Cuando el mundo siguió igual

Capitulo 19 (El mensaje que nunca llegó)

Capítulo — El último mensajeEn algún lugar, lejos de los protagonistas…

—¡No! ¡No te entregaré más información sobre Diantra!

La voz de la muchacha resonó entre las formaciones rocosas de aquella Grieta. Era de estatura ligeramente superior a la media, de tez morena y complexión atlética. Llevaba el cabello oscuro recogido en una coleta alta, con algunos mechones sueltos que se agitaban cada vez que se desplazaba. Vestía una chaqueta corta de color negro, reforzada en los hombros y los antebrazos, sobre una camiseta azul oscuro. Un cinturón con pequeños compartimentos rodeaba su cintura, mientras que sus pantalones ajustados y sus botas de combate le permitían moverse con libertad sobre el terreno irregular.

Su nombre era Yatzi.

Para Diantra, era una agente de confianza. Sin embargo, su verdadera labor era mucho más peligrosa de lo que cualquiera de sus compañeros podía imaginar: se había infiltrado entre quienes servían a Vaelion para obtener información y transmitirla a los suyos.

Ahora, aquella misión amenazaba con convertirse en su última.

Frente a ella, Vaelion permanecía inmóvil, observándola con una tranquilidad inquietante. La había acorralado contra una formación rocosa y, pese a las amenazas de la muchacha, no parecía tener ninguna prisa por terminar el enfrentamiento.

—¿De verdad quieres morir? —preguntó.

Yatzi apretó los puños, procurando no revelar el temor que comenzaba a invadirla.

—¿De verdad crees que moriré aquí?

Vaelion ladeó ligeramente la cabeza.

—No soy de creer cosas. Prefiero conocerlas.

Levantó una mano e hizo un movimiento casi imperceptible con los dedos.

El terreno frente a Yatzi se partió de inmediato. Una línea de cortes atravesó la superficie rocosa y avanzó hacia ella, levantando fragmentos de piedra y polvo. La muchacha reaccionó por instinto: giró sobre uno de sus pies y se apartó justo a tiempo. Uno de los cortes pasó tan cerca de su cuerpo que rasgó parte de su chaqueta.

Yatzi miró de reojo la hendidura que acababa de aparecer en la roca.

—Vaya, sí que eres lento para atacar.

Vaelion no respondió a la provocación.

En cambio, movió nuevamente la mano.

Esta vez, varios cortes se dirigieron hacia ella desde distintos ángulos.

Yatzi comenzó a desplazarse a gran velocidad, aprovechando las irregularidades del terreno para cambiar de dirección. Saltó sobre una roca, se impulsó contra otra y se deslizó por una pendiente antes de esquivar un nuevo ataque. A su alrededor, enormes fragmentos pétreos flotaban suspendidos en el aire, como si la gravedad hubiese dejado de ejercer su dominio sobre aquella región.

La muchacha conocía bien ese tipo de entorno. Las Grietas no siempre obedecían las leyes del mundo del que procedían sus visitantes, y sobrevivir en ellas exigía aprender a utilizar cualquier ventaja disponible.

Necesito entregarle esta información a Diantra… Maldición. Vaelion me tiene acorralada.

Un corte pasó rozándole la pierna.

Yatzi cambió de trayectoria y se ocultó brevemente detrás de una roca flotante. No podía permitirse cometer un solo error. Cada segundo que permaneciera allí aumentaba las probabilidades de que su misión fracasara.

—¿Crees que tu gran agilidad podrá contra mí? —preguntó Vaelion con desdén.

Ni siquiera se había movido de su posición inicial.

La muchacha asomó la cabeza durante un instante y volvió a esconderse cuando una línea de energía atravesó la roca, partiéndola en dos.

Tengo que huir o derrotarlo aquí. Si no consigo escapar, nunca podré reunirme con Diantra y los demás.

Entonces ocurrió algo extraño.

El ojo derecho de Vaelion, de un intenso color rojo, comenzó a brillar con mayor fuerza. Una energía invisible se extendió a su alrededor y formó una esfera que lo envolvió por completo. El espacio dentro de aquella barrera pareció distorsionarse, como si una capa de aire denso se interpusiera entre él y el resto del mundo.

Yatzi salió de su escondite.

—¡Eso no me intimida!

Extendió el brazo y concentró su energía en la palma de la mano. Una luz azulada se reunió entre sus dedos hasta formar un rayo que salió disparado hacia Vaelion.

El ataque impactó contra la esfera.

Sin embargo, en cuanto la atravesó, su velocidad disminuyó considerablemente. La energía perdió gran parte de su impulso y terminó golpeando a Vaelion con una fuerza mucho menor de la esperada.

El hombre apenas retrocedió un paso.

Miró el punto donde había recibido el impacto y después dirigió su atención hacia la muchacha.

—Vaya. Tu ataque consiguió alcanzarme. No quisiera imaginar lo que habría ocurrido si lo hubiera recibido de lleno.

Una sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.

—Así que esa es tu estrategia. Te desplazas por todo el terreno, buscas una oportunidad y atacas cuando encuentras una abertura. Nada mal.

Yatzi no respondió. Estaba demasiado ocupada intentando comprender la naturaleza de aquella barrera.

Mi ataque perdió fuerza al atravesarla… ¿Está reduciendo la energía de todo lo que entra en contacto con ella?

No tuvo tiempo de continuar con sus deducciones.

El ojo izquierdo de Vaelion, de color amarillo, comenzó a resplandecer.

—Bien —murmuró.

Su mirada adquirió una expresión distinta, más concentrada. El brillo de aquel ojo se intensificó hasta iluminar parcialmente su rostro.

—¡Premonición!

Vaelion dejó escapar una carcajada.

—Ahora podré anticiparme a tus patéticos movimientos.

Yatzi sintió que el margen de error acababa de reducirse todavía más.

El hombre se lanzó hacia ella.

La esfera de energía permaneció adherida a su cuerpo mientras avanzaba, y la velocidad con la que se desplazaba resultó sorprendente. Yatzi consiguió mantener el ritmo durante los primeros instantes, esquivando sus ataques por una distancia mínima.



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Editado: 22.10.2026

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