ARCO 1:EL COMIENZO DE LA MAGIA
El bosque estaba silencioso, roto solo por el crepitar de ramas bajo las botas del Guerrero Anti-Magia. Kael se mantenía a distancia, estudiando cada movimiento. La magia corría por sus venas como un torrente listo para estallar, pero había un problema: a cada paso que el enemigo daba, su poder se desvanecía como humo ante el viento.
—He oído historias de ti —dijo Kael, esbozando una sonrisa tensa—. Todas terminan igual: tú muerto.
—Hoy la historia cambiará —respondió el Guerrero, alzando su espada negra.
Kael lanzó el primer ataque: un muro de llamas se alzó entre ellos, pero se desmoronó al instante, como si nunca hubiera existido. El Guerrero atravesó el hueco con una velocidad imposible, obligando a Kael a retroceder. Un corte rozó su rostro; el filo dejó un ardor extraño, como si hubiera cortado algo más que piel.
Entendió entonces que el acero nigro no solo anulaba la magia: hería el vínculo mismo entre mago y poder.
Kael cambió de táctica. Usó la ilusión para multiplicar su imagen en diez copias que rodearon al enemigo. El Guerrero giró su espada en un arco perfecto y las ilusiones se disiparon al instante. No era un oponente que se dejara engañar.
La lucha se volvió un juego mortal de distancias. Kael lanzaba conjuros rápidos para ganar segundos, encendiendo raíces bajo tierra o cegando al enemigo con destellos, mientras el Guerrero respondía con golpes calculados que obligaban a Kael a mantenerse en movimiento constante. Cada vez que el filo se acercaba, sentía que el mundo entero se apagaba a su alrededor.
Un error casi le costó la vida: intentó invocar un rayo directo, pero el Guerrero lo desvió con un corte horizontal que partió el hechizo en dos y lo hizo estallar detrás de Kael. El calor le quemó la espalda, y la voz del Guerrero resonó fría:
—Sin tu magia, no eres nada.
—hahahahaha, y tu, sin tu armadura no eres nada, un maldito perro de la nobleza. Dijo Kael con ira y sed de sangre en cada palabra que decía como deseando que muera todos.por sus manos.
Kael sonrió, aunque sangraba por la comisura de los labios.
—Entonces aprenderé a matarte sin ella.
Invocó una última ráfaga para cubrirse y saltó hacia atrás, desapareciendo entre la espesura. No era una retirada cobarde: era una promesa. La próxima vez que se vieran, Kael estaría listo para romper el acero nigro… o morir intentándolo.
—cobardeee. Grito el caballero saltando sobre el pero no pudo la ráfaga lo hizo evadir..