Dejame ser tuya(precuela Durmiendo con el enemigo")

1. La regla de oro.

Las reglas de las chicas, aquellas que pertenecían a un libro que no estaba escrito realmente, pero cuyo estamentos eran realmente relevantes en la vida de cualquier mujer, sin importar la edad que tuvieras.

Se aplicaba a niñas, a adolescentes, a jóvenes y a mujeres adultas.

Claro que este variaba según la edad que tuviera, y con eso cabe destacar que cada regla tenía distinto peso a medida que crecías.

Por ejemplo si eras una niña pequeña, la regla de oro era que jamás debías romper la muñeca de tu mejor amiga y mucho menos tomarla sin pedirle permiso.

Si eras una joven (de entre los 20 y hasta los 35) estaba prohibido salir con el ex de tu amiga, sin importar cuanto tiempo haya pasado de su ruptura, lo mismo aplicaba para aquellos chicos de los que había estado enamorada.

Algo similar ocurría con esas mujeres que ya estaban casadas. No podían salir con el ex esposo de su amiga. Aquello era desleal.

Y por último y no menos importante, la regla de oro si eras una adolescente como yo, consistía en no salir o enamorarte del hermano de tu mejor amiga, en el caso de que ella tuviese uno. Estaba completamente prohibido y se consideraba como una de las peores traiciones habidas y por haber.

¿Por qué deje esta última para el final? Pues porque en ella me veía involucrada y estaba a tan solo una equivocación más de romperla.

Claro que si lo hacía, me arriesgaba a perder a Lottie, para siempre.

Déjenme presentarme, antes que nada, me llamo Emma y estoy irremediablemente enamorada del hermano de mi mejor amiga.

De Lewis... Lewis Townsend.

Un chico unos años mayor que nosotras, quien estaba tan solo a unos pasos de donde nosotras nos encontrábamos leyendo revistas de chismes tiradas en el piso, mientras discutíamos que cantante era mejor, Lewis estaba en el gimnasio improvisado que sus padres habían armado en la habitación al final del pasillo.

Lewis era la clase de chico por la que cualquier chica de mi edad pasaría noches y noches en vela, dedicándole horas y horas a ridículas fantasías que se proyectaban en sus mentes, llenas de ilusiones.

Muchas de las amigas que formaban parte de nuestro grupo habían querido captar su atención pero solo una fue lo suficientemente valiente como para hacerla, Shauna, quien un día de verano, en el que el sol parecía quemar a cualquier persona que osara posarse debajo de sus rayos, ella desvío su camino de la piscina que tenían los Townsend, para dirigirse a la habitación de Lewis, donde él estaba tocando algunas melodías en su nueva y reluciente  guitarra.

Nunca supe bien que sucedió aquel día, ya que lo recuerdo vagamente, solo algunas imágenes venían a mi mente, y era la se Lottie agarrando del cabello a Shauna por aparecer en la habitación de su hermano, y tener el coraje de quitarse la parte superior de su bikini, quedando totalmente expuesta de la cintura para arriba.

Esta más que claro que luego de eso, fue expulsada de nuestro grupo, y poco tiempo después lo hicieron el resto de las chicas que decían ser nuestras amigas.

Según ellas, la reacción de Lottie había sido por demás exagerada, después de todas estaban algo enamoradas de su hermano a quien las horas en el gimnasio se le empezaban a notar.

—Tu no estas enamorada de mi hermano, ¿verdad?— preguntó con los ojos llenos de lágrimas.

Los míos se abrieron como platos al escuchar su cuestionamiento.

—Por supuesto que no— aseguré— Lewis siempre será el niño que me hizo la vida imposible desde que lo conozco, jamás podría verlo con otros ojos. No podría hacerte eso a ti.

La mitad de mis palabras eran verdad, el resto mentira.

—Gracias— me abrazó y el tema quedo zanjado ahí.

Nunca más volvió a salir en nuestras conversaciones y ambas nos alegramos de alejarnos de aquellas personas ya que no eran buenas para nosotras.

En el presente, éramos nosotras dos y estábamos bien así.

— ¿Quieres algo de limonada?— preguntó mientras seguía pasando las hojas de la revista con un desinterés que crecía cada vez más.

—Claro y galletas— sonreí.

—A la orden— dijo antes de salir de la habitación dejando la puerta medio abierta.

Por mi lado continué con la titánica tarea de leer mi horóscopo e intentar descifrar si lo que decían aquellos renglones era verdad o si era una patraña que le querían hacer creer a las pobres niñas ilusas como yo.

Unos pasos se escucharon desde el pasillo y alcé la vista creyendo que se trataba de Lottie quien ya traía la comida y la bebida.

Pero no...

Era Lewis quien estaba pasando por la puerta de la habitación camino a la suya vistiendo nada más y nada menos que una toalla que se ajustaba a su cintura, dejando ver sus brazos y torso desnudos.

Casi podía contar cuantas abdominales habían allí.

No se molestó en abrir su boca, solo se limitó a mirarme y hacer un extraño gesto con su cabeza en señal de "saludo".

Era consciente de que mis mejillas se habían teñido de rojo  y a esta altura parecían  dos manzanas.

Lottie volvió a su habitación ni bien Lewis entró a la suya y cerró la puerta.

— ¡Estás pálida!— exclamó asustada al ver mi tono de piel que había bajado varios tonos— ¿Te encuentras bien?

Asentí, muda, sin saber que decir.

—Mejor come algo, tu nivel de azúcar debe estar bajo. Te dije que esa absurda dieta que comenzaste era peligrosa— me regañó llevándose una galleta a la boca.

—S...si debe de ser eso— aseguré no convencida de mis palabras.

Estar de acuerdo con ella era lo mínimo que podía hacer, ya que no había una manera convincente de explicarle a mi mejor amiga que mi palidez se debía a que había visto semidesnudo a su hermano hace unos momentos atrás y que mi reacción se debía a que estaba irremediablemente enamorada de él.


No podía. Si lo hacía me arriesgaría a correr con la misma suerte de Shauna.




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