Despues Del Dolor ,el Amor Verdadero

LA MUJER DEL HOTEL

Emma no fue al trabajo esa mañana. Apagó su celular, canceló sus clases virtuales y se encerró en el departamento con una taza de café que se enfrió sin que ella la notara. Frente a ella, la fotografía aún abierta en su laptop: Leo abrazando a una mujer de cabello largo y castaño, en la entrada de un hotel que reconocía muy bien. Era un sitio donde ambos habían cenado durante sus primeras citas.

Emma aumentó el zoom de la imagen. Era borrosa, sí, pero la postura del cuerpo de Leo era inconfundible. No era un abrazo casual, no era el gesto de un amigo. Era una mano rodeando la cintura de esa mujer. Su otra mano sostenía el rostro de ella con dulzura. La cabeza de la mujer apoyada en su pecho. Un instante íntimo. Una mentira congelada.

Sintió un hueco en el estómago. No era solo tristeza. Era humillación.

Con los ojos aún fijos en la imagen, recordó sus últimos días: las conversaciones a medias, las respuestas vagas, los silencios entre besos. La verdad había estado todo el tiempo delante de sus ojos, pero su deseo de creer había sido más fuerte.

Finalmente abrió el mensaje del perfil anónimo. Respondió solo dos palabras:
“¿Quién eres?”

La respuesta llegó rápido:
“Catalina. La mujer a la que Leo juró amor eterno antes de ti. Y después también.”

Emma se estremeció. Esa mujer no era una ex despechada. Era una amenaza real a su presente.

Volvió a escribir:
“¿Qué quieres?”

“La verdad.”, respondió Catalina.
“¿Y tú?”

Emma no contestó. Cerró la computadora con un golpe seco. Necesitaba pensar. Respirar. Sentir que aún tenía el control de algo.

---

Horas después, Emma estaba sentada en una cafetería discreta, en una zona alejada del centro. Tenía los ojos escondidos tras unas gafas oscuras, la expresión tensa. Frente a ella, una mujer elegante, de mirada firme y sonrisa helada. Catalina.

—Gracias por venir —dijo Catalina, como si esto fuera una reunión de negocios.

Emma no respondió. Solo la observó, tratando de entender quién era esta mujer que se había metido en su vida como una tormenta.

—Imagino que estás confundida —continuó Catalina—. Yo también lo estuve. Leo me prometió que estaríamos juntos. Me juró que solo necesitaba tiempo para resolver su vida, para dejar “ciertos cabos sueltos”.

—¿Y tú le creíste? —preguntó Emma con un dejo de rabia contenida.

—Sí —respondió Catalina sin dudar—. Porque al principio era verdad. Hasta que apareciste tú.

El golpe fue directo. Emma respiró hondo.

—¿Por qué me enviaste esa foto?

—Porque mereces saber con quién compartes la cama. Porque él juega a dos bandas. Y porque aún me busca cuando tú no lo ves.

Emma sintió una punzada en el pecho.

—¿Tienes pruebas?

Catalina sonrió con ironía. Abrió su cartera y sacó el celular. Lo deslizó por la mesa.

—Revisa los mensajes de las últimas semanas. Audios. Capturas. Videos. Todo.

Emma dudó. Sentía que cruzar esa línea era perder para siempre la ilusión. Pero también sabía que vivir engañada era aún peor.

Con el pulso tembloroso, tomó el celular. Abrió una conversación. Allí estaban: mensajes recientes de Leo. Uno de ellos, enviado solo tres noches atrás:

> “No puedo dejar de pensar en ti. Emma es buena… pero tú eres mi locura.”

Otro, más antiguo:

> “Déjame resolver esto. Solo un poco más de tiempo. No quiero que sufra… pero tampoco quiero perderte.”

Emma dejó el teléfono en la mesa. El corazón le latía con fuerza, pero su rostro ya no mostraba dolor. Solo decisión.

—Gracias —dijo, seca.

Catalina asintió.

—No lo hago por ti. Lo hago por mí. Estoy cansada de ser la sombra. Y tú también deberías estarlo.

Emma se levantó sin despedirse. Salió del café con pasos firmes. No iba a llorar. No frente a ella. No más.

---

Esa noche, Leo llegó al departamento con flores y una sonrisa forzada. Emma lo recibió en silencio. No lo abrazó. No comentó nada. Solo lo miró a los ojos.

—Tenemos que hablar —dijo ella, sin rodeos.

Leo frunció el ceño.

—¿Pasó algo?

—Catalina me escribió.

El rostro de Leo se descompuso. Bajó la vista. Murmuró:

—Puedo explicarlo.

Emma negó con la cabeza.

—No quiero explicaciones. Quiero respeto. Quiero la verdad. Y tú ya me la quitaste.

Leo trató de acercarse, pero Emma retrocedió.

—¿La amas? —preguntó con voz serena.

Leo guardó silencio. Y ese silencio fue su respuesta.

Emma dio un paso atrás, luego otro. Fue hacia la habitación, tomó una maleta y comenzó a guardar sus cosas.

—No quiero una historia de tres personas donde solo una está siendo honesta —dijo mientras cerraba la maleta—. Me niego a convertirme en la versión débil de mí misma. Ya pasé por esto antes. No otra vez.

Leo intentó detenerla.

—Emma, por favor. No te vayas así. Yo te amo.

Ella lo miró una última vez. Sus ojos ya no brillaban de amor. Solo de firmeza.

—Entonces aprende a amar mejor. A alguien más.

Y salió por la puerta. Con el alma rota, sí. Pero con el corazón listo para sanar.



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En el texto hay: dark romance, romántico

Editado: 16.08.2025

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