Cruzada de sangre - Linajes #2

Capítulo 41

Apenas el sol se ocultó iniciamos el viaje, es más al sur de lo que antes había viajado, el frio y la nieve cubren todo el campo y solo los arboles se mantienen firme en la soledad de la pradera, a lo lejos una enorme casa, cuya chimenea sube al cielo, parece esperarnos en medio del blanco paisaje de nieve.

 

Nos detenemos y descendemos mientras un frio viento mueve nuestros abrigos y nos impide ver con claridad. La puerta de la casona se abre de golpe y una mujer joven despreocupada por el frio corre en nuestra dirección, directo a los brazos de Maximiliano, quien no parece muy cómodo por las muestras de cariño de la extraña vampiresa.

 

El largo cabello castaño lo lleva recogido, lleva un pantalón ajustado dentro de botas gruesas y de tono oscuro, y encima un largo poncho de color gris. Sin despegar la mirada del vampiro no deja de abrazarlo como si no creyera lo que ven sus ojos.

 

—Hasta que al final te decidiste por visitarnos, hermano—lo reprendió cruzando los brazos.

 

—No somos hermanos—la corrigió Maximiliano con suavidad.

 

La mujer colocó una mueca antes de sonreír moviendo la cabeza.

 

—Para mí lo eres, hermano—señaló y luego notando nuestra presencia se giró con curiosidad hacía nosotros.

 

Nos presentó uno a uno mientras ingresábamos a su hogar. La enorme chimenea encendida iluminaba la agradable y hogareña estancia, descubrimos que la mujer es la hija del matrimonio que lo adoptó, Magdalena Brandau, ambos se criaron como hermanos, y al parecer es la única con quien se llevaba relativamente bien, ya que, al nombrar a su hermano mayor, Damián Brandau, un dejo de resentimiento fue claro en el tono del detective.

 

Magdalena se quedó mirándome con curiosidad.

 

—Había escuchado de usted, y la verdad es que me la imaginé mucho más alta —comparando su estatura con la mía se nota la diferencia.

 

—La mayoría lo cree así —le respondí.

 

Luego su atención se detuvo en Víctor, es llamativo y lo entiendo, con ese cabello y esos ojos es inusual, aun hasta para mí, como un recuerdo de un pasado que no quisiera recordar. Víctor bufó molesto e incómodo por la atención y la mujer al darse cuenta bajó la mirada.

 

—Lo siento mucho —se disculpó—. Pero es la primera vez que veo a un vampiro con el cabello blanco y los ojos de color dorado.

 

—Son amarillos —le corrigió con tono seco.

 

—Prefiero llamarlos dorados, en cierta forma se escucha más romántico —sonrió hasta sentir a su "hermano" carraspear.

 

—No coquetees con él —habló Maximiliano con seriedad—. Es Víctor Fuentes el marido de nuestra Líder del clan.

 

Magdalena nos contempló estupefacta y luego se disculpó aun confundida, diciendo que lo que sabía sobre Víctor Fuentes es que su cabello y ojos eran negros a diferencia del vampiro que esta frente de ella. Sonreí incomoda por la situación. Víctor en tanto permanece tan serio que luce temible. Maximiliano tosió con claras intenciones de cambiar de tema.

 

—Quiero hablar con nuestros padres —señaló con gravedad. Magdalena lo contempló y sonrió.

 

—No los encontraras acá, ellos viajaron hace unos días —respondió.

 

—¿Viajaron? —arrugó el ceño extrañado—. ¿Pero cómo?

 

—Fue un viaje sorpresa para todos —respondió mirándolo extrañada al verlo tan desconcertado. Luego sonrió—. Tú sabes que ellos son así, varias veces viajaban apenas avisándonos momentos antes de irse de aquí.

 

El vampiro sin decir nada arrugó el ceño, aunque hay un dejo de alivió en su mirada no borra lo tenso de su rostro.

 

—¿Nuestros padres? —habló un tipo que apenas entraba al lugar, con un tono desagradable y una risa burlesca movió la cabeza a ambos lados—. Vaya que un recogido trate de padres a quienes solo por compasión lo cuidaron es... ridículo.

 

—Basta, Damián —reclamó la joven vampiresa tensando la mirada.

 

—Vamos hermana ¿Que aun Maxi crea que nuestros padres sean los suyos es...

 

—No hay tiempo para esto —Maximiliano les dio la espalda alejándose del lugar.

 

—Eres un idiota —exclamó Magdalena visiblemente molesta con quien acababa de llegar.

 

Víctor cruzó los brazos y bufó molesto, quise decir algo hasta que noté que aquel vampiro me contemplaba con fijeza. Arrugué el ceño y ante esto levantó sus cejas sorprendido.

 

—¿Quién es la mocosa? —me señaló en forma despectiva.

 

—"La mocosa" es la líder del clan —Víctor tensó su mirada.

 

Me quedo observando estupefacto, volvió a señalarme con ironía echándose a reír como si estuvieran jugándole una broma. Entrecerré los ojos y le di la espalda saliendo por el mismo lugar por donde había salido Maximiliano, la verdad es que no tenía ganas de seguir cerca de un individuo tan desagradable como ese.

 

Afuera Maximiliano contemplaba el paisaje, el frio viento revolvía sus cabellos y sacudía su largo abrigo de tono azul oscuro. En su espalda lleva una escopeta y dos hachas a los costados, son sus armas, aun en lo que fue su "hogar" no se las quita de encima.

 

—¿O ellos huyeron del asesino o es solo una coincidencia? Si no los conociera diría que es lo primero, pero ellos suelen hacer eso, sus viajes de placer sorpresa, según mi madre eso le da "chispas" a su vida —señaló como si notara mi presencia, sin darse cuenta entrecerró los ojos con un dejo de cariño. Es claro que los quiere, aunque no lo dice, y esto me da a entender que a pesar de haber sido entregado a esta familia ellos lo criaron como si fuera un hijo más.

 

—¿Que haremos ahora? —le pregunté alzando las cejas preocupada—- ¿Volveremos a casa?

 

—No —respondió de inmediato—. El asesino no se conformará con que le falte una pieza de su juego.




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