Dea Flava

Capítulo 20

Xirae se encontraba acomodando su cabellera oscura con motas de castaño en las puntas cuando un toc, toc de la puerta la hizo girar. Era Xrill, que llevaba en sus manos un vestido grande con movimiento de seda, aunque no lo fuera.

Tenía un color melocotón y en su bordado llevaba el cocodrilo de Xi, junto con pajaritos en el borde del vestido. Era un encaje blanco. Detrás de ella entraron varias sirvientas que llevaban una camisola color crema. Otra de ellas llevaba un corsé que bien le ajustaría a la cintura bien marcada de Xirae.

—¿Para qué es todo eso? —preguntó extrañada mientras veía a otra sirvienta entrar.

Llevaba una crinolina de aro bastante grande que apenas podía caber bien dentro de la puerta. Con bordes de madera y otros de yeso platinado. Otra de ellas llevaba la enagua que usarían en caso de que el vestido entero no estuviera a la medida de Xirae.

Otra de ellas llevaba cintas color melocotón de un hermoso tono. Esas lucían como seda líquida.

—Dicen que hoy viene alguien especial. La Gran Madre nos ha ordenado que nos alistemos y nos veamos preciosas.

—Y la emperatriz, ¿ya la han preparado? Puedo hacerlo sola —dijo, alejando con una mano el camisón que le tendía una sirvienta Xi, que llevaba un vestido holgado de algodón.

—La emperatriz ya está lista, sigo yo después de ti —la tranquilizó Xrill, acomodándola en la cama con la colcha aún sin tender.

Su camisón de dormir era de color verde, como el vestido que otra de las sirvientas trajo. Ella llevaba un moño grande en la cabeza, no como las otras que llevaban un lazo en la punta de su melena. Una distinción de que era la sirvienta de Xrill.

De vez en cuando, a Xirae se le olvidaba que Xrill era la hija de una duquesa y de un duque de la frontera. Uno de los más importantes. Al igual que olvidaba que ella era una noble a quien las sirvientas tenían que atender.

Una mujer entró de último y llevaba consigo un maletín lleno de maquillaje y joyas preciosas que brillaban a la tenue luz de la araña.

La desvistieron y le limpiaron con trapos mojados las axilas, la entrepierna, la cintura y los pies. Las manos, una de las sirvientas le terminó por quitar cualquier mugre diminuta de entre las uñas. Otra de ellas acomodó sus prendas menores y le colocó el camisón.

Xrill caminaba de un lado a otro escogiendo las joyas que le irían bien en su cuello, alrededor de su oreja y una pequeña tiara del revés en su cabeza. Su rostro se arrugaba al negar la que no le gustaba e iba por otra y hacía el mismo gesto. Fue hacia el vestido y trató de asimilar que el dorado iba mejor. Aunque al final prefirió dejarlo a un lado.

Una de las sirvientas de moño, que era de las suyas, la levantó de la cama. Y observó si sus dientes estaban bien, fue por un recipiente de agua y sal, combinado con extracto de bambú, y le pidió que se lo tomara.

Xirae hizo caso e hizo gárgaras, después escupió en el recipiente pequeño que había traído otra de las sirvientas.

Había mujeres de aquí para allá, unas de blanco algodón y otras de verde con lazos.

Una mujer trajo uno de bronce para poder pulir sus dientes y Xirae abrió bien la boca hasta que ya no pudo más. El olor de la mañana se había ido, y ahora le traían un aromatizador de rosas y menta. Ella lo bebió y lo escupió. Tenía el aliento bastante fresco ahora.

Luego otra mujer trajo el corsé y entre dos se ayudaron para ajustarlo con fuerza a la cintura de Xirae, entregando las cintas hasta que ella quedara esbelta. Otra mujer le trajo la crinolina de aro y se empezó a colocar de la cabeza hasta la cintura y se lo ajustaron, quedando perfecta en ella. Le pusieron el vestido melocotón y Xrill aún lucía indecisa por qué joya debería usar.

—¿Quién es ese alguien importante?

—Creo que es la mejor guerrera de Soukur, le tengo una idolatría desde que tengo ocho años, cuando la vi por primera vez. Cuando la veas pensarás que tiene el cabello como la princesa real, pero no, es más rubio el de esa mujer. Y es… —se detuvo para escoger mejor las palabras— preciosa. Nunca he visto a una mujer tan preciosa, es un inmortal tan bella como esta estación.

—¿Solo por eso me tengo que ver tan radiante? —hizo un gesto de dolor cuando una sirvienta encontró un mechón rebelde con nudos.

—Vendrán más nobles de Soukur, tienen que celebrar el nuevo Sacarsieber. Aunque dicen que ya terminará pronto.

—¿En dónde es que te has metido estos días para saber todo eso?

—Me lo dijo la Gran Madre, ¿puedes creer que ella tenga una voz preciosa cuando se relaja? Pues yo no lo creía hasta hoy. —Terminó por escoger la tiara dorada y se la colocó entusiasmada a Xirae.

Su turno de Xrill llegó después, un vestido verde limón le cubría aunque su aro era menos voluminoso que el de Xirae. Se veía lo suficientemente linda para que ella la recibiera con una sonrisa acogedora.

Ambas fueron entusiasmadas a la habitación de su emperatriz y la saludaron con una reverencia como era el protocolo. Aunque si por ellas fuera no lo harían, de todos modos Xixia les prohibía reverenciarse ante ella estando en privado. Nunca le hicieron caso.

Protocolo es protocolo, decían.

Xixia llevaba un vestido lila. Un poco más claro, el vestido era igual de pomposo que el de Xirae, solo que ella en vez de tener el escote a la vista lo ceñía con una tela de seda líquida.



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En el texto hay: fantasia, inmortales, imperio

Editado: 30.10.2026

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