Cuando el rango necromante estuvo completo, Lótcaran comentó – El temor de los clérigos es más visible que nunca, ahora mismo están planeando pactar alianza con los guerreros y obtener la victoria por ventaja numérica – Se oyeron entre los congregados un grito de desapruebo y varias maldiciones hacia ambas razas – también planean reunir a todas sus fuerzas y un nuevo grupo de combate llamado los Seraphin, clérigos muy diestros en el manejo de las armas para formar su principal línea de ataque. – Los magos mas jóvenes del lugar dieron un grito de incredulidad – Por ese motivo decidí llamar a todos los nigromantes. Ustedes y su arte serán los encargados de igualar, ¡No! ¡De superar esa ventaja numérica! – y todos los presentes lanzaron un grito de victoria. Una vez restablecido el orden, el Sabat prosiguió – ¡Dirijanse todos a los antiguos cementerios y empiecen a reclutar guerreros, bestias y aberraciones, usen su retorcida imaginación y sus peores pesadillas para dar vida a nuevas y despreciables criaturas! Y recuerden: si alguien cae en el campo de batalla ¡será nuestro próximo esbirro, sea cura, guerrero, ángel o santo! Si esos idiotas adoran tanto la cara de la muerte, nosotros seremos los encargados de presentarle su lado más cruel. – Tras lanzados varios gritos de victoria y aprobación, uno a uno, los necromantes fueron dirigiéndose a los antiguos cementerios del reino de Mistri para desenterrar nuevos horrores.
El mismo comunicado fue dado a los demás rangos y poco a poco el reino de Mistri fue movilizándose y sus bosques mágicos fueron poblándose de magos ataviados con las distintas túnicas que los diferenciaban de sus hermanos de secta, cada grupo congregado en partes específicas de la naturaleza en busca de hojas, yerbas, tierra, musgo, corteza, sabia y objetos incluso mas extraños y perversos necesarios para su propio arte.
También pululaba en el ambiente el espíritu de mofa de los magos más jóvenes, quienes hacían ridículas representaciones de las caras y gestos de clérigos y guerreros imaginarios sucumbiendo ante el poder de sus hechizos y encantamientos; mismo hecho que traía antiguos recuerdos a las mentes de los magos mas viejos, al recordar con cierta nostalgia tiempos de antaño, cuando aún jóvenes, lidiaron su primera batalla, y llegaron a sus mentes las mismas jugarretas que hacían con sus antiguos hermanos y amigos de secta, la mayoría de ellos muertos en su primera contienda.
Solamente quedaron en la cima de la torre de hechicería Lótcaran y Febos, el más viejo y hábil de los nigromantes, mismos que a su vez, se empeñaban en nombrarle “Maestro” y tratarlo como tal.
– ¿Qué ocurre Febos, a qué le temes? Eres el más hábil de tu secta y probablemente el ser más poderoso después de mí, hacía muchos años que no notaba en ti esa mirada – Febos, un hombre viejo y demacrado por los años, había luchado tiempo atrás hombro con hombro junto a Lótcaran, antecesor del mismo como “gobernante” del reino de Mistri.
Diez años atrás, Febos había renunciado a ser el líder del Círculo Negro por su avanzada edad y había propuesto al joven como su sucesor. Hecho que nadie osó en contradecir, pues incluso desde antes de la toma del poder, el joven Sabat ya tenía sus propios seguidores y su sed de poder era palpable en todo su ser, todo ello coronado por su fama de crueldad, mente bélica y sed de sangre, partes fundamentales para estar al mando de un grupo de seres tan ávidos de poder, al grado de ofrecer parte de su vida a cambio de poseerlo.
El ascenso de Lótcaran había culminado con la aceptación unánime del Círculo Negro como su líder, no sin antes haberle realizado una prueba cada uno de ellos para demostrar ser el merecedor de tal privilegio.
Febos había decidido integrarse a la secta necromántica porque le divertía la idea de burlarse de la muerte dando vida a aquellos seres que eran tocados por sus gélidas manos, y le divertía aún más el hecho de ver las caras de los mediocres desafortunados que optaban por salir despavoridos al estar ante un ente sin alma, carne o huesos y que rehusaba regresar a su tumba tras recibir la letal estocada.
Según la antigua tradición de su reino, Febos era también el consejero de Lótcaran, y éste había aprendido con el tiempo y la experiencia a respetar las intuiciones de su antecesor.
– No es miedo, mi Lord. – Dijo Febos tras hacer una leve reverencia – Es solo que recordé antiguas leyendas, cuentos de infancia de un viejo decrépito como yo. Los años me han vuelto viejo, mi señor, y a los viejos nos asustan los cuentos antiguos al igual que a nuestros hijos, eso es todo.
– Febos, el tiempo me ha enseñado a prestar atención a tus consejos – dijo el Sabat – y al igual que el tiempo ha vuelto a tu cuerpo viejo y débil, ha hecho de tu mente una fortaleza imperturbable y a tu sabiduría un manjar del cual puedo abastecerme. Dime Febos ¿Qué te preocupa?
Tan solo un antiguo relato, mi señor – comentó el viejo – quizá no sea nada. Pero he oído muchas historias sobre los clérigos y solamente una es la que me preocupa. Una antigua leyenda que cuenta sobre la existencia de Un Guardián que protege el reino de Kalli y es bien llamado “El Destructor”; cuenta esa leyenda que ese Ser no es de este mundo, mi Lord. A diferencia de nosotros, a los clérigos les está prohibido invocar a seres de otros mundos para la lucha, solo se limitan a pedirles su asistencia y apoyo mediante rezos, así que solo queda el pensar que es una Criatura Celestial la que decidió proteger el reino por su Propia Voluntad. – Tras una breve pausa, el lider necromante continuó – No me importa pelear contra clérigos y guerreros juntos o si los sabios deciden entrar en esta guerra, mi Sabat. Pero sinceramente y con vergüenza, he de declarar mi incompetencia si he de tener que vencer a Una Divinidad.
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Editado: 20.10.2026