Dea Flava

Capítulo 14

La princesa estaba en el centro de un pequeño charco de agua tratando de atrapar a unos renacuajos que brincaban. El agua se veía de un azul cielo que le recordaba a un animal extraño, algo así como el que tenía el duque. Ella negó con la cabeza.

Ysæūn apareció detrás de ella suspirando. Se inclinó para ver qué era lo que hacía la princesa.

—Alteza real, debería estar haciendo algo más importante que esto.

—Tú también, vete.

Lemun recorrió el entorno con la mirada hasta guiar sus ojos hacia unas flores de jazmín y aplastar con la mano a un bebé renacuajo. El sonido de una rana comenzó a acercarse hacia ella hasta que el animal la atacó en el brazo, obligándola a soltar al pequeño.

—Ves lo que provocan tus molestias.

—Aquella vez no quería interrumpirlos, ya sabe —dijo él, señalando el arma que se asomó con un destello de jade—. Fue él quien me llamó.

—¡Cállate! ¿Cuál interrupción, si yo quería que ese duque se fuera de mi vista? —Tembló al recordar el roce de sus dedos finos en su cintura—. ¿Y tú por qué estabas así, todo mojado?

—Alteza real, todos tenemos que tener tiempo para descansar.

—Nosotros no nos cansamos.

—No, quizá usted no. Pero no sé por qué siento que desde que la conozco me canso demasiado y tengo que ir a las aguas termales para sentirme más vivo —le dijo él con voz de víctima—. Ni siquiera puedo limpiarme; algo que usted debería hacer.

—¿Me estás llamando sucia? —indicó ella, señalándose con un dedo. Llena de lodo, se miró a sí misma y luego desvió la mirada hacia las flores de Criolias—. ¿Tú por qué me estás hablando tan familiarmente?

—Porque creo que me caes bien.

—Yo creo que tú a mí no —respondió con recelo, mientras la ayudaba a levantarse.

Ella se limpió las manos en su ropa de seda, que llevaba varios lazos dorados rodeándole la cintura. La túnica profunda, con el rebozo transparente que lucía sobre el pecho, estaba hecha un desastre.

—Me dan lástima sus sirvientas. Cuidar a una persona como usted debe ser fastidioso.

—Los inmortales no se fastidian.

—Entonces yo no soy uno.

Ella lo miró y se acercó a él como lo había hecho con el duque. Se dio cuenta de que él no tenía los ojos azules ni como el cielo; eran castaños, sin profundidad ni la cualidad cristalina de los marrones con bendiciones. Entonces se apartó de él.

—¿Cuándo vas a tener tu bendición?

—Primero tengo que conseguir la inmortalidad —dijo él enseguida.

—¿Cuándo será?

—Cuando la Gran Madre lo desee, alteza real.

—¿Morirás?

—Morirme como tal no podría ser. Aun así, no estoy tan alejado de ser un mortal. Esas palabras son usadas solo en Xi; resérvelas para ellos.

Xixia llegó junto a ellos y Lemun se levantó para abrazarla, ensuciándole el vestido de color lila. Xixia puso una cara de asombro al ver la reacción y bajó las pestañas ante el rostro lastimero de Lemun. Termino acomodándole el cabello que le caía frente a la cara, dorado como los hilos de oro que se usaban para sus vestidos.

—Te he extrañado tanto —dijo la princesa con voz que sonaba lejana, a pesar de estar tan cerca de su amiga—. ¿Dónde has estado todos estos días?

—He estado ocupada tomando el té con el marqués, caminando por los laberintos, buscando salidas... —comenzó a decir en lengua Xi, viendo de reojo a Ysæūn, quien tenía la mano cerca de la nariz. Pensó por un momento que tal vez ella olía mal, pero al ver a Lemun con lodo entre las manos y la ropa, supuso que se trataba de la princesa.

La princesa negó con la cabeza, rehusándose a creer que lo que decía fuera verdad. La abrazó con mucha más fuerza debido a un pinchazo que comenzaba a formársele en el pecho, quemando como el fuego de los volcanes de la estación Volcā. Un ruido se le apretó en los huesos de plata, aliviándose al contacto con Xixia.

Ysæūn dio un paso hacia atrás. Su línea de constitución inmortal burbujeaba entre los choques de cada parte de su cuerpo. Dio otro paso más hacia atrás hasta percatarse de que otro olor sombrío, con aromas a hojas secas, se colocaba detrás de él.

El marqués lo saludó con una mano alzada, pero el guardia le retiró la vista para observar únicamente a los renacuajos que nadaban junto a la madre rana. Las hojas de loto sobre los charcos de agua no tardaron en ensuciar sus calzados y sus vestimentas, ya que se había puesto a recolectar pequeñas hojas verdes para encontrar una que se pareciera más a una nube de un Alcara.

—Sabes, Xixi, los inmortales no pueden mentir si los miras a los ojos, porque en su pupila hay un animal que se expande —dijo la princesa con un ramo de lotos y hojas en la mano.

—¿De verdad? ¿Y a los humanos qué les hacen, lo mismo? —insinuó Xixia, inclinándose a tomar un loto.

—No, claro que no. Para eso hay una bendición que se llama verdad legislar. Para que un mortal pueda dominarla le lleva cincuenta años, e igual a un inmortal. Pero cuando un humano normal como yo la llegue a dominar, estará anciano, entonces... —El marqués pausó, llevándose una mano al mentón—. Estará bastante débil; cuando coma tendrá que racionarle para poder controlar el crour.



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En el texto hay: fantasia, inmortales, imperio

Editado: 04.10.2026

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