Cruzada de Sangre - Presagios #3

Capítulo 4

Maximiliano Alcázar, aquel detective vampiro que una vez nos ayudó a descubrir a un asesino de vampiros, me contempló con atención. Viajo desde Inglaterra que es el lugar donde vive para ofrecer su ayuda ante este caso. Fue inesperado, ya que a diferencia de antes que no parecía tener intenciones de ayudarnos a las buenas, ahora fue él mismo que se ofreció y vino hacia acá. No puedo negar que es un alivio tenerlo aquí. Alzó las cejas, y enderezó sus anteojos antes de pasarme el informe.

—No te ves bien ¿Aun la sesión de hipnosis te está afectando? —entrecerró los ojos antes de desviar su mirada—. No quiero reconocerlo, pero esa vampiresa —refiriéndose a Natalhy—, sabe bien como hacer su trabajo y ya han pasado días, lo mejor sería que tu marido te hiciera un chequeo, ya que él es médico.

 

Su pregunta hizo que abriera mis ojos sin saber que responderle, mi semblante es más por el embarazo, he vomitado todo durante la mañana, desvié la mirada cruzándome con la expresión preocupada de Víctor.

 

—Sí, lo haremos más tarde —respondí intentando quitarle importancia al tema, ya que el embarazo es algo que aun mantenemos en “cierto” secreto.

 

El vampiro siguió mirándome en silencio, su capacidad intuitiva de seguro lo hacen darse cuenta de que algo oculto. Se quitó sus anteojos y los limpió caminando hacia una de las esquinas de la sala.

 

—Vamos a los hechos de aquel día —señaló entrecerrando los ojos—. Habías ido a la prisión para visitar a Samanta. Como ella había solicitado hablar a solas contigo dejaste a tus guardias esperando afuera, Mauricio y Sefiros no vieron nada extraño en ese lapso que esperaron que volvieras. Luego de esperar mucho tiempo entraron a prisión y él individuo que te había guiado respondió que ya te habías retirado hace casi una hora. Te buscaron por toda la prisión. Cuando salieron al auto que estaba afuera, ahí estabas con la mirada perdida, intentaron saber dónde estabas, pero era como si ni siquiera recordaras que habías ido a visitar a aquella mujer. Pero de repente volviste a ser la misma de siempre y pensaron que tal vez las palabras que Samanta te dijo te hicieron perderte en tus pensamientos y por eso en un principio habías lucido tan apática.

Guardó silencio un momento mientras leía los otros documentos que tenía en sus manos.

—Luego de la hipnosis de esa vampiresa te hicieron exámenes sin encontrar nada físico que indicara algún ataque o algo parecido. Solo tu embarazo que luce normal —levantó su cabeza fijando sus ojos en mí—. Te felicitaría, pero no luces muy feliz con esto, debes tener tus propias inquietudes las que no hondare entendiendo que si no me lo dijiste antes es un tema del cual no quieres hablar.

 

 

 

 

Y luego dejando los documentos a un lado se acercó a la ventana.

 

—Cuando tu cabeza intentó recuperar sus recuerdos, tal vez debido a los mismos cambios hormonales de un embarazo, esto eso causo una distorsión que incluso podría despertar recuerdos ocultos. Nunca había pensado que un manipulador fuera quien estaba detrás de esto en vez de un hipnotista —agregó Maximiliano.

 

—¿Cuál es la diferencia entre ambos? —arrugué el ceño aun con una sensación amarga.

 

—Un hipnotista crea en tu mente algo que no ha existido, es como si hiciera una pintura en un lienzo blanco y te hace creer que es real. Un manipulador en cambio manipula un recuerdo existente cambiando detalles y haciendo que la víctima confunda su recuerdo con otro, si tomamos el ejemplo del hipnotista en este caso el manipulador es quien sobre una pintura ya creada agrega detalles y cambia pequeñas partes para hacer que el resultado final tenga una interpretación distinta y eso provoca que la víctima empiece a perder sentido de su propia realidad —señaló Maximiliano.

 

—¿Y cuál es la intención de quienes hicieron esto? —pregunté preocupada cruzando los brazos.

 

—Simple, ¿Cómo puedes provocar que alguien pierda su inestabilidad mental? Sumando que tiene unos poderes más allá de lo que imaginamos —su mirada se detuvo en Víctor—. Si pierdes al ser amado de una forma tan brutal, ya sea que es asesinado o esa persona se suicida frente a ti. Los humanos pierden el control en forma violenta, pero si sumas a un ser con poderes inimaginables las consecuencias serían nefasta hacia todos quienes le rodean.

 

—Entonces ¿Fue algo relacionado a esa maldita bruja? —preguntó Victor apretando los dientes.

 

Maximiliano movió la cabeza en forma afirmativa.

—No conozco a ningún otro que le interesaría descontrolar al hechicero oscuro, tal como ya pasó antes, salvo que ahora al no tenerlo bajo su control la única forma es utilizarlo como si se tratase de una bomba de tiempo —dijo seriamente—. Ahora al saber la existencia del bebé de seguro sus ojos también estarán encima de esa criatura.

 

Víctor bufó al escucharlo decir eso último, es claro que en ese punto no parece estar de acuerdo. Maximiliano lo contempló con severidad sin entender su gesto.

 

—Un hijo de un hibrido no es un bebé que pueda nacer —indicó el vampiro de cabellos oscuros.

 

El detective suspiró.

 

—Un bebé hijo de un híbrido es un engendro que termina por matar a su madre, lo sé —respondió Maximiliano—. Pero aquí estamos hablando de una vampiresa original, de un vampiro cuya sangre repara la sangre envenenada de un vampiro.

 

—Lo sé, pero eso no...

 

Lo interrumpió.

 

—Los vampiros originales fueron usados por años como objetos por los vampiros puros, o terminaban obligándolos a tener descendencia con ellos o los usaban como envases de sangre hasta matarlos, este es el único caso en donde un original se junta a un híbrido según se. ¿O quieras acabar con ese bebé por el miedo de lo que se convertirá?




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