Un día el Coyote estaba como siempre atrás de Roadie, iba tan rápido que a nada estuvo de pasar a llevar a un pequeño humano que apareció de sorpresa en la carretera, parecía confundido y hambriento, vestido con un pantalón de deportes y una camiseta sin mangas, trato de levantar una mano para decir algo, pero cayó en el asfalto desmayado.
Las caricaturas quedaron mirándose asustados, tomaron el pequeño cuerpo para que no se quemará en el suelo, vieron para todos lados, no se veía ningún vehículo, al final lo llevaron a la cueva de Wile, lo dejaron en el nido del Correcaminos, ya que la cama parecía demasiado grande. Estaban muy confundidos, sin saber que poner en sus letreros, en eso el niño empezó a pedir agua, el Coyote fue a buscar una taza, Roadie ayudó a levantarlo un poco y le dieron el líquido.
— Que calor hace — susurró, no podía abrir los ojos — tengo hambre, aunque sea un pan duro, ya no aguantó el dolor de estómago... prometo no comer mucho — cayó una lágrima de sus ojos.
Los dos toons se mirando y tragaron saliva, le prepararon cereal con leche, al sentir el alimento tan rico, se sentó tomo el tazón y la cuchara y comió todo en un segundo, cuando termino miró extrañado a quienes lo rodeaban, primero con sorpresa y luego contento.
— Perrito... perrito — le tiró una oreja a Wile, luego vió a su lado — pajarito grande — le abrazó una pierna, parecía tener como cuatro o cinco años — ¿Han visto a ese hombre? Dijo que esperará, que volvería pronto, pero nunca apareció, tenía sed hambre... camine tanto y no vi a nadie... — empezó a llorar.
Wile se cubrió las orejas mirándolo con intensiones asesinas, por suerte el Correcaminos lo acomodó en su lomo, y al pasearlo se calmó, bostezó y se durmió. Se miraron preocupados ¿Qué harían? Seguramente su familia lo estaría buscando.
— Iré a ver — avisó el Coyote — quédate con esa bocina con patas, si despierta cálmalo — decía el cartel, algo grande para que cupieran todas las palabras, por eso terminó cayéndole encima.
Tres horas más tarde, ya al atardecer volvió a la cueva sin haber encontrado nada, Roadie estaba alrededor del pequeño, ambos dormían muy tiernamente, Wile sonrió y se metió en su cama, al otro día el niño despertó al amanecer, curioso del nuevo lugar donde estaba cuando vio al Coyote, se subió a la cama y le tomó el hombro para despertarlo.
— Perrito... tengo ganas... ya no aguanto...
Wile lo vio sin entender que quería decirle, cuando vio la mancha de agua agrandarse en su cubrecama recién comprendió, lo llevo corriendo al baño, despertó al Correcaminos para que cuidará al humano mientras se bañaba, fue a buscar una camiseta que pensaba usar para disfrazarse de humano y poner en marcha otro de sus planes para cazar a Roadie, cuando escuchó un beep beep nervioso.
— ¿Qué le pasa? Solo le pedí que cuidará a esa sirena de bomberos — pensó.
Al llegar vio que el pequeño se estaba sacando su vestimenta como mejor podía, inmediatamente sacó al Correcaminos, se tapó los ojos con las orejas, dejo la camiseta limpia y sacó lo mojado para lavarlo.
— Es una niña, cuídala desde acá.
Roadie lo miró algo confundido.
— Es una hembra de su especie.
El ave puso sus alas al frente de su pecho.
— Eso es cuando sea mayor, como Paige — respondió el coyote.
— ¿Beep Beep?
Cuando Wile vió lo que había en el letrero de Roadie, se puso rojo de ira.
— Te he dicho mil veces que soy macho, eso es solo pelaje.
El Correcaminos asintió, se plantó firme en la puerta y espero que la pequeña saliera vestida.
— Hola perrito — la pequeña miró a su alrededor — ese hombre — lo dijo tensa — ¿Volvió?
— No lo he encontrado — decía el letrero que tenía en sus manos.
— No sé leer — miró al suelo nerviosa.
La niña estaba algo asustada pensando que podrían castigarla por haber mojado la cama y la ropa.
— Perrito, pajarito, no tienen que limpiar, yo haré todo eso, solo por favor no me dejen afuera, no quiero pasar más calor, puedo cocinar, mantendré todo limpio.
Wile con gestos le indicó que estuviera tranquila, y que le dijera su nombre.
— No lo sé, ese hombre solo me decía: oye tú o deja de molestar.
Coyote se pasó una mano por la cara, entre enojado y triste.
En ese momento de la ropa mojada cayó una nota que las dos caricaturas leyeron:
"Quien quiera que haya encontrado esta gran molestia, les doy la obligación de cuidarla, no me busquen, no puedo ni quiero quedármela más, es buena limpiando, solo hay que darle una buena motivación con una cachetada o tirón de pelo".
Ambos la vieron de nuevo un buen rato, luego la llevaron a la cocina y le dieron un desayuno, ese día de nuevo Wile salió a ver si encontraba a alguien, pero ya al anochecer de nuevo volvió con las manos vacías, esa noche una vez que la pequeña se durmió conversaron que harían con ella, luego de lo que la niña comentó y de lo que decía la nota, no iban a devolverla, así que decidieron cuidarla. Le daban tres comidas al día, el Coyote comenzó a enseñarle a leer con un programa en una tableta, ella se divertía al ser la única espectadora en los "juegos de carreras" entre ambos, se reía y aplaudía cuando a Wile algo le salía mal. No quisieron dejarla participar porque tenían miedo de que pueda salir lastimada al no ser una caricatura.
Luego de seis meses, un día apareció Kevin, que venía a verlos con su sobrina.
— Hola, amigos, que ingratos si yo no vengo ustedes no van a visitarnos... oye, quien está allí — la niña vestía una especie de vestido, era una camiseta a la que le habían atado una cinta en la cintura — ¿Son niñeros ahora?
Coyote le explicó con letreros y gestos que la había encontrado, y como no ubicaron a su familia decidieron criarla.