Destino

05.- A cada uno, su dificultad

Dmitri

Hacia mediados de noviembre, la dulce Olga me hizo un cuestionario que haría llorar hasta a un veterano. Dejó claro que solo quería medir el avance de mis clases, pero sentía que estaba juzgando hasta la ropa que llevaba puesta; que las respuestas a sus preguntas eran cortas, indecisas y quizás no eran entendibles. Ella tenía una mirada crítica, se notaba que no había dormido y había una ligera oscuridad debajo de sus ojos. Aunque el clima era frío, no dejaba de usar sus largas faldas combinadas con abrigos gruesos.

Es triste decir que mi desempeño en la empresa no mejoró. Aún no podía asistir a las reuniones, pero ella me dejaba escuchar las grabaciones por secciones para poder dar una opinión sobre el tema. Hacía un ruidito como «hmmm» cada vez que hablaba, pero cuando explicaba algo, me encantaba escuchar su voz: algo tiene que es muy tranquilizante y cómodo.

Al terminar las clases, regresaba a esa fea casa. Quería invitar a algunos amigos, pero todos ya tenían trabajo y familias que los esperaban. No me atreví a comprar nada más que ropa, pues los muebles o incluso una televisión me hacían sentir vigilado. El secretario y el ama de llaves venían a limpiar cada mañana; aunque me resultara incómodo, no podía negarme. Todos los quehaceres básicos estaban cubiertos hasta que, el fin de semana, el abuelo llegó de visita.

No sabía mucho del asunto y no quise preguntar, pero, a fin de año, la familia se reuniría. Después de tantos cambios y despedidas, tenían que reunirse para desearse dicha, además de establecer quién sería el siguiente sucesor de la empresa. Aún siento que no encajo con esto y lo odio. Sé que debería ser más activo en mi comportamiento y actitud con lo que me pertenece por haber nacido en esta familia, pero no dejo de tener miedo de adoptar un papel que no es mío.

—Tendremos una cena familiar a finales de mes. Le he dado instrucciones a la señorita Layevska para que te oriente en tu vestimenta y modales. A principios de diciembre me acompañarás a un viaje de negocios y, en la cena de fin de año, se reunirá toda la familia y te anunciaré como mi sucesor en caso de que la señorita Layevska haya aprobado tu desempeño; de lo contrario, solo serás mencionado como candidato.

—¿Por qué la señora Irina no puede sucederlo?

—Tu madre es una mujer desagradecida con mi ayuda, pero sabe bien cumplir sus promesas, y una de ellas fue renunciar a su legado solo para traerte al mundo. No hagas que su esfuerzo sea en vano. Tú no estás sacrificando todo por un sitio; ella sí. Te veré entonces —le dijo, dejando sobre la mesa una invitación sellada con el escudo de la familia.

Ni siquiera lo despidió y miró fijamente el nombre desconocido que le pesaba en los hombros.

En algún momento de la tarde, se levantó de su lugar. Había llorado en silencio y mojado su camiseta. De su padre nunca había escuchado por qué se separó de su madre, pero él jamás se quejó por criarlo solo. Cuando creció, su padre le explicó que las personas que viven de promesas mueren lentamente después de cumplirlas, pues significa que han renunciado a algo que necesitaban pero no era importante. Él mismo estuvo a punto de renunciar a su herencia familiar, pero, cuando tuvo a su hijo en brazos, todo lo demás estaba listo para ser domado.

Fui a la cama pensando que no conocía lo que mis padres hicieron en mi nombre o que, quizás, solo sea una versión de la historia, pero lo que es seguro es que me duele ser un objeto de intercambio. En la quietud de mi habitación, puedo llorar en silencio, pero al día siguiente tendré que actuar como si nada porque, además de estar solo, nadie se preocupará por saber cómo me estoy desmoronando. Odio admitir que dejé a mis amigos desde el día que me dediqué enteramente a dibujar, y no los dejé porque los odiara, sino porque di tanta prioridad a mi trabajo que deje de lado las relaciones que me costó construir a lo largo de una vida.

Cuando el abuelo anuncie lo que vaya a hacer conmigo... seguramente conoceré a personas tan huecas que seré igual que ellas.

Olga

Después de su trabajo de fin de semana, decidió que era hora de hablar con él. Últimamente no había podido dormir debido a varias preocupaciones con su trabajo y relaciones personales. Se distraía pensando en cómo evaluar el desempeño de su estudiante, así como entregar informes de resultados de manera periódica. Sinceramente cada vez entendía menos a esa familia; es como si quisieran entrenar al heredero perfecto, pero, aún así necesitaran todas las aprobaciones de la cabeza de la familia e ignoraran el hecho de que el candidato predilecto estaba desmoronándose.

Llegó al edificio y encontró que las luces estaban encendidas. En la planta baja había una cafetería que funcionaba las 24 horas del día; pasó a saludar a los empleados y después entró al edificio.

Reconoció el aroma a perfume de mujer.

En lugar de usar el elevador, subió por las escaleras. Estaba cansada, ya no quería discutir y era ella quien había dado el primer paso para poder solucionar ese problema de raíz, dado que él no la contactó y aún no habían terminado. No le importaba el desenlace, solo quería un buen final.

Caminó hacia el área de trabajo. Su novio era un escritor y cofundador de una editorial especializada en novelas y novelas gráficas. Tenía una plantilla de empleados muy capaces y, pese a que él dormía durante el día, el fundador del lugar era un hombre de negocios centrado e inteligente que estaba cumpliendo sus metas. Incluso ella puso su granito de arena al rentarles un edificio de cinco pisos que usaban según sus necesidades.




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