Dejame Entenderte - Jeon Jungkook.

Capítulo 12

El trayecto fue tranquilo, al llegar al restaurante al mayoria de nuestros amigos y compañeros de la universidad ya estaban ahí. Conversaban alegremente hasta que nos vieron y comenzaron a saludarnos con entusiasmo.

—¡Por fin! —exclamó Minji desde el otro lado de la mesa—. Pensé que Sohyang tendría que secuestrarte.

—Casi —respondió ella mientras tomaba asiento.

—No exageren —dije, sentándome a su lado.

—¿Tú? ¿Saliendo un viernes por la noche? —Seungho me miró con una expresión de sorpresa exagerada—. Definitivamente algo está pasando.

—No está pasando nada.

—Eso diría alguien a quien sí le está pasando algo.

—¿Ven por qué no quería venir? —Dije con fingida indignación.

Todos soltaron una carcajada y yo no pude evitar sonreir, había olvidado lo mucho que extrañaba aquello.

Durante la universidad, nuestras reuniones siempre terminaban igual: comida sobre la mesa, conversaciones que se extendían durante horas y alguien recordando alguna tontería que habíamos hecho años atrás.

Por unos minutos, sentí que había vuelto a ser la misma de aquel entonces, cuando no tenía una agenda llena de reuniones, ni tenía que ver el reloj con frecuencia para no perderme de ninguna reunion importante. En esos tiempos todo era más sencillo, no tenía esa necesidad de controlarlo todo, o al menos no como ahora.

—¿Te acuerdas de aquella vez que casi nos expulsan del laboratorio? —preguntó Daniel.

—No fui yo —respondi de inmediato.

—Fuiste tú.

—Fue culpa de Seungho.

—¡¿Por qué siempre me culpan a mí?! —nos señaló a Daniel y a mí con indignación.

—Porque eras el único que sabía cómo funcionaba aquella máquina —respondí.

—Precisamente por eso no debieron dejarme tocarla.

Sohyango soltó una carcajada.

—Eso sí es verdad.

La conversación continuó entre recuerdos y bromas. Poco a poco fui relajándome, hasta que mi teléfono vibró nuevamente dentro de mi bolso.

Lo sentí contra mi pierna, pero intenté ignorarlo hasta que unos segundos despues volvió a vibrar. Sohyang me miró de reojo.

—¿No vas a revisar? —Preguntó en voz baja.

—Después.

—Podría ser importante.

—Si fuera importante, llamarían.

—Eso sonó sospechosamente específico.

—Come —dije sirviendole un poco más de agua.

Ella sonrió y tomó un poco de su comida. Esperé unos minutos antes de sacar discretamente el teléfono debajo de la mesa. Había varios mensajes, pero me concentré en los ultimos.

Jungkook: ¿Llegaste bien?

Y debajo:

Jungkook: No tienes que responder ahora. Solo quería saber que llegaste.

Me quedé mirando la pantalla. No sabía por qué esas palabras me provocaban una sensación tan extraña en el pecho, y escribí rápidamente.

Jieun: Sí, ya llegué, hace un rato.

Guardé el teléfono antes de que alguien pudiera verme.

—¿Quién era? —preguntó Minji de repente haciendome levantar la mirada.

—¿Qué?

—Estabas sonriendo.

—No estaba sonriendo.

—Sí estabas.

—No.

—Definitivamente estaba sonriendo —Seungho intervino desde el otro lado de la mesa.

—Ustedes están imaginando cosas.

Sohyang se quedó observándome durante unos segundos sin decir nada, solo me miró con una sonrisa y eso fue mucho peor.

—¿Qué? —pregunté.

—Nada.

—No pongas esa cara.

—¿Cuál?

—Esa.

—No sé de qué hablas.

Rodé los ojos y volví a mi comida. Por suerte, Daniel cambió de tema.

—Bueno, hablando de cosas importantes… ¿alguien sabe qué pasó con el proyecto que estábamos haciendo en cuarto semestre?

—¿El de Jieun? —preguntó Minji.

—No era mío.

—Prácticamente lo hiciste tú sola.

—Porque ustedes no hacían nada.

—¡Eso es mentira!

Las risas volvieron a llenar la mesa con esa complicidad que teníamos del pasado.

Pero mientras escuchaba a mis amigos discutir sobre quién había hecho qué durante la universidad, no pude evitar mirar de reojo mi teléfono. No había llegado ningún mensaje nuevo.

Intenté olvidarlo y concentrarme en la reunión, hablaron sobre varios temas: anécdotas, antiguos profesores, proyectos que todavía recordábamos con una mezcla de cariño y vergüenza, y todo lo que estaba pasando actualmente con nuestras vidas.

Había pasado casi un año desde la última vez que nos vimos y, definitivamente, había mucho que contar.

Minji había cambiado de trabajo, Daniel estaba considerando mudarse a otra ciudad, Seungho, contra todo pronóstico, finalmente había terminado aquella maestría que llevaba años diciendo que iba a terminar, y Sohyang…

—Bueno, ya saben lo de mi bebé —dijo ella mientras acariciaba distraídamente su vientre— Es una niña muy inquieta.

—¿Mucho? —preguntó Minji.

—Sí, no lo parece, pero hay momentos en los que no me deja ni dormir, es agotador, pero aun así estoy muy emocionada, cada vez falta menos para poder conocerla.

—Me lo imagino, son muchos cambios, pero pronto tendrás a tu bebita en tus brazos y la batalla será otra.

—Yo no podría con eso —intervino Daniel—. Me volvería loco.

—Tú te volverías loco hasta cuidando una planta —dijo Sohyang.

—Eso es diferente.

—¿Qué le pasó a tu cactus? —pregunté mirandolo.

—No vamos a hablar de eso —dijo señalandome con el tenedor y todos reimos.

Me gustaba escuchar sus historias. Me gustaba ver que, aunque nuestras vidas habían tomado caminos completamente distintos, seguíamos encontrando la misma facilidad para reírnos juntos.

—¿Y tú? —preguntó Minji de repente.

—¿Yo qué?

—No puedes seguir interrogándonos a todos y salirte con la tuya.

—No estaba interrogando a nadie.

—Claro que sí.

—¿Qué quieren saber?

—Todo —respondió Seungho—. Trabajo, vida, amor… lo básico.

Levanté una ceja y luego respondí.

—Mi trabajo está bien, más de hecho, ya saben.




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