Estoy sentada en el mismo lugar. En el mismo sillón en el que estuve sentada en mi cumpleaños.
Qué extraño.
Hoy el mundo claramente no gira alrededor de mí.
Y estoy feliz por Aurora. Trece años... El tiempo pasa demasiado rápido. Solo espero que ella no tenga que sufrir las mismas desilusiones que he tenido que pasar yo por cosas de la vida.
Pero estar sentada aquí inevitablemente me hace pensar en mi propio cumpleaños, como acabo de decir.
Y, como sabes, "querido diario", mi cumpleaños no es precisamente un recuerdo positivo.
Creo que mis padres se sacrificaron muchísimo para que yo lo pasara bien. Lo hicieron con toda la intención de hacerme feliz.
Y aun así, como todo en mi vida, supongo que yo tuve la culpa de sentirme horrible.
Ya han pasado casi cinco meses desde aquel día y la soledad no me ha abandonado.
Tengo que decirlo: ese cumpleaños fue el peor hasta la fecha.
Fue un error invitar a mis amigos de la iglesia.
En la nota anterior no expliqué las razones. No quería recordar ese horrible día.
Tal vez soy una desagradecida.
O una mala hija.
Porque, ¿cómo puedo quejarme de una fiesta por la que mis padres hicieron tanto?
Ni siquiera sé cómo empezar...
Además, mi madre no podía controlar lo que le pasó...
¿Pero por qué tuvo que ser ese mismo día?
Supongo que eso es lo que más me dolió.
Y sé que suena horrible decirlo así.
Porque ella tampoco eligió que sucediera. No fue su culpa. No debería estar pensando en mi cumpleaños cuando sé que ese día ella estaba pasando por algo mucho peor.
Pero ahora siento que me estoy comparando, y eso supongo que no es bueno.
Así que voy a intentar explicarlo desde el principio. Para que tú pienses lo que quieras.
La fiesta estaba bien.
Pero la cumpleañera no...
No pasó nada al principio que pudiera hacerme pensar que terminaría sintiéndome así. Mi madre había decorado lo mucho que le permitió su dolor en la espalda, había preparado todo, había comida. Mi padre preparó la música, y las actividades. Incluso estaban todas las personas que había querido invitar.
Y yo debería haber estado feliz.
De verdad debería haberlo estado.
Quería estarlo.
Traté de tener la mejor actitud, pero la soledad lleno mi corazón.
No sé exactamente cuándo empezó. Tal vez fue desde que llegaron mis amigos de la iglesia. O quizá ya me sentía así antes y simplemente no quería admitirlo.
Recuerdo estar sentada aquí y mirar a todos los demás.
Todos parecían estar pasándolo bien. Los ví conversando y riendo de sus adsurdos temas de conversación, a los cuáles deje de escuchar cuando caí en cuenta de mi estado.
Y yo estaba en mi propio cumpleaños sintiéndome completamente ajena.
Qué ironía, ¿no?
Invité a personas porque no quería sentirme sola.
Y terminé sintiéndome en tierra de nadie.