POV: William Ashford
El vuelo desde Europa había sido una pesadilla de retrasos, turbulencias y videollamadas interminables, pero todo el cansancio de las últimas veinticuatro horas se desvaneció en el instante en que cruzó las puertas del salón.
No le importaba el lujo del evento ni los saludos de cortesía de los invitados que intentaban llamar su atención al pasar. Su atención, el único motivo por el cual se había apresurado tanto para llegar a tiempo a la boda de Olivia, tenía nombre y apellido.
Buscó a Lottie entre la multitud con la tranquilidad de quien conoce de memoria cada detalle de su figura.
No tardó en encontrarla. Estaba cerca de una de las mesas centrales, sosteniendo una conversación educada con una sonrisa que para cualquiera parecería impecable, pero que él sabía descifrar muy bien: contenía tensión, atrapada en una atmósfera que le pesaba.
William acortó la distancia con paso firme, dejando atrás el murmullo del salón. Al quedar a solo unos centímetros, no esperó a que ella terminara de hablar.
—Llegué —murmuró con voz baja y cálida, haciendo que Lottie girara hacia él de inmediato.
Antes de que ella dijera una palabra, William la tomó por la cintura con total naturalidad, como si ese fuera su lugar en el mundo, y la atrajo hacia su pecho. Pasó los dedos por la nuca de ella, inclinó el rostro y la besó con una mezcla de alivio, ternura y urgencia contenida.
Un beso que sabía a tranquilidad, a complicidad y a refugio en medio del caos.
Lottie parpadeó sorprendida, pero el desconcierto se disolvió en una risa suave y liberadora. Apoyó la cabeza en su hombro, dejándose abrazar con absoluta confianza y entregándose a la calma que solo él sabía transmitirle.
Al separarse un poco para regalarle una sonrisa radiante, el brillo en sus ojos le confirmó a William que cada hora de viaje había valido la pena. Él era el hombre correcto para ella. El que llegaba para quedarse.
A pocos metros de allí, inmóvil y con el vaso de whisky apretado entre los dedos hasta blanquearle los nudillos, Nate lo presenciaba todo.
Frente a sus propios ojos. Sin rodeos.
Vio la forma en que William la tomaba por la cintura. Vio cómo Lottie buscaba refugio en su hombro sin dudarlo un segundo. Y en ese instante, Nathaniel Sinclair sintió cómo algo en su interior se rompía. Una punzada amarga y ardiente le atravesó el pecho al ver lo llena de vida que ella parecía entre los brazos de otro.
Porque por primera vez desde que ella había regresado…
comprendió que Lottie ya no estaba sola.