Crown of darkness

Cinquantotto

El día había llegado. Después de semanas de preparación y conversaciones con Angelo, finalmente estaba lista para regresar a mi antiguo bufete. No sabía exactamente qué me esperaba, pero estaba decidida a retomar mi carrera y demostrar que aún tenía mucho que aportar. Angelo me había apoyado en la decisión, aunque no sin antes asegurarse de que todo estuviera bajo control en términos de seguridad. Había insistido en que uno de sus hombres me acompañara, pero logré convencerlo de que no era necesario. No quería que mi regreso al mundo laboral estuviera marcado por la sombra de su vida.

El bufete de abogados "Moreno & Asociados" estaba exactamente como lo recordaba: un edificio moderno de cristal y acero, ubicado en el corazón de la ciudad. Al entrar, el aroma a café recién hecho y el sonido de los teclados me transportaron de inmediato a los días en los que pasaba horas investigando casos y redactando documentos. Sentí una mezcla de nostalgia y emoción al caminar por los pasillos, saludando a los compañeros que aún me reconocían.

—¡Isabel! —escuché una voz familiar detrás de mí. Era Carla, mi antigua asistente, quien me recibió con una sonrisa de oreja a oreja—. ¡No puedo creer que estés aquí! ¿Qué te trae de vuelta?

—Es una larga historia —dije, devolviéndole la sonrisa—. Pero básicamente, decidí que era hora de retomar mi carrera.

—¡Qué bueno! —exclamó Carla—. Todos te extrañamos por aquí. Incluso el jefe ha preguntado por ti un par de veces.

—¿En serio? —pregunté, sorprendida.

—SÍ —respondió Carla, bajando la voz—. Creo que se arrepiente de haberte dejado ir. Pero no le digas que te lo conté.

—No te preocupes —dije, riendo—. Mi boca está sellada.

No pasó mucho tiempo antes de que me llamaran a la oficina del jefe. El señor Moreno era un hombre de mediana edad, con el pelo canoso y una presencia imponente que inspiraba respeto. Me recibió con una sonrisa cordial, pero noté cierta curiosidad en su mirada.

—Isabel —dijo, señalando la silla frente a su escritorio—. Qué sorpresa verte por aquí. ¿A qué debo el placer?

—Señor Moreno —dije, sentándome con calma—. He decidido retomar mi carrera. Y pensé que no había mejor lugar para hacerlo que aquí.

—Me alegra escuchar eso —respondió, reclinándose en su silla—. Pero tengo que preguntar, ¿qué te llevó a tomar esta decisión? La última vez que hablamos, parecías decidida a dejar todo atrás.

—Las cosas han cambiado —dije, eligiendo mis palabras con cuidado—. Me casé, y eso me ha dado una nueva perspectiva. Ahora siento que es el momento adecuado para volver.

—¿Te casaste? —preguntó, levantando una ceja—. Felicidades. ¿Con quién, si puedo preguntar?

—Con alguien que me apoya mucho —respondí, evitando dar detalles—. Pero prefiero mantener mi vida personal separada de mi vida profesional.

El señor Moreno asintió, como si entendiera.
—Entiendo —dijo—. Bien, si estás lista para volver, estaré encantado de darte la bienvenida de nuevo al equipo. Pero ten en cuenta que las cosas han cambiado un poco desde que te fuiste.

—Lo sé —dije, sonriendo—. Estoy lista para adaptarme.

El resto del día transcurrió entre saludos, reuniones y la sensación de que estaba exactamente donde debía estar. Mis compañeros parecían genuinamente contentos de verme de vuelta, y aunque algunos hacían preguntas discretas sobre mi vida personal, logré mantener las respuestas vagas. No quería que mi regreso estuviera marcado por rumores o especulaciones.

Esa noche, al regresar a la mansión, encontré a Angelo esperándome en la sala. Estaba sentado en el sofá, con un libro en las manos, pero lo dejó a un lado al verme entrar.

—¿Cómo te fue? —preguntó, levantándose para recibirme.

—Bien —dije, sonriendo—. Muy bien, en realidad. Fue extraño al principio, pero todos me recibieron con los brazos abiertos.

—Me alegra escuchar eso —dijo, tomando mi mano—. ¿Y tu jefe? ¿Qué dijo?

—Estuvo bien —respondí—. Le dije que me había casado, pero no mencioné tu nombre. Prefiero mantener las cosas separadas por ahora.

Él asintió, aunque noté cierta tensión en su expresión.
—Entiendo —dijo—. Solo recuerda que estoy aquí para lo que necesites.

—Lo sé —dije, abrazándolo—. Y te agradezco por apoyarme en esto.

Mientras nos acostábamos esa noche, no pude evitar sentir una sensación de logro. Había dado el primer paso para retomar mi vida, y aunque sabía que habría desafíos por delante, también sabía que estaba en el camino correcto. Porque esta vez, no estaba sola. Tenía a Angelo a mi lado, y juntos, podríamos enfrentar cualquier cosa.

Las semanas siguientes fueron un torbellino de actividad. Volver al bufete no solo significó retomar casos y sumergirme en el mundo legal nuevamente, sino también encontrar un equilibrio entre mi vida profesional y mi vida con Angelo. Aunque él había aceptado mi decisión, notaba que le costaba adaptarse a mi nueva rutina. No era fácil para él verme salir temprano por la mañana y regresar tarde por la noche, pero hacía un esfuerzo por apoyarme. A cambio, yo intentaba asegurarme de que nuestros momentos juntos fueran significativos, aunque fueran breves.

Una tarde, mientras revisaba unos documentos en mi oficina del bufete, recibí una llamada de Angelo. Su voz sonaba tensa, algo que no pasaba desapercibido para mí.

—Isabel —dijo—, necesito que regreses a la mansión. Hay algo que debemos discutir.

—¿Ocurre algo? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.

—No es urgente —respondió, tratando de sonar calmado—, pero es importante. ¿Puedes venir?

—Claro —dije, mirando el reloj—. Estaré allí en una hora.

Colgué el teléfono y me quedé unos minutos en silencio, tratando de adivinar qué podría ser tan importante. Angelo no solía pedirme que regresara a casa a menos que fuera algo serio. Respiré hondo, guardé mis documentos y me preparé para salir.

Al llegar a la mansión, lo encontré en su estudio, sentado frente a su escritorio con una expresión pensativa. Me recibió con una sonrisa, pero noté que algo lo preocupaba.




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