Dejame ser tuya(precuela Durmiendo con el enemigo")

3. La verdad oculta.

El partido duró una hora, y mientras Lottie se encargaba de echar sus brillantes ojos sobre alguno de los jugadores, yo solo me retorcía a la misma vez que Lewis cada vez que lo golpeaban.

Yo por mi lado me encargaba de tomar fotografías del equipo.

—Tómale a ese chico— insistía mi amiga señalando a cada rato a un jugador distinto que había llamado su atención— ¿No crees que es lindo? ¿No te parece hermoso aquel de por allá? Definitivamente me casaré con el número 9.

Yo solo me dedicaba a mirarla en silencio, admirando su capacidad para enamorarse y jurarle amo a cada rato a una persona distinta.

Yo solo amaba a una persona y lo hacía en silencio. Dudaba mucho que fuese un sentimiento compartido por lo cual prefería guardarme esos sentimientos para mí. Así evitaba resultar herida.

—No haré diferencia alguna entre uno u otro jugador. Vine a fotografiar al equipo, no a tus potenciales conquistas— dije.

Pero era mentira. En secreto había tomado más de 10 fotografías de Lewis, pero nadie sabría de eso.

Ella refunfuñó algo difícil de entender y se concentró en el juego.

Afortunadamente el equipo resultó ganador y el debut del mismo resultó ser mejor de lo que Lewis había imaginado.

La gente de la banda comenzó a tocar una versión bastante desafinada de alguna especie de "himno de la victoria”, al menos había reconocido que le ponían espíritu y empeño a su tarea, mientras las porristas por supuesto en sus cortos uniformes se acercaban a saludar a los jugadores.

¿Acaso no se acababa esa pesadilla al dejar la secundaria? 

Al parecer no y cuando yo ingresara a la universidad tendría que soportar a esas mujeres en cuerpos esculturales floreándose frente a mí demostrándome que jamás podría tener sus cuerpos.

Un grupo tomo a Lewis y lo alzó. Desde su posición parecía un rey, un rey que había conquistado al mundo, que había logrado la más alocada y peligrosa hazaña... Llevar a su equipo a la gloria. El mundo le sonreía y él le sonreía al mundo.

Y yo solo era una espectadora más de aquel circo magnífico en el que toda la gente a su alrededor coreaba su nombre.

Uno de los chicos depositó a Lewis en el piso, levantando su uniforme, permitiéndome ver un poco de piel y recordándome el incidente del pasillo y la toalla.


Ignoré el rubor que se extendía por mis mejillas y me sumé a los gritos hasta que los míos propios se detuvieron de repente.

Una de las porristas corrió a su lado agitando sus pompones y su larga cabellera rubia atada en una cola de caballo, y colocó una mano debajo de la playera de Lewis, tocando su cuerpo sin ningún tipo de pudor.

Podía sentir como la sangre bullía en mi cuerpo a medida que la secuencia se desarrollaba ante mis ojos. 

En lugar de alejarla o pedirle que se comportara, exigiéndole que no invadiera su espacio personal, como lo habría hecho conmigo. Se giró para verla y le dedicó una sonrisa, sonrisa que fue el desencadenante de la tragedia.

Lewis se puso frente a frente a esta Barbie humana y se agachó un poco para besarla. Como si no hubiese un maldito mañana y como si no hubiese gente a su alrededor. Solo importaban ellos dos

Mientras a mi alrededor solo escuchaba voces que gritaban "Lewis,Lewis,Lewis," yo solo podía oír el sonido de mi corazón romperse.

Y como en todas las escenas dramáticas como esta, todo parecía detenerse u ocurrir en cámara lenta.

Y por supuesto que mis ojos no podían despegarse del par de tortolitos. 

Tan metida estaba en ello que nunca me percaté de que Lottie había vuelto a mi lado, con su pelo desarreglado, el labial corrido y la ropa arrugada como si alguien se la hubiese subido sin cuidado alguno.

— ¿Me extrañaste?— preguntó seductoramente y con su respiración agitada aun.

— ¿Dónde te habías metido? Lewis te matara si te ve así— mi nariz se frunció cuando su aliento chocó con ella— Dios, ¿estuviste bebiendo? Lewis me matará— me llevé las manos a la cabeza.

De repente la idea de que si él no hubiese estado con la Barbie humana, podría haber evitado esto cruzó por mi cabeza.

—Debemos llevarte a otro lado y limpiar tu cara antes de que Lew...

— ¿Qué demonios te ocurrió?— preguntó el susodicho mostrándose por demás molesto ante lo que estaba viendo.

—Conocí a uno de tus compañeros, Félix, Filix, algo así— dijo riendo de manera tonta.

— ¿Estas ebria?

—Puede que sí... Puede que no— respondió tambaleándose.

La agarré de un brazo para evitar que se cayera y se rompiera la cabeza.

—Se acabó nos vamos de aquí. Tienen prohibido volver a uno de mis partidos. Realmente confiaba en que podías con esto, Emma— me miró a los ojos y vi la desilusión reflejada en ellos.

Qué bueno, porque al menos compartíamos ese sentimiento. Yo lo estaba de él y él de mí.

—NO ES MI CULPA— grité luego de que mi paciencia llegara a su límite.

Podía notar como las lágrimas aparecerían en cualquier momento.

—Te llevaremos a casa. Y respecto a ti— señaló a su hermana— Tienes suerte de que no estén en casa mamá y papá. Ahora al auto.

—Señor, si señ...

La miré indicándole que por una vez en su vida cerrara esa gran bocota que tenía.

Caminos el resto del trayecto en silencio. Subimos al auto y al pasar junto a la Barbie humana tuve que retener las ganas de sacarle la lengua. O el dedo medio.

Durante la vuelta a casa nadie abrió la boca y el auto se vio invadido por el sonido de la vieja radio.

Al llegar a casa, abrí la puerta y me dirigí a mi habitación tirando las cosas sobre la cama.

Busqué en el cajón de mi mesa de noche hasta dar con mi diario personal donde escribía y tenía fotos pegadas. Fotos de Lottie y mías, fotos de viajes y fotos y fotos de Lewis. Y anotaba en él mis pensamientos más profundos a mayoría referidos al hermano de mi mejor amiga.




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