Los muchachos se encontraban nuevamente en aquel lugar, la atmosfera era diferente a las muchas veces que habían estado, Bruno recordaba ese lugar con algo de nostalgia, pero la nostalgia por algo de constante cambio se santa de manera tan extraña, miraban que las tierras verdes, y el pequeño cenero había desaparecido en su lugar se encontraba una tierra completamente árida y desolada. La miraron con cautela, puesto era mucho el tiempo que había pasado, las armadas cambiaban según su entorno, mostrándose más apropiadas para aquella época, tenían trajes de cuero y grande ponchos que cubrían la armadura.
Los chicos lo miraban extrañados avanzaban por el camino raído, esta era la primera grieta existente, pero también era el lugar de la pesadilla de aquellos, un lugar tan misterioso que caminaba constantemente, esto era lo que temían en ese momento. Caminando a un rumbo desconocido, jamás se habían alejado más de lo necesario, pues aquellos lugares son bastante traicioneros.
Caminando por un largo tiempo miraban las casas antiguas, destruidas por el paso del tiempo otras intactas, y algunas completamente quemadas. Miraban a personas en aquellas casas, desnutridos y con una mirada de miedo. Al mirar a personas nuevas, algunos niños estaban detrás de sus padres, las antorchas iluminaban poco la aldea, intentaba pasar esa parecido. Pero llamaban tanto la atención. Que era evidente que solo eran forasteros de paso. Pasaban rápidamente llegando con un anciano quien los paraba en un momento.
Todos se paraban el anciano comenzaba a hablar de manera alterada.
Todos se miraron y Del fue quien tomaba la palabra.
El anciano se aparta rápidamente con una expresión gélida en su rostro se alejaban varios pasos y Del comenzaba a hablar con ellos con una voz baja.
Detrás de ellos escuchaban nueva la voz el anciano.
Miraban detrás de ellos estaban la mayoría de las personas el pueblo estaban detrás el anciano con lo que podían agarrar, herramientas palos y piedras.
El anciano chiflaba y caían flechas detrás de los chicos, antes de que reaccionaran eran atravesados por ellas. Miraban la sonrisa del pueblo. Todos esperando a que dieran el último suspiro, solo se escuchaba la risa de Del.
Los chicos se desvanecían y estaban tendidos muertos. Las personas se comenzaban a acercar a los cadáveres para sacarlos, pero miraban como se levantaban, la armadura comenzaba a bruta de ellos, el anciano pensaba que solamente eran las ultimas fuerzas de aquellos chicos.
Se abalanzaban los aldeanos, antes de que realmente se dieran cuenta miraban el destello de la armadura que tenían. Se iluminaba radiantemente, en ese momento comprendido que aquello era simplemente una equivocación que ya no podían corregir. Detenían los golpes, y aparecían armas de sus palmas, rebanaban a las personas como mantequilla, ejecutándolas en el acto, no había misericorde de esos chicos. Generaban armas de largo alcance para eliminar a los tiradore. Dejando solamente al anciano que miraba como en pocos minutos todos los que conocía estaban muertos.
Mira con terror o aquellas armaduras. Solo podía pronunciar palabras ilegibles por el pánico y el miedo, la ira emanaba de él, pero era imposible poder hacer algo realmente. Todo estaba echo. Las tres armaduras se paraban frente a él, en ese momento, se arrodillaban mirando nuevamente a los jóvenes, que aparecían asustados y completamente pálidos. Aquello simplemente no era algo que comprendiera. La falta de aire, el miedo y el pánico también se reflejaba en esos ojos, se recompilan rápidamente. Pero sin dudarlo comenzaban a hablar con aquel anciano.