El aspecto de la Grieta había cambiado por completo. Los colores que antes iluminaban aquel extraño mundo habían desaparecido, sustituidos por tonos oscuros y apagados. El aire se había vuelto más frío, y una inquietante sensación recorría el lugar.
Nadie sabía qué iba a suceder.
—Alguien envió a esa criatura... —dijo el escarabajo, observando a la Mantis Híbrida—. Así que yo les ayudaré. Nadie rompe mi hogar.
Todos lo miraron con incredulidad. Hasta hacía unos momentos, aquel insecto no era más que una pequeña criatura parlante posada sobre el hombro de Lucas. Ahora hablaba como si estuviera dispuesto a enfrentarse a un monstruo capaz de acabar con todos ellos.
—¿Nos ayudarás convirtiéndote en el desayuno de la Mantis? ¿O piensas distraerla para darnos tiempo de atacar? —preguntó Lyan con ironía.
—No seas idiota. No estamos para bromas. La energía que irradia esa criatura es enorme. Tendremos que utilizar todo lo que tengamos si queremos salir vivos de aquí —respondió el escarabajo.
Todavía no me acostumbro a que los escarabajos hablen..., pensó Valente, sin apartar la mirada de aquella pequeña criatura.
No tuvo tiempo de pensar en nada más.
En un abrir y cerrar de ojos, la Mantis Híbrida se abalanzó sobre ellos. Su enorme guadaña descendió con una velocidad aterradora.
—¡Cuidado!
Los seis se dispersaron justo antes del impacto.
¡BOOOOM!
La guadaña se estrelló contra el suelo. El golpe hizo temblar toda la zona y abrió una enorme grieta en la tierra, levantando fragmentos de roca y una nube de polvo.
Lucas apenas consiguió mantener el equilibrio.
—¡Es rápida y muy fuerte! —exclamó mientras consultaba su brazalete—. ¡Parece que absorbió una cantidad enorme de energía de la Grieta Pacífica!
La Mantis retiró su guadaña y volvió a levantarla, dispuesta a atacar de nuevo.
Pero Lyan ya se había movido.
Corrió hacia la criatura y descargó un golpe contra su cuerpo, obligándola a retroceder unos pasos. Aprovechando el desequilibrio, los demás se lanzaron al ataque.
No tenían la fuerza de Lyan, pero tampoco podían quedarse esperando a que el monstruo los despedazara.
Golpearon las articulaciones, atacaron los costados y buscaron cualquier abertura entre las placas de su exoesqueleto. Sin embargo, cada vez que se acercaban demasiado, la Mantis respondía con un corte que los obligaba a retroceder.
Valente sintió un ardor repentino en el brazo.
Una de las guadañas lo había alcanzado, dejando una herida superficial. Apretó los dientes y se apartó antes de que el siguiente ataque terminara lo que había comenzado el primero.
Los demás tampoco salieron ilesos. Pequeños cortes comenzaron a acumularse en sus cuerpos, mientras el cansancio dificultaba cada movimiento.
La Mantis, en cambio, seguía en pie.
Entonces, una voz retumbó entre el estruendo de la batalla.
—Creo que ha llegado mi turno, humanos...
El escarabajo saltó del hombro de Lucas y aterrizó frente a sus compañeros.
Por un instante, permaneció inmóvil.
Después, su cuerpo comenzó a desprender una energía oscura. Una corriente de poder lo envolvió y el suelo bajo sus patas se resquebrajó. Pequeños fragmentos de roca se elevaron a su alrededor, atraídos por aquella fuerza desconocida.
—¿¡Qué está pasando!? —gritó Lucas.
La criatura empezó a crecer.
Su cuerpo se expandió rápidamente, mientras una capa negra, semejante a la obsidiana, cubría sus patas y buena parte de su exoesqueleto. Un enorme cuerno emergió de su cabeza, mucho más grande que el anterior, y unas grietas anaranjadas brillaron entre las placas de su armadura.
En pocos segundos, el pequeño insecto se había convertido en una criatura de cinco metros de altura.
Ahora tenía el mismo tamaño que la Mantis Híbrida.
El escarabajo levantó la cabeza y contempló su nuevo cuerpo.
—Esta transformación se llama... ¡Escarabajo Soberano! ¿Les gusta?
Durante unos segundos, nadie respondió.
—Jamás había visto que un Escarabajo de Grieta pudiera transformarse de esa manera... —dijo Lyan, esquivando otro ataque de la Mantis—. ¿Qué eres tú?
El escarabajo soltó una carcajada.
—Bueno, es que, en realidad, los Escarabajos de Grieta no se transforman.
Lucas frunció el ceño.
Entonces, ¿qué demonios es esta criatura?
No tuvo tiempo de formular otra pregunta.
El Escarabajo Soberano inclinó el cuerpo, apoyó sus patas contra el suelo y se lanzó hacia delante.
—¡APÁRTATE DE MI HOGAR!
Su enorme cuerno impactó contra el torso de la Mantis.
¡CRAAASH!
El golpe levantó una nube de polvo y lanzó al monstruo varios metros hacia atrás. La criatura chocó contra una formación rocosa, que se desmoronó parcialmente bajo su peso.
Por primera vez desde el comienzo de la batalla, la Mantis había recibido un golpe que realmente la obligaba a retroceder.
—¡Perfecto! ¡Ahora otra embestida, escarabajo! —gritó Lyan.
El Escarabajo Soberano giró lentamente la cabeza hacia él.
—¿Qué te crees que soy? ¿Tu Pokémon? ¡Humano insolente!
—¡Pues deja de discutir y sigue golpeándola!
—¡VOY A GOLPEARTE A TI CUANDO ACABE CON ELLA!
A pesar de sus protestas, el escarabajo volvió a lanzarse al combate.
La Mantis se incorporó y extendió sus guadañas. Un crujido metálico recorrió sus extremidades mientras las hojas crecían, alargándose hasta adquirir un filo todavía más amenazador.
—Eso no estaba en los datos... —murmuró Lucas, mirando su brazalete.
La criatura había cambiado su estrategia.
En lugar de atacar de forma impulsiva, comenzó a utilizar ambas guadañas de manera sincronizada. Una cortaba el paso mientras la otra buscaba el cuerpo de su objetivo. Cada movimiento obligaba al escarabajo a retroceder o a interponer su armadura para evitar un impacto directo.