Cuando el mundo siguió igual

Capitulo 16 (El Rey Escarabajo)

El Rey Escarabajo

El escarabajo entró volando por la ventana de la habitación de Lucas. Tras recorrer el lugar con un par de vueltas, se acomodó en uno de los espacios libres, como si aquella habitación también le perteneciera.

Lucas acababa de despertar. Se estiró perezosamente, bostezó y se frotó los ojos para despejarse. Todavía medio dormido, reparó en el pequeño visitante.

—Eh… ¿Dónde estabas, escarabajo? —preguntó, observándolo mientras se acomodaba.

—Fui a alimentarme un poco. ¡Qué buenas criaturas tienen para comer! En especial esas cosas llamadas… ¿vacas? Creo que así se llamaban.

Lucas lo miró con desconcierto. Por un instante, intentó imaginarse a aquel insecto alimentándose de una vaca, pero decidió que era mejor no preguntar.

Sacudió la cabeza y, movido por su curiosidad, tomó al escarabajo entre las manos para examinarlo de cerca.

—¿De qué estás hecho, escarabajo? —preguntó, girándolo ligeramente para observar su caparazón.

—¡Eh, cuidado! Soy sensible en esta forma… Además, deja de llamarme «escarabajo». Me llamo Kuro.

El pequeño insecto consiguió escapar de sus manos y revoloteó por la habitación, manteniéndose fuera de su alcance.

Lucas suspiró.

—Está bien, perdón, Kuro.

Se sentó en la cama y apoyó los codos sobre las rodillas. Ahora que estaba completamente despierto, había varias preguntas que necesitaba hacerle.

—Tú dijiste que los escarabajos de Grieta no podían mutar ni convertirse en algo como lo que tú eres. ¿No es así?

—Eso es cierto —respondió Kuro, adoptando una postura orgullosa mientras flexionaba las patas delanteras, como si presumiera de unos músculos inexistentes.

Lucas lo observó unos segundos.

—Entonces… ¿qué eres exactamente?

—Buena pregunta. Ojalá quisiera responderte.

Kuro soltó una risita y comenzó a volar por la habitación, disfrutando de la expresión de desconcierto de su compañero.

—Maldito insecto… —murmuró Lucas.

—Está bien, está bien. Solo porque me caes bien y porque tu hombro es bastante cómodo, te contaré algo.

Lucas levantó la cabeza de inmediato. Su expresión cambió por completo: ahora estaba atento a cada movimiento del escarabajo.

Kuro se posó sobre su hombro y carraspeó, como si estuviera a punto de pronunciar un discurso solemne.

—Soy un Rey Escarabajo.

Lucas parpadeó.

—¿Un qué?

—Un Rey Escarabajo. ¿Acaso tengo que repetírtelo en otro idioma?

Lucas decidió ignorar el comentario.

—Continúa.

Kuro acomodó sus patas sobre el hombro de su compañero antes de proseguir.

—En realidad, no suelo habitar en las Grietas. Las invado. Si encuentro una que me gusta, me quedo a vivir en ella. La Grieta Pacífica, aquella en la que entraron ustedes, fue mi hogar durante mucho tiempo. Pero no nací allí.

Lucas frunció el ceño.

—¿Entonces dónde naciste?

—En una Grieta corrupta. Aunque, para ser más precisos, aquella Grieta no era exactamente como las que conoces.

Lucas se inclinó ligeramente hacia él, interesado.

—¿A qué te refieres?

Kuro guardó silencio durante unos instantes. Su actitud juguetona pareció desvanecerse, sustituida por una expresión difícil de interpretar.

—Te contaré mi historia.

La historia de Kuro, el Rey Escarabajo

Hace aproximadamente quinientos años, existió una reina que deseaba tener una criatura extraordinaria como mascota.

No le interesaban los animales comunes. Quería algo único, una criatura que pudiera exhibir ante su corte y que demostrara su poder y prestigio. Por ello, ordenó a sus cazadores recorrer diferentes territorios y capturar monstruos cada vez más poderosos.

Cuanto más temible era la criatura, mayor era la posibilidad de satisfacer los caprichos de la soberana.

Sin embargo, ninguna lograba complacerla.

Por más imponentes que fueran, ninguna parecía llenar aquel vacío que la reina intentaba satisfacer.

Hasta que sus cazadores encontraron una Grieta cuyo interior albergaba una diversidad extraordinaria de seres vivos.

A diferencia de otras, aquella Grieta no conducía simplemente a un territorio aislado o a un espacio con condiciones particulares. Era la entrada a un mundo entero, diferente de aquel en el que habitaban los seres humanos.

Un mundo con sus propios ecosistemas, sus propias criaturas y una historia que había transcurrido durante incontables generaciones sin que la humanidad supiera de su existencia.

Pero los cazadores no se interesaron por comprender aquel lugar.

Por orden de la reina, comenzaron a capturar y matar a sus habitantes, buscando una criatura que pudiera satisfacerla.

Y cuando ninguna de ellas cumplía sus expectativas, las eliminaban.

Yo apenas era un pequeño insecto. No tenía la fuerza necesaria para defenderme, mucho menos para enfrentarme a quienes estaban destruyendo mi hogar.

Solo podía esconderme.

Recuerdo los gritos, los golpes y el ruido de las criaturas intentando escapar. Recuerdo cómo sus voces se apagaban una tras otra mientras yo permanecía oculto, incapaz de hacer algo.

Mi pequeño tamaño me permitió desplazarme entre las grietas del terreno y los escondites más estrechos. Así conseguí sobrevivir, mientras muchos otros seres de mi especie no tuvieron la misma suerte.

Es cierto que los escarabajos de Grieta son criaturas bastante comunes, pero los de mi especie somos diferentes.

No dependemos necesariamente de las Grietas para sobrevivir. Nuestra anatomía nos permite adaptarnos a una gran variedad de condiciones, y lo hacemos con una rapidez extraordinaria.

Sin embargo, ni siquiera esa capacidad habría bastado para salvarnos de aquella matanza.

Cuando casi todos los seres vivos de mi mundo habían sido aniquilados, algo comenzó a cambiar.

La realidad se deformó. El entorno se volvió irreconocible y las condiciones de aquel lugar dejaron de ser las mismas.



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En el texto hay: suspenso, suspenso magia, suspenso accion

Editado: 22.10.2026

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