
Cory Shane.
Las chicas esperaban pacientemente una respuesta que aclarase un mensaje que no recordaba haber enviado en todo el transcurso del día. Confundida, revise los mensajes del grupo tras recuperarme del estupor que me dejó escuchar a Caritshma. Y en efecto, a las diez de la mañana había un mensaje mío con tres letras: SOS.
El SOS era una señal que las chicas y yo habíamos establecido para situaciones en las que requiriesemos ayuda inmediata para resolver algo que no sabíamos cómo solucionar solas.
Al parecer, inconscientemente les mandé el mensaje y ahora estaban aquí, esperando entender de qué iba todo esto. Sin embargo, no sabía cómo explicarles que había una "amenaza inofensiva" demasiado peligrosa si Ithiel llegase a verla. Con lo volátil que era, no sabía que reacción esperar de su parte. Podía ser cualquiera, pero ninguna me aseguraba que fuese buena.
Si fuese al revés, me volvería loca saber que mi novio, a dos semanas de haber "terminado", estuviese a nada de besar a otra. Con lo intensa que me había vuelto, seguro me atrevería a hacer una estupidez que ni siquiera me atrevía a imaginar.
Ithiel, sin embargo, era otro caso. Uno que podía hacerme ver las estrellas y subir al cielo en un instante, y al otro llevarme al precipicio o al fondo de un abismo en una sacudida de pestañas. Además, Ithiel no soportaba a Sebastián. Había un odio insostenible entre esos dos que se podía palpar incluso en los entrenamientos. Por una razón, el entrenador siempre los ponía de lado contrario. Cada uno representaba un equipo y durante los enfrentamientos simulatorios, ambos terminaban atacandose "discretamente" siempre que tenían la oportunidad.
Si Ithiel supiese que estuvo a punto de besarme y que yo habría dejado que pasara si no fuese porque su hermano nos interrumpió, bueno, estaría muerta.
Respiré profundamente, sostuve el aire por unos segundos, con los ojos cerrados, y después solté lentamente el aire al tiempo que abría los ojos un poco más calmada. Se me había hecho costumbre imaginarme escenarios terribles cuando se trataba de mi relación con Ithiel, debería aprender a pensar positivamente y dejar los malos pensamientos en lo más recóndito de mi mente, porque así terminaría peor de lo que ya estaba. Ahora, sin más, tenía a mis mejores amigas en frente y sabía que si estaban ahí, era porque contaba con su apoyo. Siempre contaba con ellas, independientemente de la circunstancia.
—El viernes por la tarde llevé a mis hermanas al parque y... —suspiré—, bueno, me encontré sin querer a Sebastián.
Me mordí la mejilla, nerviosa. Me costaba, aunque sabía que ellas no me juzgarían. No eran ese tipo de amigas. A Caritshma la conocía desde que era una bebé, a Marjorie desde hace un año y seis meses, pero ella me había demostrado lo fiel y buena amiga que podía ser, a pesar de que su amistad con Ithiel tenía raíces más profundas que la nuestra.
—Miren, el caso es que cuando él y yo estábamos hablando, Coky y mis hermanas se atravesaron entre nosotros y... —me tuve que recargar en el lavabo para sostenerme de pie, porque los temblores de los nervios me sobrepasaban— y perdí el equilibrio. Estuve a un pelo de humillarme delante de la gente que pasaba por ahí, pero por suerte, Sebastián me salvó antes de darme de bruces en el suelo.
—¿Y? ¿Es todo? —Caritshma frunció el entrecejo y ladeó la cabeza, confundida— No veo el problema en eso...
—Cari, no he terminado —declaré un tanto frustrada— el verdadero problema fue lo que estuvo a nada de pasar y las consecuencias que tendría si sale a la luz. Cuando me salvó de no caer, también quedamos en una posición tan comprometedora que....
—¿Quieres decir, tipo posición sexual? —interrumpió Caritshma de nuevo, casi escandalizada.
—¿Qué? ¡No! —farfullé de inmediato, sonrojada y cohibida—. No era ese tipo de posición "intima". Era más del tipo de posición intima que te hacen sentir cosas... ya saben. Cosas que no deberías sentir al cabo de dos semanas de haber terminado con tu novio. Una posición en la que se nota a leguas que estábamos a nada de besarnos....
Decirlo en voz alta era abrumador y se sentía como una traición a Ithiel, pero en el fondo yo sabía que no lo era.
—Sebastián estuvo a casi nada de besarme y yo lo iba a permitir —admití, apenada— pero lo rechacé. El problema real vino después. Alguien nos vio y sacó una foto del momento. Y ahora me está amenazando con enviárselo a Ithiel y a los medios. ¿Sí se dan cuenta de la magnitud del problema en el que estoy metida?
Probablemente había sonado demasiado intensa, pero la desesperación me estaba consumiendo tanto como la duda de no entender de dónde venía esa amenaza y qué buscaba con ello. Jamás le había hecho un mal a nadie, no era una persona mala, como para merecer el escarnio de alguien más. Traté de controlarme y medir mi intensidad para no seguir alterándome a lo tonto; así pues, me concentré en Caritshma y Marjorie. Ambas estaban mudas, estupefactas con la revelación de mi "casi" beso con Sebastián.
Creí que no dirían nada, pero Marjorie fue la primera en hablar, todavía con el estupor marcado en su tono y expresión.
—¿Sebastián? ¿Él Sebastián que juega en el equipo de Ithiel? —preguntó, llevándose una mano a la boca, incrédula.
—¿Ortega? ¡Bombazo que es! —Y esa, sin duda, había sido Caritshma. Y como siempre, nunca se quedaba callada. Mi mejor amiga tenía una facilidad para soltar la lengua de más y decir incoherencias que siempre me sacaban una sonrisa, sin importar el momento—. Con lo bueno que está, rechazarlo sería un pecado capital que prefería no cometer. ¡Dios, Oky koky! Tenías oro en la palma y lo dejaste ir. A veces me cuesta entenderte.
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Editado: 21.10.2026