en mí... pero, te lo ruego, déjame demostrarte que puedo ser diferente.
Me mordí el labio inferior, conteniendo las lágrimas que ardían en mis ojos desde el momento exacto en el que le pedí que me dejara en paz. Él siempre había tenido el poder en sus palabras para ganarme, incluso aunque no me demostrara con hechos lo que me había prometido. Por eso me era difícil saber si esta vez hablaba en serio, o solo estaba hablándome así para manipularme y hacerme regresar con él.
—¿Y qué vas a hacer para demostrarme que lo estás intentando?
—Todo lo posible —respondió con convicción— lo que sea, con tal de recuperarte...
Me dolía. De verdad me dolía, porque estaba dividida entre aceptar darle una nueva oportunidad, y decirle que no estaba interesada, que sabía que podría fallarme de nuevo y no estaba dispuesta a pasar por eso. Sin embargo, mi corazón estaba tan alborotado como mis hormonas. Me mordí el labio y alargué el silencio, mientras pensaba en lo que estaba bien o no hacer. Hasta que recordé que había una forma de ponerlo a prueba esa noche.
—No tengo demasiado tiempo para desperdiciarlo en este momento —empecé— voy de salida. Y...
#16573 en Novela romántica
#3679 en Joven Adulto
relacionestoxicas, drama amor romance venganza tragedia, romance +18
Editado: 21.10.2026