Cuando todo dejo de importar

El día que dije que si

Era un día cualquiera, de esos que pasan sin pena ni gloria. Llevaba ya unas cuantos días hablando con un chico que, aunque no quisiera admitirlo del todo, me había empezado a llamar la atención. Era alto, llevaba gafas y su pelo parecía tener vida propia, siempre un poco revuelto. Ni siquiera su voz se decidía, entre el tono infantil y ese raspado de adolescente. Se llamaba Alex

Lo más curioso era que, entre nosotros, apenas había conversación. A veces, en los pasillos, caminaba tan rápido que me dejaba atrás. Y, para ser sincera, podía llegar a ser bastante desagradable conmigo.

Además, yo no estaba segura de querer una relación. En ese momento, mis padres no me permitían tener novio y mi relación con mi madre tampoco pasaba por su mejor momento. Sentía que ya tenía demasiadas cosas en la cabeza como para añadirle el peso de una relación.

Pero entonces, sucedió. Escuché que me llamaban. Levanté la vista y ahí estaban, mi mejor amiga, el mejor amigo de él, y él, por supuesto, frente a mí. Él sostenía una carta.

"Es para ti", me dijo.

La tomé sin saber muy bien qué hacer. Me había pedido que la leyera sola, pero era una oportunidad demasiado buena como para perdérmela, así que nos apartamos un poco y empezamos a leerla juntas. Cada palabra me ponía más nerviosa. Y al llegar al final, allí estaba la pregunta: "¿Quieres ser mi novia?".

Me quedé mirando la hoja por unos segundos. La verdad es que yo, en ese momento, pensaba decirle que no. Ese día me fui a casa con la decisión casi tomada. Le había prometido que al día siguiente le daría mi respuesta: sí o no.

Y llegó el 5 de mayo de 2023. Entré al colegio como si nada, aunque por dentro no había dejado de pensar en esa carta en toda la mañana. Iba decidida. Iba a decirle que no.

Pero había un pequeño problema. Ese chico no se me iba de la cabeza. No entendía por qué. Si ni siquiera hablábamos tanto. Si a menudo me dejaba atrás caminando. Si podía ser antipático. Si yo misma había dicho que no estaba lista. Aun así, él seguía ahí, apareciendo en mis pensamientos una y otra vez.

Durante el descanso, mi mejor amiga, Em, terminó por convencerme. "¿Crees que nosotros vamos a durar?", le pregunté, todavía con dudas. Ella me miró con una seguridad total. "Sí. Yo creo que mucho". Todavía recuerdo esas palabras. Y, aunque no lo sabía entonces, Em había acertado de una forma que aún me sorprende.

Después del descanso, él estaba junto a su mejor amigo, esperándome frente a mi salón, cerca de las escaleras. Sabía perfectamente que tenía que darle una respuesta. Pero me daba una vergüenza terrible. Así que, cuando llegó el momento, miré a Em. "Dígaselo usted". Ella entendió al instante y se lo dijo por mí. Pero él negó con la cabeza. "No le creo. Que me lo diga ella".

Sentí la necesidad de desaparecer. Él empezó a insistir para que se lo dijera yo misma, mientras yo intentaba reunir el valor suficiente para pronunciar una sola palabra. Hasta que finalmente me rendí. "Sí...", dije, casi a regañadientes. "Sí, no jodas".

Y así, con un simple "sí" dicho entre nervios, vergüenza y muchas dudas, empezó todo. Sin saberlo, acababa de decir que sí a una historia que se convertiría en una de las más importantes de mi vida.




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