—Concubina... ¿Qué es una concubina? ¿O a qué se refería ese hombre?
Ysæūn la miró de prisa y bajó la vista hacia Mimi, quien lo tenía sujeto de los hombros, intentando protegerla.
—Tengo entendido que se trata de una especie de esposa, alteza real. No tengo conocimientos profundos de ello, pero cuando estuve en Soukur había un hombre que tenía siete concubinas oficiales y dos sin nombre. También lo oí decir que tenía consortes y una esposa. —Ysæūn se quedó estático un segundo—. Pero debo confesar que no sé plenamente lo que eso significa en su totalidad.
Esta vez, su comportamiento era más bien frío, con un tono suave que intentaba hacerle entender a Lemun que en esas disputas no podría entrometerse mucho, por más que quisiera.
—¿Por qué no me has contado nada de lo que pasó contigo en Soukur? ¿Conoces a la mujer que dicen que llegará hoy a la corte de mi madre? —La pregunta era de curiosidad absoluta, con una pizca de furia contenida por lo que le habían hecho hacía no menos de cuatro yar.
El guardia se colocó recto, echando los hombros hacia atrás, luciendo un poco nervioso ante una pregunta que no esperaba por parte de la princesa real.
—Nada, no pasó nada —mintió, y desvió la mirada hacia otro punto que no fuera ni Mimi ni Lemun.
Mimi se quedó observando a ambos, tratando de entender por qué Lemun buscaba la mirada de Ysæūn y por qué él la evitaba.
Lemun comenzó a caminar tomando la manita de Mimi entre sus dedos largos y finos. El contraste del Yin y el Yang que podía ver Mimi... lo había visto en algún lugar, no recordaba en cuál, pero sabía que existía; aunque no precisamente en un recuerdo claro de su memoria.
—Si no me quieres decir, está bien —esta vez sonaba juguetona. Obvio, no iba a dejar ir semejante información que de pronto le daba tanta curiosidad—. ¿Quién eras antes de ser el guardia de ese mendigo duque?
—Pensé que le caía bien, su excelencia, su alteza real —respondió él con un tono de burla ante la aberración de lo que Lemun había dicho—. Cuando estaba en su telaraña con esa mano en su cintura...
—¡Ysæūn! ¡Ahg! ¡Eres igual de molesto! —Dio unas zancadas largas hasta alejarse de los dos que la seguían.
Mimi se había soltado de la mano de Lemun, e Ysæūn trató de tomarla por mucho que le causara cierto nerviosismo tocar a la niña. Le sonrió como sonrían los mortales: con los labios cerrados y elevando las comisuras de su boca.
Mimi le devolvió el gesto sonriendo con los ojos.
Más tarde, Ysæūn fue con Lemun hacia la sala del trono, donde la mayoría de los aristócratas presentes ya se encontraban.
El duque del norte fue el primero en ver entrar a Ysæūn, y le tiró una mirada de desprecio junto con el duque del este. Él se colocó a un lado del duque del oeste y luego se encaminó hacia la pared de mármol azul donde estaban los guardias de la Gran Madre. Subió al escalón que lo llevaba a estar cerca del protector del duque del sur, quien tenía los ojos turquesa cristalinos y parecía no querer saludarlo. En su rostro se mostró indiferencia, y se hizo a un lado cuando Ysæūn subió el cuarto peldaño para situarse cerca de él.
El duque del sur de Soik lo observó con una ceja arqueada. Y bueno, ¿quién no lo vería de ese modo, sabiendo que había entrado con la princesa heredera como si fuera su guardia y, además, habían llegado demasiado tarde?
Entre los primeros que estaban cerca de la Gran Madre, frente a ella, se encontraban todos los aristócratas de Soik. Del imperio Soik —o bueno, los hombres con más crour del Granado prominente inmortal del Zafiro—.
Les gustaba llamarse a sí mismos Sil, Hemmer, O'ek, Deiu. Hombres de cuatro rangos que miraban hacia la Gran Madre con aire de ser el centro, como Jee’.
Lemun parecía disgustada al ver a todos los presentes mientras caminaba hacia su lugar frente a los duques o sil'es. Removió su cabellera dorada al pasar a un lado del duque del oeste, y este sonrió de lado. Con sus preciosos ojos de azul cielo la miró hasta que ella quedó frente a la Gran Madre e hizo una reverencia.
Su hermoso vestido azul cielo, con bordados en el borde de un fénix atrapando a un sucho, le causó curiosidad al duque: la miró de arriba abajo y observó la elegante cinta dorada que cubría su cintura, la cual se había ensanchado pareciendo un trozo de tela más grande que cubría todo su abdomen. Las cintas caían hasta rozar el suelo y brillaban a la luz de las farolas.
La Gran Madre vio a Lemun, pero hizo caso omiso de que ella al menos se hubiera dignado a asistir al evento de media estación de la estación Flor.
Suponiendo que la prim shutter había afirmado que no vendría pronto la estación Bum, aunque era una probabilidad enorme de que eso llegara a pasar pronto.
Del otro lado estaban todos los hombres nobles de Soukur; algunos formaban parte de un principado, porque la mayoría de ellos había acordado con la Gran Madre que esa era una mejor opción, después de que el último rey de Perxia pereciera en su lecho.
Algunos de los reinos decidieron que sería mejor opción vivir en principado. Los antepasados se reflejaban en el rostro del hombre más importante políticamente después del consorte real.