Despues Del Dolor ,el Amor Verdadero

FAMILIA Y AMIGOS

El domingo amaneció con una brisa suave y una luz dorada que se colaba por las cortinas del apartamento de Emma. Era uno de esos días que invitaban al silencio, al café lento y a los pensamientos sin prisa. Pero esa mañana no sería como otras. Leo conocería a las personas más importantes en la vida de Emma: su madre, su tía Marina y su mejor amiga, Camila.

La invitación surgió sin presión, en una conversación entre sábanas, cuando Leo, acariciándole el cabello, mencionó:

—Quiero saber de dónde vienes. Conocer a quienes te conocen de verdad, los que saben cómo ríes cuando no te estás protegiendo.

Emma sonrió, con esa mezcla de ilusión y nerviosismo que le hacía cosquillas en el estómago. No solía permitir que nadie cruzara ese umbral, no tan rápido. Pero Leo ya había traspasado varios muros, y ella ya no tenía energía para seguir escondiéndose.

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La comida se organizó en casa de la tía Marina, un pequeño hogar de campo a las afueras de la ciudad, donde los aromas de pan recién horneado y hierbabuena se mezclaban con los recuerdos de la infancia de Emma.

Leo llegó puntual, con una botella de vino, un ramo de flores y una sonrisa que buscaba encajar con todos. Llevaba jeans oscuros, una camisa azul marino y la seguridad de quien sabe que está dando un paso importante.

—Bienvenido, Leo —dijo la madre de Emma con voz templada—. Siéntase como en casa… pero no olvide que esta casa tiene memoria.

Emma la miró de reojo, divertida. Su madre siempre tenía esa manera peculiar de decir cosas que sonaban poéticas y a la vez como advertencia.

La tía Marina, en cambio, fue más directa:

—Si rompes a mi sobrina, yo te rompo a ti —le dijo con una sonrisa traviesa, sirviéndole jugo de guayusa.

Leo, lejos de incomodarse, respondió con un guiño.

—Me gustaría quedarme entero. Sobre todo si tengo una buena razón para hacerlo.

La comida fue larga, ruidosa, llena de risas y anécdotas. Emma no recordaba haber disfrutado tanto de un almuerzo familiar. Leo se movía como pez en el agua, conectando con todos, preguntando con interés genuino, adaptándose sin esfuerzo. Camila, su mejor amiga, lo observaba con más cautela. Era su protectora natural, la que conocía cada cicatriz en el corazón de Emma.

Al terminar, Camila pidió hablar con Emma a solas, en el jardín.

—Está bien, Emm. Muy bien. Pero quiero decirte algo —dijo con tono firme—. El amor no se mide por lo perfecto que se ve alguien al principio. Sino por cómo reacciona cuando las cosas se rompen. A veces los más encantadores son también los más expertos en esconder grietas.

Emma asintió. Lo sabía. Pero también sabía que Leo le hacía bien… por ahora.

—Gracias, Cami. No quiero cerrar los ojos, pero tampoco quiero vivir con miedo.

Camila la abrazó fuerte.

—Entonces ámate tú primero. Y si él se queda, que sea porque tú no necesitas que te salven.

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Esa noche, ya en su apartamento, Leo la abrazó por la espalda mientras Emma lavaba unas copas.

—Me gustó tu mundo —susurró, besándole el cuello—. No quiero irme de él.

Emma cerró los ojos. El agua seguía corriendo, pero en su interior todo se había detenido un segundo.

—Entonces cuídalo. No lo prometas… demuéstralo.

Leo la giró para mirarla de frente.

—¿Te asusta que me acerque tanto?

—Me asusta… que me dejes cuando ya no te parezca tan perfecta como ahora.

Leo la miró sin parpadear. Luego, deslizó su mano por el rostro de Emma, con suavidad.

—Me enamoro de ti justo por tus imperfecciones. No busco perfección. Busco verdad.

Y la besó. Un beso sin prisa, sin fuego artificial, pero con profundidad. De esos que parecen decir: “Aquí estoy, y no planeo irme”.

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Pero esa misma noche, cuando Leo salió del edificio, su celular vibró. Un mensaje entró sin previo aviso. El nombre en la pantalla hizo que su rostro cambiara sutilmente.

> Catalina H.
¿Hasta cuándo vas a esconderme? Tú y yo tenemos asuntos pendientes. No me ignores, Leo.

Leo bloqueó la pantalla, apretó los dientes y caminó más rápido hacia su auto. No contestó. No esa noche.

Porque aunque quería empezar de nuevo, había un pasado que no se deshacía tan fácil.
Un pasado que ya había aprendido a esperar su momento para volver.



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En el texto hay: dark romance, romántico

Editado: 16.08.2025

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