Cuarentena Forzosa

6

Capítulo 6

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Los Moretti son como una droga: tentadores, adictivos y… dañinos.

➥ A Sasha se le cortó la respiración; sin embargo, no lloró.

Aris la había dejado tan aturdida que no consiguió moverse; ¿todo ese enojo era por haberse acostado con Niklaus? Se sintió incrédula porque ella creía conocerlo ─lo conocía, joder─ y jamás habría esperado esa reacción de él…, quizá sí de Taddeo e incluso de Heller, pero ¿Aris?

 ─Sasha ─la muchacha sacudió un poco la cabeza. No podía sacarse la imagen del menor gritándole porque… ¿cuándo, en el infierno, le había gritado él?─. ¡Sash!

Un balbuceo consiguió escapar de sus belfos rosáceos cual suplica; empero, ella ya no estaba segura de qué suplicaba. La confusión le aturrulló el raciocinio.

─¿A dónde fue el imbécil de Aris? ─inquirió Keller, en dirección a su gemelo. La pelirroja se percató de que los demás ya habían salido de sus habitaciones y lucían confusos; como si realmente no entendieran qué rayos había ocurrido y la verdad es que ella tampoco─. ¡Heller! ─rugió.

─¡A la fiesta! ─gruñó el susodicho, reaccionando─. ¡La maldita fiesta de Connor!

Sasha se encogió al escuchar el nombre; no se iba a engañar, el único Connor que todos conocían era él; su exnovio: Connor Foster. Una sensación extraña le invadió el pecho, similar al pánico… era cierto que, en ocasiones, se mofaba sobre lo desastrosa que había sido su relación; no obstante, pensar en él como parte de su presente le daba tanto miedo.

─¿Por qué Aris iría a una fiesta de ese imbécil? ─habló Taddeo─: ¿por fin se volvió loco?

Niklaus se detuvo frente a ella y la detalló en apenas segundos; verla usar una polera de Taddeo ─y admirar lo sensual que conseguía verse con algo tan simple─ le provocó una ligera sensación de celos… y no era la primera vez: Nik siempre había experimentado celos de Keller y Taddeo por lo cercanos que eran a Sasha.

─¿Qué ocurrió? ─le preguntó; él la conocía lo suficiente como para notar la maraña de emociones en sus irises grisáceos─. ¿Muñeca?

La joven consiguió menear la cabeza, y el movimiento sutil provocó que sus bucles rojizos se balancearan armónicamente.

─Se enfadó ─susurró, con voz trémula. Cada uno de los allí presentes clavó la mirada en ella─…, por lo de nosotros.

Niklaus notó el cambio en la expresión de Heller; era oficial: todos ellos lo sabían.

─Joder ─la maldición de Hell le llegó lejana─. ¡Aris hablaba en serio! ¡Te la follaste! ─Keller se colocó en medio de su gemelo y el rubio cuando éste dio dos pasos hacia adelante─. ¿La embarazaste? ─lanzó la pregunta como una daga; filosa.

El mayor de los Moretti no contestó y Taddeo maldijo; los cinco eran conscientes de que Heller odiaba no recibir respuesta; no era un tipo paciente en lo absoluto.

─¡Era lo único que no tenías que hacer! ─reclamó y dio un paso más, casi estampándose contra el pecho de Keller─, ¡a la única que no tenías que tocar!  ¿¡qué cojones está mal contigo!?

Sasha se mostró dispuesta a interceder, y Nik deseó que no lo hiciera; que no dijera absolutamente nada porque ellos no le debían explicaciones sobre su vida sexual a nadie.

─¡No es su culpa! ─defendió─. ¡Estábamos drogados y yo se lo pedí! ¡le pedí que me follara porque así lo quería, ¿comprendes?!

Heller soltó una risa sarcástica.

─Tienes un gusto irremediable por los imbéciles, ¿no? ─se burló─. Por eso les encanta jugar contigo; por eso piensan que pueden usarte y largarse como si nada, ¿y luego qué? ─su tono era rudo y sus palabras certeras─: pues nada, terminan creyendo que les perteneces, como pasó con el idiota de Connor, y nosotros tenemos que resolver la mierda que tú inicias.

Ella se congeló.

Primero Aris y ahora Hell… ¿cómo podía soportar todas esas balas que le estaban lanzando? Su corazón escocía ante la mirada malévola que le lanzaba el gemelo; ante a crueldad de sus palabras y el mensaje implícito en ellas: eres una tonta. Joder, ¡desde luego lo era! Se lo recordaba a sí misma cada día e intentaba cambiarlo, pero nunca lo conseguía porque estaba perdida…, era tan tonta que la inmensidad de dolores pasados no sería suficiente, ¡siempre debía haber más!

─Heller, basta ─alzó la voz Niklaus en una advertencia cortante.

─¿Qué? ─replicó el otro, mordaz─. ¿Se esperaban una jodida felicitación?

Lo había esperado de Heller, sí. Dedujo que él se molestaría porque era así: volátil, impulsivo y susceptible; desde niños, lo encasilló como el Moretti más fácil de hacer rabiar ─lo que era un tanto irónico ya que, también, a las chicas les parecía el más relajado y divertido (después de Aris)─ y le costaba el doble que al resto asimilar los cambios en su entorno ─cuando adoptaron a Taddeo él se negó a dirigirle la palabra durante meses; Sasha incluso creía que Heller, en algún momento, lo odió─; por ello no había  esperado una reacción bonita…, sin embargo, puestos a ser sinceros, nada como eso rondó su mente.




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