Custodia Compartida con el Alfa

CAPÍTULO 1

La palma de Mar se estrelló con fuerza en su mejilla.

—¡Cómo te atreves a pedirme que sea tu amante! —gritó furiosa, mientras lágrimas de decepción y dolor le corrían por las mejillas.

—Mar, no quiero perderte… —desesperado, se arrodilló frente a ella y la abrazó—. Tengo que casarme, pero no quiero que me dejes.

—¡No voy a ser tu amante!

—Solo será por un tiempo. Yo te amo…

—Si me amaras, no me estarías pidiendo esto. —negó con la cabeza, incapaz de soportar más aquella situación—. Si me amaras, sería a mí a quien le pedirías que fuera tu esposa.

—Sabes que no puedo. —se aferró con más fuerza a ella—. Tengo que casarme.

—Pues hazlo, pero lo nuestro se acaba en este momento. —lo empujó por los hombros para que la soltara.

—No. No, mi amor, no me dejes. —suplicó—. Dame tiempo para resolver esto.

—No voy a esperar ni un segundo más a que me elijas. ¡Se acabó! Cásate con ella y haz lo que quieras. Yo me voy y no volveré nunca.

—¡No te voy a dejar ir!

—¡Suéltame! —gritó entre sollozos.

—Mar, por favor… —la voz se le quebró y él también rompió a llorar, tan desconsolado como ella.

—Te odio, Cillian. Ojalá nunca te hubiera conocido. Jamás debí enamorarme de ti. ¿Un Alfa y una humana? Debí estar loca para siquiera pensar que lo nuestro sería posible.

Lo empujó de nuevo y, esta vez, él la soltó.

—Mar…

—Adiós, Cillian.

Recogió sus zapatos y su bolso antes de precipitarse hacia la salida de aquella habitación de hotel.

—¡Mar, no me dejes!

Ella no se detuvo. Corrió cada vez más rápido, alejándose de él y de aquel amor imposible.

—Regresa… —murmuró, destrozado—. Mi amor, regresa… ¡¡¡REGRESAAAA!!!

Abrió los ojos de golpe y miró a su alrededor, como si todavía esperara encontrarla frente a él.

—Solo fue un sueño… Un recuerdo…

Se llevó las manos a la cabeza y respiró hondo, intentando calmarse.

—Mar… Mi Mar… —sus ojos permanecieron fijos en la ventana por un momento—. ¿Dónde estarás?

Tomó una fotografía de ella que guardaba escondida en el cajón de su escritorio y acarició su rostro con el pulgar.

—Han pasado varios años ya…

Una lágrima solitaria rodó por su mejilla.

El tiempo no había conseguido que dejara de amar a la humana a la que había renunciado por cumplir con las obligaciones de su manada.

Mar siempre sería su único amor, su destinada. Porque, aunque ahora estaba casado, su unión con su esposa no significaba nada para él. No había amor, deseo ni aquel lazo especial que debía existir entre dos almas destinadas a estar juntas. Mucho menos una marca que los uniera como pareja.

—¡Papi!

La puerta del estudio se abrió de golpe y su pequeña entró corriendo.

Guardó la foto en el mismo cajón.

—¡Mar, mi amor, feliz cumpleaños!

El Alfa la levantó y le llenó el rostro de besos, dejando a un lado, los recuerdos que todavía lo atormentaban.

—Otra vez te quedaste a dormir aquí, trabajas demasiado —dijo su esposa, Lumira, cruzada de brazos en el marco de la puerta.

Él la ignoró.

—Papi, ya están arreglando todo para mi fiesta de cumpleaños.

—Como tiene que ser mi lobita —le dio otro besito en la frente—, mi princesa solo se merece lo mejor de este mundo.

—Vamos a que veas mi vestido, papi.

—Claro que sí —se puso de pie con ella en brazos.

—Un momento, necesito hablar contigo, Cillian —avanzó hasta el escritorio—. Mar, sal de aquí y déjame a solas con tu padre.

—Pero mami, papi va a ver mi vestido...

Su madre la miró de forma severa.

La pequeña se aferró a su padre como si temiera que la fuera a golpear con el cinturón, como cada vez que su padre se iba de viaje.

—Lo que sea tendrá que esperar —dijo él, sintiendo el ligero temblor en el cuerpecito de la niña.

Sabía que su esposa no era amorosa y si muy estricta con su hija. A veces demasiado. Ya habían discutido por eso, esta vez no iba hacerlo para no arruinar el momento de su pequeña.

—Pero Cillian...

Él la miró de forma glacial. Su esposa bajó rápidamente la cabeza intimidada.

Él no agregó nada más y salió de la habitación.

—Papi... —susurró bajito.

—¿Qué pasa mi amor?

—¿Por qué mami siempre está enojada?

Subieron las escaleras y entraron a su habitación de cortinas largas y paredes rosas.

—Mamá tiene muchas preocupaciones con la manada, no está enojada...

—Mmm...

—No pienses más en eso, mejor enséñame tu vestido.

Una sonrisa adornó sus labios.

—Sí, papi...

Se bajó de sus brazos y corrió a su vestidor tarareando una canción feliz que le había enseñado su abuela.

Mientras la esperaba, Cillian se acercó a mirar por la ventana. Los organizadores de la fiesta de su hija, estaban recorriendo los jardines de la mansión con mesas, sillas y manteles en tonos pasteles.

—¡Aquí está papi!

Su pequeña Mar se acercó puesta el vestido y la corona, que su abuelo le había mandado a hacer en una se sus joyerías.

—Dios... —se llevó una mano al pecho y la otra a la boca, fingiendo que sufría un pequeño infarto.

—¿Me veo bonita? —dio vueltitas, modelando el vestido de princesa.

—Eres la niña y lobita más linda de todas —se acuclilló frente a ella con una amplia sonrisa en los labios y le acomodó la corona.

—¡Ya quiero que vengan los abuelos para celebrar mi fiesta!

—¿Estás ansiosa por ver tus regalos?

—Quiero pedir mi deseo.

—Me pregunto que es eso que quieres pedir.

—Te lo puedo decir, papi —se puso de puntillas y él agachó la cabeza—. Quiero un hermanito con quien pueda jugar —susurró en tono confidencial.

Cillian se apartó lentamente, sintiéndose un poco triste.

El deseo de su pequeña era imposible de cumplirse. Él nunca tocaría a su madre, así que no habría hermanito.

—¿Y otra cosa que quieras, mi vida?

Ella negó con la cabeza.

—Bueno, me gustaría que mami también juegue conmigo, pero si tengo un hermanito ya no será necesario.




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