
Cory Shane
—¿Estás realmente segura de esto? ¿De ir con él? —preguntó mamá, y yo apreté los labios mientras desviaba la mirada, con un nudo incómodo en el estómago.
El baño de mujeres olía a perfume caro y a desinfectante, una combinación que siempre me había resultado sofocante. Los espejos devolvían reflejos impecables de mujeres arregladas para el evento, sonrisas tensas, y labios retocados a última hora. Mamá me había interceptado apenas entré, tomándome del antebrazo. Su rostro, tan parecido al mío, estaba atravesado por una preocupación que no intentó disimular.
—¿Qué haces con Ithiel aquí? —me lanzó sin rodeos—. ¿Volvieron? ¿No te está presionando? Cory, dime la verdad. ¿Estás bien?
Y luego vinieron más. Si había hablado con él antes del evento, si había sido idea mía venir juntos, si estaba segura de que no se trataba de otra de sus promesas bonitas y vacías. Preguntas que caían una tras otra, sin pausa, hasta que sentí la cabeza ligera y el pecho apretado.
Respondí como pude. Le expliqué que le estaba dando otra oportunidad. Una sola. Que no iba a tolerar ni una falta más. Que si volvía a fallarme, no habría marcha atrás, ni lágrimas ni disculpas que valieran. No pensaba quedarme para que me pisotearan otra vez. Se lo dije mirándola de frente, con una firmeza que incluso a mí me sorprendió.
—No sé si tu padre permita esto, Cory —advirtió, bajando un poco la voz—. Después de lo que te hizo…
—Fue hace dos semanas —la interrumpí—. Ya pasó. Es pasado. Y creo que soy capaz de decidir qué hago con mi vida. Mi vida emocional es solo asunto mío, ¿no?
La dureza de mis palabras me golpeó apenas salieron de mi boca. Mamá asintió despacio, con los labios apretados y los ojos brillosos. Me sentí una idiota al verla así, como si acabara de empujarla sin motivo.
—Mira, mami —dije enseguida, bajando el tono—. Sé que no parece que esté razonando. Sé que desde afuera puede verse como la peor decisión. Pero necesito hacerlo, ¿sí? Necesito comprobarlo por mí misma. Si funciona, te prometo que Ithiel no volverá a hacerme daño. Y si no… si lo hace, yo misma cortaré todo. Sin dramas. Solo confía en mí.
Ginebra Gutiérrez soltó un suspiro largo, de esos que salen desde el fondo del pecho. Me sostuvo la mirada unos segundos que se hicieron eternos y, al final, asintió.
—Está bien, niña. Si eso es lo que quieres, hazlo.
La abracé con fuerza, con ese abrazo que solo se da cuando una necesita sentirse protegida aunque ya sea adulta. Mamá rió bajito, sorprendida, y antes de separarme le planté un beso en la mejilla.
—Eso sí —añadió, alzando un dedo—. Bradley y tu nuevo escolta van a ir contigo.
Por un segundo lo había olvidado. Solo por uno. Ya había conocido al nuevo y tenía claro qué lugar ocuparía en mi vida de ahora en adelante. Lo que no esperaba era que empezara ese mismo fin de semana, marcando presencia como un maldito canguro.
De cualquier modo, no tenía nada que decir. Cuando se trataba de mi seguridad, mi opinión no contaba. Papá actuaba según sus prioridades, y entre ellas estábamos mamá, mis hermanas y yo. El resto daba igual.
Salimos del baño con los brazos entrelazados. Me quejé un poco por la sobreprotección de papá, ella respondió con el discurso de siempre sobre el bienestar y el cuidado, y yo asentí fingiendo interés. El salón principal ya estaba casi vacío. La gente se despedía, los meseros recogían copas, la música había bajado a un murmullo lejano.
Fue entonces cuando los vi. En una esquina, Ithiel estaba rígido, con los hombros tensos y la mandíbula apretada. Mi padre lo tenía acorralado, con una mano firme sobre su hombro, inclinándose apenas hacia él. André Shane no necesitaba levantar la voz para intimidar; bastaba su presencia, su tamaño, y esa expresión dura que pocas veces mostraba en público.
—Si me vuelvo a enterar de algo así —alcancé a escuchar cuando llegamos—, te juro que no me voy a detener ni por tu apellido ni porque seas veinte años más joven que yo. Te voy a partir la cara en dos si le vuelves a poner una mano encima a mi hija. ¿Entendiste?
Ithiel tragó saliva antes de responder.
—Entendí a la primera, señor —contestó, con un tono áspero—. Y si sirve de algo, no tiene idea de cuánto me arrepiento. No sé qué me pasó. Solo…
—Fuiste un bastardo idiota.
—¡André! —exclamó mamá, avanzando un paso—. Por el amor de Dios, cuida el lenguaje. El muchacho ya entendió. Suéltalo.
Papá miró su mano aún apoyada en el hombro de Ithiel, como si recién entonces reparara en ella. La retiró despacio, obedeciendo. Siempre lo hacía. Con cualquiera podía mostrarse imponente, pero con mamá bastaba una palabra para que bajara la guardia. Yo lo sabía bien. Lo había visto mil veces volverse dócil cuando ella lo tocaba o le hablaba en voz baja.
—Solo intento enseñarle a tratar a las mujeres —murmuró él.
—Señor Shane —intervino Ithiel—, sé que he lastimado a su hija. Sé que no he sido un ejemplo de rectitud. Pero mi intención es cambiar por ella. Por eso quiero compensarla este fin de semana, con el viaje a Ibiza.
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Editado: 21.10.2026