Cruzada de Sangre - Presagios #3

Capítulo 30

Apresuramos el paso, debemos llegar a las cuevas antes de que se haga de día, los vampiros no pueden avanzar de día a causa del Sol, y mi sangre no sería capaz de darles a todos la protección porque no es suficiente. Avanzábamos con el semblante serio y aunque algunos dicen bromas y se ríen estamos conscientes que no todos volveremos, y  no solo eso, si perdemos dejaremos a muchos desamparados a manos de la bruja y su ejército.

 

—Esto me trae muchos recuerdos —señaló Baltazar sonriendo con ironía—. El cazador, el rey y la vampiresa, es como repetir todo lo que paso hace años atrás... la muerte de los cuatro poseedores de las armas de Cadeum.

 

Solo lo contemplé por unos segundos y luego mi mirada se perdió en las profundidades del oscuro bosque.

 

—Si nuestro sacrificio acaba con esto no tenemos otra opción —agregó Francisca con el ceño fruncido en el que claramente deja ver su desagrado hacia el vampiro renegado.

 

—Es fácil para ti decirlo —inquirió Baltazar—. Si mueres revivirás si o si en cien años más. Si aquel rey de las hadas o Catalina fallecen no volverán a la vida, y si vuelven sus almas estarán tan infectadas de rencor y dolor que más que una ayuda puede que resulten ser más un peligro para este mundo...

 

—Eso lo sé —lo interrumpió molesta—. Es por eso que... —Francisca volcó su mirada en mi—. He dado órdenes a los cazadores a que si vuelven a nacer seremos quienes nos haremos cargo de ellos cuando niños, intentaremos criarlos y...

 

—¿Y si fracasas? no te olvides que aquel hechicero estuvo a tu cuidado cuando niño y aun así no pudiste evitar que se volviera contra ti, y que ahora sea parte del enemigo —con sus ojos ahora de color escarlata Baltazar detuvó su caballo frente a Francisca deteniendo su galope.

 

—Víctor huyó de mi lado —respondió con sequedad.

 

—¿Y por qué? Si supuestamente lo cuidabas para que fuera un "buen" niño...

 

—Por eso huyó —arrugó el ceño molesta y luego bajo la mirada suavizando su expresión—. Él huyó porque pensó que de esa forma me protegería, porque hubieron cazadores que me traicionaron y me acusaron de proteger a un vampiro del que se sospechaba que fuera la reencarnación del hechicero. Víctor se fue por protegerme a mí, siempre fue un niño cabeza dura y a veces actúa solo, él no se fue de mi lado por huir de mí, lo hizo por cuidarme a su manera.

 

—Víctor —musité arrugando el ceño con dejo de dolor.

 

—¿Que pasa Catalina? —preguntó Arístides que recién se había acercado al ver que Francisca y Baltazar no avanzaban.

 

—Nada —moví la cabeza hacia ambos lados.

 

Pero la verdad es que las palabras de Francisca me hicieron dudar ¿No será que Víctor está intentando protegernos? pero Agatha, él la mató. Es confuso, no puedo aclarar mis ideas, sino fuera por su muerte creería en eso, cerré los ojos un instante y al abrirlo veo el rostro amargo de Baltazar que sin mediar palabras acercó su caballo al mio tomándome del cuello de la blusa, abrí los ojos sorprendida por su brusca actitud.

 

—No seas una idiota como mi hermana —exclamó apretando los dientes— ¿Sabes porque la muy imbecil murió? Porque se enamoró, sí, se enamoró del mismo hombre que la llevó a la muerte... esa fe ciega a su marido la llevó a morir de la peor forma.

 

—¿Hablas de Amanda? —lo contemplé sin entender del todo lo que quiere decirme.

 

—Por aquel estúpido sentimiento humano de amor ¿De qué mierda le sirvió eso? Fue asesinada como un perro porque no fue capaz de matarlo hasta el final... y tú —entrecerró los ojos—. Vas encaminada a ese mismo final.

 

—Suéltala —amenazó Arístides apuntándolo con una de sus flechas mientras tensaba aun más su arco.

 

Baltazar me contempló en silencio con el ceño arrugado y luego me soltó alejándose con su caballo.

 

—Este mundo no necesita a alguien que solo busca egoístamente sacrificarse para evitarse el dolor de matar a quien antes fue el hombre que amó...

 

—No busco la muerte —repliqué en forma inmediata poniéndome de pie—. No puedo morir porque tengo una hija que proteger. Si Amanda se dejo matar es porque tal vez creyó en aquel hombre que era su marido, nadie estuvo con ella para saber si no peleó por su vida.

 

Baltazar volteó con seriedad y levantó la mirada hacia las copas de los arboles. Sonrió levemente.

 

—Amanda nunca dejó de ser una estúpida cobarde siempre fue demasiado humana para ser un vampiro... pero yo tampoco fui lo que ella necesitaba.

 

Y sin esperar mi respuesta se alejó con su caballo y galopando nos adelantó yéndose al grupo de más adelante en que va Cristóbal y Fernando. No alejé mi mirada de él hasta perderlo de vista, arreglé mi blusa aun dando vuelta en mi cabeza sus palabras.

 

—No me gusta la actitud de ese tipo —exclamó Arístides acercándose a mi lado.

 

—Esta bastante más tranquilo de como lo conocí —agregó Francisca acercándose—. Al parecer le afecta estar cerca de la reencarnación de su hermana.

 

—No, no es eso —arrugué aun más el ceño—. Él sabe que por ahora no le conviene atacarnos, porque si pudiera hacerlo ya hubiera tomado el control de todo pero sin nosotros esta en conocimiento que no podría vencer solo a la bruja.

 

Ambos me miraron sorprendidos pero luego afirmaron con la cabeza. El fuerte viento revolvió nuestros cabellos, ya estamos saliendo del bosque adentrándonos a las cuevas de los cuervos bajo los pies de las frías montañas. Comienza a amanecer por lo que nos repartimos en dos grupos para bajar los víveres y descansar. Escondimos a los caballos y prendimos antorchas al entrar a las enormes y oscuras cuevas. Encendimos una fogata en donde preparamos algunos alimentos, aunque la mayoría de los vampiros y hadas optaron por comerse la carne cruda.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.