Cruzada de Sangre - Presagios #3

Capítulo 26

Arrugué el ceño fijándome en la sería expresión de Fernando, quien inquieto se mueve de un lugar a otro, se ve bastante molesto y lo entiendo, sobre todo al darnos cuenta de la tranquilidad que embarga a Baltazar quien solo nos observa con su irónica sonrisa. Me quito partes de mi ropa para aligerar mi cuerpo dejando todo eso en manos de Fernando. Me extraña no saber nada Agatha, desapareció antes de que nos encontráramos con Ellen y hasta ahora no hemos tenido noticias de ella.

 

—Pase lo que pase debes continuar con nuestra misión —le indicó a Fernando contemplándolo con seriedad.

 

No parece muy contento con esto y me retiene de ambos hombros.

 

—No lo hagas, vamonos de aquí, nadie te obliga a esto, piensa en tu hija —sus ojos se quedan quietos en los míos y le respondo con una sonrisa de agradecimiento por su preocupación.

 

—Es por ella que debo hacerlo, no quiero que Millaray crezca en un mundo como este, sé que le haré falta si algo llega a pasar pero prefiero eso a que cuando crezca su destino sea pelear en una guerra a muerte contra su... —guardé silencio bajando la mirada—. Y quién sabe si tal vez la suerte me acompañe y pueda ganarle a esa mujer.

 

—En esto no existe suerte, ganará quien tenga mayor agilidad y fuerza —nos interrumpió Baltazar.

 

Fernando se volteó molesto y noté sus colmillos asomados amenazantes, Baltazar lo observó con altanería y burla. Antes de que ambos intentaran pelearse me coloque en medio de los dos.

 

—Terminemos con esto de una vez —le dirigí una fría mirada al vampiro mayor.

 

—Bien dicho, solo ten cuidado... intenta no matarla con tanta rapidez —la seriedad con que Baltazar dijo esto me descolocó por unos segundo pero tal vez sea otra más de sus ironías. Le di la espalda mientras tomaba el mango de la daga Aeternus.

 

—No estoy para tus bromas —mascullé con molestia caminando en dirección al lugar en donde tendríamos nuestra batalla.

 

Los gritos y algarabía de los vampiros presentes sedientos de sangre y violencia se hicieron ver, los ignoré fijando mi mirada solo en la figura femenina parada en el centro de aquel campo liso que habían escogido para la pelea. Los vampiros se empujaban por estar en el mejor lugar para observar nuestros movimientos. Ellen sonrió con seguridad al contemplarme y entrecerró los ojos de forma amenazante.

 

—Vamos niña apresúrate, las ganas de matarte me carcome la ansiedad —se movió estirando los brazos y pude ver varias espadas a su alrededor—.  Te haré sufrir como nunca antes de matarte.

 

Apreté los dientes mientras la daga Aeternus se transformaba en la enorme hoz. No sé que siento, si rencor, adrenalina o miedo tampoco entiendo el porque me odia desde que me conoció, es por Víctor, por Samanta o por alguna otra razón. Suspiré nerviosa, hacerle frente a un vampiro usualmente no me es difícil pero estoy frente a una mujer que ha vivido mucho más que yo y cuya experiencia sobrepasa la mía.

 

—Bien si logras vencerme te entregaré el nido completo y puedes hacer lo que te plazca con los vampiros que queden en él —exclamó Ellen.

 

Sonrió y antes de lo que me esperaba corrió con velocidad hasta estar frente a mí y darme un golpe directo que logre detener con el mango de la hoz, pero su golpe fue tan fuerte que fue inevitable no arrastrarme unos metros más atrás sin embargo logré mantenerme de pie no dejando que su golpe llegará a mi cuerpo. Retrocedió de un salto bufando frustrada, tal vez esperaba derrotarme con otro golpe.

 

—¡Va de nuevo! —me advirtió Fernando.

 

Di un salto evitando su ataque y pasando por sobre su cabeza quede a su espalda, pero detuvo la hoz con su propia mano sonriendo, hasta que la quemadura que mi arma empezó a hacerle daño a su mano lo que la obligó a soltar el filo con una expresión de desagrado.

 

—¡Maldita mocosa! ¡¿Cuántas veces debes morirte para que me dejes en paz?! —gritó apretando los dientes.

 

—No entiendo tus razones para odiarme tanto —respondí con seriedad.

 

—¡¿Y qué importa?! si de todas maneras esta es tu tumba —dicho esto volvió al ataque dando golpes fuerte sin siquiera permitirme responderle.

 

Detenía cada uno de sus ataques a pesar de esto estoy retrocediendo. Por cada golpe su fuerza va en aumento al igual que la ira que se ha apoderado de su rostro, sus ojos enrojecidos me miran con aborrecimiento y no oculta sus ganas de matarme. Inesperadamente cambió uno de sus golpes sin que lograra detenerla recibiendo en el vientre todo su odio. Entrecerré los ojos retrocediendo de inmediato antes de recibir otro golpe, ubicándome en una posición segura. Ellen se sonrió triunfal.

 

—Vamos, Emilia, a ver ahora quien sale humillada ¿No dijiste que jamás caerías ante mi? —señaló cruzando los brazos.

 

—¿Emilia? —agregué apretando los dientes por el dolor del golpe anteriormente recibido.

 

—No es la primera vez que ustedes pelean —indicó Baltazar—. Con Emilia tuvieron un encuentro como este, pero esa vez el poder de Emilia era claramente superior a de Ellen. 

Arrugó el ceño. 

—Catalina no es tiempo para tus tonterías ¿Por qué no acabas con esto de una vez?

 

Lo contemplé sin entenderlo, si pudiera claro que ya la habría detenido ¿Acaso piensa que tengo la misma fuerza de Emilia? Mi atención se volcó hacía Ellen quien sonrió con ironía estirando sus brazos dispuesta a volver a atacar.

 

—Tienes miedo a dejar tus sentidos libres por temor a no volver jamás —habló Baltazar con adustez—. Eres un vampiro no debes temer a tu propia fuerza, mi hermana a pesar de ser muy fuerte siempre fue consciente de hasta qué nivel de sadismo podía permitirse, un error pienso yo, pero lo que te quiero decir que nunca mató a nadie que no se lo mereciera a pesar de utilizar todo el poder que tenía, murió por salvarnos, si tú sigues en esa senda morirás también pero no cambiarás el destino fatal de este mundo, no salvarás ni a tu hija, ni a aquel hombre.




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