Cruzada de sangre - Linajes #2

Capítulo 38

Avancé con rapidez por el bosque rumbo a la carretera, aún faltan horas para que amanezca así que no me detengo, además la luz del sol me dará más ventaja. Rosa se ha quedado peleando con el enmascarado y aun cuando eso me da ventaja nada asegura que en el bosque no haya otros individuos ocultos esperando atacar. Por ello es por lo que sostengo la daga Aeternus en mi mano lista para entrar en acción ante cualquier dificultad. No puedo negar, sin embargo, que el silencio del bosque que con su espeso follaje rodea el lugar en una total oscuridad sumando mi poca desarrollada visión nocturna no me ayudan a moverme con más agilidad.

 

El gemido lastimero que rompe la monotonía del bosque me obliga a detenerme. Se qué significa esto, ragacez. Arrugo el ceño ante aquellas criaturas que se esconden ahora en las sombras. De seguro han sido atraídos a este lugar por el enmascarado y sus cómplices, ya que los bosques aledaños a la casona de los Fuentes siempre suelen estar resguardada y limpia para asegurar al líder del clan.

 

La hoz de Aeternus hace justo su aparición para detener a tres ragacez que se han lanzado con ferocidad contra mí. Los cuerpos de dos de ellos caen al suelo degollados mientras el tercero que evitó el fatal ataque se levanta mostrando sus colmillos amenazantes. Empieza a rodearme mientras giro a la par de él evitando que me ataque por la espalda. La criatura salta para atacar en el mismo instante en que siento la presencia de otro enemigo dispuesto atacarme por la espalda. Giro golpeando al ragaz mientras volteo deteniendo el ataque del otro ser, que resulta ser aquel enmascarado que atacó en la residencia de los Fuentes.

 

—No fue fácil sacarme a sus guardias encima, pero valió la pena beber esa sangre tan deliciosa —señala en tono irónico y puedo notar la sangre que ahora está salpicada en su máscara.

 

No puede ser que Rosa haya sido vencida por este individuo y aprieto los dientes notando como en su mano sostiene una larga espada y avanza con una actitud segura y amenazante.

 

—Quiero saber si lo que dicen es cierto… —dicho esto entrecerró los ojos, que son visibles aun con su máscara, y sonrió mostrando sus colmillos amenazantes— que la líder del Clan Vis Erinys es solo una mocosa llorona que se esconde bajo el resguardo de Cristóbal y Víctor Fuentes.

 

Arrugo el ceño al escucharlo decir eso, y sé que no es el primero que piensa así, sé que no he tenido la fortaleza de otros para enfrentar el cambio de humano a vampiros y mis primeros años fueron tropiezos y lágrimas que nunca me llevaron a nada, y es imposible hacerles entender a seres poco empáticos lo que todo este cambio significó para mí, no me avergüenza reconocer las debilidades que tenía.  

 

Noto al ragaz, que ataqué antes, poniéndose de pie y jadeando enfurecido. Debo deshacerme de esta criatura antes de que el vampiro enmascarado intente atacarme. La criatura dio un grito enfurecido y sin esperar nada se lanzó con todo contra mí. Sin tiempo para pensar solo me di la vuelta con Aeternus en la mano para acabar con él, pero un silbido sigiloso proveniente del lugar en donde está el vampiro enmascarado me obligó a girarme intentar esquivar algo que no puedo ver. Sentí un dolor penetrante en mi brazo izquierdo y mi propia sangre brotar y manchar mi ropa. Observó confundida al vampiro que parece no haberse movido de su lugar mientras esquivo al ragaz.

 

Estoy segura de que está herida no se produjo de la nada, aquello sería estúpido.  El ragaz no se detiene y vuelve a atacarme, esta vez sí acabaré con él, pero otra vez aquel silbido extraño interrumpe mis intenciones, nuevamente intento esquivarlo, pero el golpe lo recibo a un costado del vientre, y la sangre y el dolor brotan obligándome a retroceder con torpeza. ¿Será que no estamos solos? Aquel individuo sigue en su posición y el ragaz está al otro lado.

 

—Un vampiro que no es capaz de ver en la oscuridad, es algo tan poco cotidiano e interesante —habla el enmascarado riéndose.

 

Y al escucharlo hablar me doy cuenta de que está usando esto a favor suyo ¿Qué o quién será el que está atacando oculto en el follaje del bosque?

 

Ante la distracción el ragaz se lanza agarrándome por la espalda y los brazos intentando morder mi cuello. Esta sediento de sangre por lo que parece no estar dispuesto a soltar a su presa. Debo quitármelo de encima, pero cuando encuentro como hacerlo, por adelante, el vampiro con la máscara aparece con su espada atacándome directo al cuello. Con Aeternus detengo el filo de su arma, sin embargo, no retrocede, empuja intentando hacer retroceder a la hoz. Aprieto los dientes dándome cuenta de la complicada situación, por un lado, aquella criatura de aspecto desagradable no deja de enterrarme las uñas y con sus colmillos buscando el lugar exacto de donde una mordida puede permitirle extraer más sangre, por el otro lado el enmascarado que no piensa rendirse y sonríe al notar la expresión tensa de mi rostro.

 

Otra vez viene aquel silbido extraño, se acerca con rapidez, inclino mi cabeza hacia adelante esperando no equivocarme o será mi fin. Se escucha el grito de dolor del ragaz y la cabeza de este cae al suelo, seguido de su cuerpo inerte. Por ahora no puedo pensar demasiado que es lo que pasó, solo aprovecho la ocasión para defenderme del ataque del enmascarado. El individuo al notar que ha perdido su ventaja retrocede de inmediato. Nos quedamos quietos sin movernos de nuestra posición y lo escuchó reírse y alza su mano mientras un boomerang llega a esta.

 

Entonces eso es lo que provocaba ese silbido. Cada vez que me distraía lanzaba aquel boomerang confiado en que por mi ceguera nocturna no podía verlo y solo cuando estaba cerca me daba cuenta de su existencia.

 

—Un bosque como este me trae tantos recuerdos —señaló sin dejar de sonreír—. Siendo un niño tuve que correr por parajes similares huyendo de vampiros que nos usaban para sus apuestas cazándonos como animales, tuve que traicionar a mis propios amigos para sobrevivir, aprender a defenderme, a matar usando las mismas armas de mis verdugos, pero lo mejor era la venganza, el éxtasis de ver el dolor en esas cabezas cercenadas.




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