Cuarentena Forzosa

4

Capítulo 4

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Te cambio un regalo por un beso.

➥ Niklaus Moretti era el primogénito, sí.

No obstante, el favorito era Keller ─siempre había estado seguro de ello porque Theodor amaba a su bebé…, a su niñito tan dedicado e inteligente; y Gitti también lo veneraba ya que, para ella, Keller era el único que sabía amar de verdad─… y él jamás se quejó de eso; después de todo, ¿cómo podría siquiera intentar comparar su desastre con la perfección del gemelo?

Niklaus se había acostumbrado de tal forma, que ya no le molestaba, en absoluto. Nunca mostró tirria hacia su hermano; puestos a ser sinceros, Kell no se lo merecía, y él tampoco era ese tipo de persona…, el rubio no conocía el egoísmo; no con su familia.

Theodor Moretti, cuando su hijo mayor alcanzó los nueve años, no se molestó en darle un regalo. Niklaus creyó que su padre simplemente lo había olvidado; no significaba nada, es decir, ¿cuántas cosas no olvidaba él, siendo un niño? ¿qué sería de su pobre papi, con todo ese trabajo y responsabilidades? ¡Nik lo entendía! empero, tampoco recibió nada cuando alcanzó los diez, ni los doce, ni los dieciséis…

Entonces él comenzó a fijarse en que sus hermanos sí recibían detalles; sí recibían cariño ─¡y también atención! ¡Theodor nunca estaba ocupando para escuchar los divagues de Aris, o para vitorear a Heller en sus competencias, o incluso para leer las boberías que escribía Taddeo! pero con él (con su primer hijo) nunca era así…: no asistió a ninguna de las presentaciones de Niklaus y mucho menos apoyó su pasión por la música─ y también los amaba… a ellos.

Hubo algo en Nik que no le permitió darse cuenta de que su padre no lo quería y lo demostraba así: excluyéndolo; dándole a sus otros hijos lo que, por más que se esforzara, el muchacho no obtendría ni en mil años.

… y luego, cuando el joven de ojazos disímiles ─uno era de un azul profundo, como aguas turbulentas; el otro de un verde esmeralda suave─ cometió aquel error donde casi termina encarcelado, tan solo con dieciocho años, supo que lo único que tenía ─¡lo único que siempre tendría!─ eran sus hermanos…, su escuadrón.

¿Se había equivocado?

Aquella arrugada nota estaba escrita con una caligrafía bastante delicada y decía: «creo que estoy embarazada; y sí, es tuyo.

Sash.»

─¿Qué dice? ─curioseó Aris, impaciente─. Joder, te has quedado con una cara de culo ─se mofó el joven.

Sasha sintió un pinchazo de culpa; no había deseado estropear el cumpleaños de Niklaus, pero debió anticipar que eso ─esa reacción; ese terror irrebatible en los peculiares ojos de su amigo─ iba a ocurrir: sin importar que ella se lo dijera en ese instante, o el día siguiente… eso estaba destinado a pasar.

─Bien ─habló Taddeo, ya que Nik parecía haberse quedado sin voz─. ¿Qué es lo que has preparado, Keller? ─inquirió en dirección a su hermano; Kell captó el mensaje implícito en apenas segundos: había que dejarlos solos─. Tengo hambre.

Aris y Hell coincidieron con Taddeo.

─Son unas perras codiciosas ─bufó Kell─. Limpiarán la cocina si ensucian todo.

Heller dejó escapar una carcajada; sin embargo, no rebatió nada. Sasha los vio a todos dejar el salón y… tuvo miedo; se imaginó a Niklaus diciéndole que el problema no era suyo y echándole en cara que, de no haber estado bajo los efectos de otras sustancias, jamás se habría acostado con alguien como ella ─Sash no estaba fingiendo, ¡ella en verdad no sabía lo bonita que era! No sabía el poder que tenía sobre los hombres… sobre ellos─ y pensó en que él se molestaría tanto que iba a odiarla.

El pánico le obstruyó la garganta.

─Sasha ─la llamó él, cuando la percibió alejándose─. ¿Por qué no me lo dijiste antes?

─No lo sé… ─contestó ella, bajito.

Niklaus exhaló un suspiro; él, a pesar de ser el mayor, no supo cómo expresar lo que sentía sin hacerle daño a su amiga. La mezcolanza de emociones que se ceñía en su pecho comenzó a calcinar cada ápice de raciocinio.

─Mírame ─le exigió, más firme─: mírame a los ojos cuando hables, Sasha ─reiteró.

La pelirroja no se movió, sin embargo.

─… ¿te arrepientes de haberte acostado conmigo? ─fue él quien lanzó la pregunta─. ¿Te arrepientes de pedirme que te follara? ¿es eso?

El joven de melena dorada aguardó a que ella lo negara; necesitaba oír su respuesta más que cualquier otra cosa.

¿Se arrepentía de haberse entregado a Nik? ¿se arrepentía de haber disfrutado sus besos, sus roces…, su manera de murmurarle obscenidades al oído mientras la follaba duro; sin frenos ni cortesías?

Joder, él la había hecho sentir más que bien, más que excitada, más que mujer… Niklaus era un hombre de ensueño en cada maldito aspecto y sabía cómo enloquecerla con su experiencia, con sus palabras, con la forma ansiosa en que la trataba en la cama; ¿cómo iba a ser capaz de arrepentirse? pero confesárselo así…, no pudo hacerlo.

─Nik, estaba ebria, ¡y drogada! ─respondió, sin devolverle la mirada.

Sasha no se percató de la decepción que camuflaban los peculiares ojos de su amante.

─¡Yo también, maldición! ¡había bebido y fumado más que en toda mi vida! ─replicó él─. ¿Crees que yo quería esto? ¿crees que planeé sorprenderte en un momento de debilidad para luego echarme hacia atrás como un cabrón de mierda?

─Jamás he dicho eso ─ella lo incitó con el tono a bajar la voz; no quería alertar a los demás.

─Entonces mírame ─volvió a pedirle─. Mírame y dime por qué parece que soy el último imbécil en enterarse que esperas un hijo mío.




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