Cuando iba a ser el baile, fueron orgullosos a pedirle a Paige que comprará lo que estuviera más a la moda que pudiera encontrar, ya que ella sabía más de esas cosas, cuando los amigos se lo iban a entregar a la muchacha, les devolvió la caja.
— No quiero nada con plumas ni pelaje, Coyote (hacía tiempo que había dejado de decirle Papá) — él fue a levantar uno de sus letreritos para explicarle que era su regalo de graduación, comprado en una tienda de la ciudad, pero ella no lo dejo hacerlo — no importa que sea bonito, mi novio me compró todo lo que necesito en una de las mejores tiendas de la capital — al ver la cara de sorpresa de los otros sonrió sarcástica — así es, tengo novio y como ayer cumplí 18, ya soy mayor de edad, me voy a vivir con él, y dejar este basurero ¿Pensaron que siempre me tendrían como su prisionera? Son un par de animales, no caricaturas, no quiero vivir el resto de mi vida en este agujero, en este zoológico, fui tan tonta de niña, mejor me hubieran llevado a un orfanato, odio que todo lo mío tenga pelo de perro raquítico y feas plumas — cerró de un golpe su puerta.
Los dos dejaron caer sus patas y alas, derrotados, que podrían decirle, hace tiempo veían como ella se alejaba de ellos, sentían que se avergonzaba de donde vivía, decidieron irse para darle su espacio, seguramente estaba nerviosa por su baile de graduación, no podían creer que quisiera dejarlos, al rato seguramente se le pasaría el enojo y volvería para contarles como le había ido en su fiesta.
Pero cuando llegaron más tarde Curly se había ido con lo más indispensable, sus documentos, algo de ropa, su moto, el celular que el coyote había encontrado en desierto, y demoró un tiempo en arreglar lo dejó en la cama junto con una nota:
"Te devuelvo esta basura, mi novio me regalo el último iphone".
Luego de eso volvieron a su rutina de perseguirse, y en la noche cenar y dormir, nunca más quisieron que nadie les hablara sobre Curly, incluso la entrada a su habitación la bloquearon con unos estantes, ya no quedaba rastro de que había vivido allí una humana.
Cuatro años después Paige quiso contarles noticias de la muchacha, pero ellos no quisieron escucharla.
— Ustedes todavía la quieren, ella necesita...
— No necesita a dos carceleros — escribió en su cartel el coyote
— Sé que lo que hizo esta mal, pero...
— No hay pero que valga.
Esa fue la última vez que alguien quiso contarles sobre como era la vida de la muchacha.
En un abrir y cerrar de ojos pasaron 3 años más, una tarde Kevin llegó en su auto a buscarlos urgentemente.
— Suban, los llevo, apúrense — estaba muy angustiado, nervioso.
— ¿Qué pasa? — preguntó el Coyote con su letrero, curioso.
— Es Curly, deben... — Wile no lo dejó terminar, le dio la espalda, el Correcaminos miró a ambos, bajo su cabeza y se puso del lado de su amigo toon — es muy importante, ustedes...
— Nosotros solo fuimos sus carceleros, un par de animales — aunque no quería sus ojos se llenaron de lágrimas, el dolor que les produjo al irse, sobre todo al Correcaminos fue muy grande, no quería darle la oportunidad de que se burlara de ellos de nuevo.
— Tuvo un accidente, se está muriendo — gritó Kevin.
Coyote se subió al auto en un segundo, el ave los siguió de cerca, luego de dos horas llegaron al hospital donde estaba la mujer, Wile bajo del auto, iba corriendo tras Roadie que se dejó guiar por su olfato. En una sala de UCI estaba una humana con muchas máquinas pitando a su alrededor, su rostro estaba irreconocible, solo el cabello y el brillo de sus ojos eran el mismo de siempre.
— Ella iba conduciendo bien, un tipo se durmió, pasó el medio de la calzada y la golpeó de lleno, él ya murió, pero... — explicó el abogado casi sin aliento por seguirlos.
Una enfermera los hizo ponerse unas batas, y mascarillas y recién los dejo entrar. La mujer de la cama se veía muy mal, como si en el siguiente respiro su cuerpo se detendría para siempre.
— Gracias por venir.
— No debe hablar, guarde energía para cuidar a sus... — le pidió un médico.
— Ya nada puede evitar que muera, los escuche hablando — rió triste — tengo muy buen oído, como el de un coyote — Wile le tomó la mano, el Correcaminos puso su cabeza al lado de la otra — tenía miedo — hizo una pausa — los trate tan mal cuando me fui... pase tantas cosas malas luego...no importa, ya sabrán todo, solo quería pedirles perdón personalmente, ustedes siempre fueron mi familia, no mis carceleros, no saben como heche de menos las carreras, las caídas, sus risas — lloraba de alegría al recordar esos momentos — por favor, ayúdenme, prometan que las cuidarán... — todo empezó a sonar, los sacaron y entraron muchos doctores y enfermeras, luego de una hora desconectaron todo.
— Hora de la muerte 18:06 hrs. — decretó uno de los hombres de blanco.
Las caricaturas no lo podían creer, ella ya no volvería a hablarles, a mirarlos... luego de tanto tiempo solo pudieron estar unos minutos a su lado... ahora el Coyote se arrepintió de no haber querido saber de ella hace años, tal vez ... ya que importaba, nada cambiaría que su niña había muerto.
— Mañana liberarán el cuerpo, me pidió que me hiciera cargo del funeral, además de los tramites de las... — Kevin no pudo seguir, los vio caminar a la salida con el penacho y las orejas caídas.
— Tío, debemos decirles de ellas.
— Dejemos que asimilen la muerte de Curly, para lo demás habrá tiempo — miró al pasillo, nunca los había visto tan abatidos.