ARCO 1:EL COMIENZO DE LA MAGIA
El amanecer llegó con un silencio extraño. Ni el canto de las aves ni el susurro del viento se oían. Lyssandra observaba el horizonte desde la ventana de la torre, inmóvil, como si esperara algo. Kael, inquieto, sintió por primera vez un frío que no venía del clima.
El estruendo llegó poco después: tambores, pasos de botas, el ladrido de perros. Decenas de hombres armados rodeaban la colina. No eran cazadores improvisados; llevaban estandartes, escudos, ballestas… y odio en los ojos.
—Escóndete —ordenó Lyssandra sin apartar la vista de ellos.
Kael obedeció, pero la rendija desde donde miraba le mostró la escena que lo marcaría de por vida. La puerta estalló en astillas. Los soldados irrumpieron, gritando acusaciones de herejía y maldad. Lyssandra no se defendió. No conjuró fuego ni invocó sombras. Solo se dejó atar, como si ya hubiera aceptado su destino.
—¡No! —gritó Kael, saliendo de su escondite, pero un golpe en la cabeza lo dejó aturdido.
Cuando recuperó la conciencia, estaba atado, arrastrado junto a la multitud que llenaba la plaza central de la ciudad. Sobre un escenario improvisado, Lyssandra estaba de rodillas, rodeada de guardias y sacerdotes que recitaban oraciones para “purificar su alma”.
Kael forcejeó contra las cuerdas hasta cortarse la piel. Nadie lo escuchó. El verdugo levantó su espada, y el mundo se volvió un ruido sordo. Vio la hoja descender, vio el cuerpo caer, y lo último que alcanzó a ver fueron los ojos de Lyssandra buscándolo entre la multitud… y sonriendo, como si quisiera decirle algo que él nunca entendería.
El grito que escapó de Kael no fue humano. Algo dentro de él se quebró y, al mismo tiempo, algo despertó.
La magia que Lyssandra le había enseñado se derramó como un torrente furioso. Los guardias cayeron, las llamas consumieron la tarima, y el caos se apoderó de la plaza. Pero antes de que pudiera destruirlo todo, lo sometieron. Golpes, cadenas y oscuridad.
Lo último que oyó antes de perder el sentido fue la voz de un soldado:
—Enciérrenlo. Si vive, lo hará en las sombras.
Ese día, Kael juró que ningún humano quedaría con vida....