Cruzada de Sangre - Presagios #3

Capítulo 16

Doy un fuerte suspiro y despierto de un sobresalto, mi corazón late con rapidez, asustado, acelerado como si estuviera saliendo de la profundidad de oscuras aguas.  Mi mente aun divaga en los últimos recuerdos. Sangre y muerte. Toso aun sin poder creer lo que ha pasado, luego comienzo a darme cuenta en que estoy dentro de una especie de ataúd lleno de flores que inundan con su olor el lugar. Me levantó con torpeza y camino tambaleante, mis piernas no responden bien y mi cabeza da vueltas confusa aun de todo esto. Llevo encima un vestido blanco, y un anillo de boda, lo contemplo estupefacta. Aun no entiendo lo que esta pasando

 

—¿Víctor? ¿Donde están todos? —observó la enorme sala de pilares gruesos y tono crema en cuyo centro en el cielo, cristales coloreados dejan pasar una claridad que no sé si es del Sol o no. Avanzo insegura notando las miles de flores que rodeaban lo que ya no dudo que es mi ataúd.

 

El silencio de la habitación me angustia aun más, lo último que recuerdo es la herida que me produjo la sombra de la espada de Tenebris y mi desfallecimiento en brazos de Víctor, tensé mi semblante ante mi desconocimiento de lo que ha pasado. Este no es nuestro hogar, además ¿Por qué estaba dentro un ataúd? Es terrorífico en cierta forma y cualquiera podría pensar hasta "normal" en un vampiro de acuerdo a las novelas de esto, pero no es normal dentro de la realidad que conozco. ¿Por qué Víctor me dejaría en este lugar?, o ¿Acaso estas son las dependencias de la muerte? ¿Estoy muerta? Trago saliva ante esta idea.

 

Intento abrir la enorme puerta de esta extraña sala circular, que me recuerda a las salas de los museos, y que llena la habitación de las luces multicolores que le da tan singular ventanal en el cielo. La puerta está cerrada, retrocedo para darme impulsos para romper la puerta sin embargo al escuchar pasos acercarse me quedo quieta esperando lo que puedo encontrar aparecer frente a mí. Cuando la puerta se abre no solo yo me quedo estupefacta sorprendida a quien veo entrar.

 

—¡¿Ca... Catalina?! —Marcos esta anonadado, dirige su atención al ataúd de cristal de seguro para cerciorarse que no soy una visión.

 

Lo contempló en silencio tratando de entender como llegué acá y porque estoy con Marcos pero mi cabeza solo da vueltas sin que pueda organizar mis ideas correctamente. Él tampoco parece salir aun de su estupefacción ya que sigue contemplándome como si no creyera lo que sus ojos ven.

 

—¿Que ha pasado? —le preguntó en actitud defensiva— ¿Donde está Víctor?

 

—¿Estas viva? —señala aun sorprendido sin responder mis preguntas.

 

—¿Que ha pasado? —retrocedo más confundida.

 

—Es difícil de explicar,  deberías primero sentarte y descansar —intentó acercarse pero seguí retrocediendo.

 

—¿Donde esta Víctor? ¿Y mi hija? ¿Que esta pasando? ¿Por que yo estaba en ese ataúd?  Dime ¿Que esta pasando? —lo interrogo angustiada por el mal presentimiento que me rodea.

 

—No estás en condiciones de...

 

—¡Por una maldita vez respondeme! —le gritó haciendo que me mire estupefacto—. Por favor...

 

Aprieta los dientes molesto por la forma como le he gritado. Carraspea desviando la mirada como si buscara paciencia en las paredes.

 

—Solo estoy tratando de protegerte —señala intentando estar más tranquilo.

 

— ¿Protegerme de qué? No te entiendo, dime que hago aquí y que paso con Víctor, con mi hija.... — fijo mis ojos sobre los de él confundida, mueve la cabeza molesto.

 

Suspira enfocando su fría mirada en mi rostro por lo que dándome cuenta de esto arrugo el ceño retrocediendo. Esto parece agradarle ya que su rostro refleja una satisfacción que me produce desasosiego.

 

—Todo el mundo te creyó muerta, y fue doloroso imaginar que te cremarían, no fue difícil sobornar a los tipos de la funeraria, dejaron que Víctor te contemplará en la tumba y luego reemplazaron tu cuerpo por una de mis sirvientas que se parecía a ti, fue a ella a quien la cremaron y entregaron sus cenizas a Víctor, no te imaginas su cara de dolor...

 

—No puede ser... — mascullé apoyándome en la pared y apretando los dientes al solo imaginarme la angustia de Víctor—. O sea estuve muerta ¿O no? Si es así ¿Por que he vuelto a la vida? 

 

—En todo este tiempo nunca sentí a tu corazón latir ni siquiera tu respiración. No podría responderte porque aun no creo lo que estoy viendo —agregó con seriedad.

 

—¿Y donde esta Víctor?... ¿Como nadie se dio cuenta que podría estar viva?

 

—¿De qué manera? esperando el rigor mortis —habló con severidad—. Los vampiros no pasamos por eso, en nuestra muerte parecemos dormidos, eso prestaba para que los humanos profanaran nuestras tumbas y según ellos "nos mataban" cuando ya estábamos muerto. Para que un vampiro entre a rigor mortis deben pasar más de diez años.

 

—Eso lo sé — guarde silencio, lo sabía pero esperaba que se dieran cuenta de que no estaba muerta, sobre todo Víctor, y aunque Marcos tiene razón—.  Dime donde esta Víctor necesito verlo y...

 

—Eso no podrá ser —me interrumpió con brusquedad arrugando el ceño.

 

—¿Por que dices eso? —tensé mi rostro fijándome en sus ojos fríos.

 

Arrugó el ceño sin decir palabra alguna. Es como si busca las palabras adecuadas pero no las encuentra.

 

—Tu vida me pertenece ahora —indicó con sequedad—. Olvídate de Víctor... él ni siquiera merece tu preocupación

 

Lo quede mirando sin creer lo que me acaba de decir ¿Que mi vida le pertenece? ¿Que me olvide de Víctor? ¿Que sucio truco esconde? Pero su rostro tensó, sus ojos semicerrados parecen ir más allá de sus egoístas palabras.

 

—Déjame ir  —exclamé apretando los dientes. Sí fuera alguien en quien confío creería que esta intentando protegerme, pero es un hombre que fue capaz de hacerme tanto daño que me es imposible sentirme segura a su lado.




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