Destino

06.- Presencia ausente

Rara vez la había visto sonreír.

En un día normal de trabajo, no se encontraban con tanta frecuencia como para saludarse como si fueran amigos; pero cuando lo llamaban de la oficina para reprenderlo sobre su mal trabajo, se encontraba con ella rodeada de otras empleadas.

Ese día en particular, un extraño ruido y leves gritos llamaron su atención. La dulce Olga había dejado caer su taza de café sobre su blusa. Ella intentó decir que todo estaba bien y que limpiaría su desastre pronto, pero todo el líquido se había expandido por la ropa, dejando una mancha color café sobre ella. Desde su posición, él intentó ayudarla, aunque acercarse demasiado cuando no eran cercanos traería chismes innecesarios que la dejarían en una situación incómoda.

Sus ojos no dejaban de ver cómo esa mujer limpiaba su escritorio con un paño. Después la vio dirigirse hacia su perchero, donde tenía colgado un portatrajes. Lo sujetó y lo llevó consigo al otro lado del pasillo. Justo cuando pasó frente a él, logró ver la camisola que usaba; sus ojos se posaron en el escote donde estaba la mancha y el contorno de su ropa interior se hizo más notorio. Se sonrojó, pero a la dulce Olga no parecía importarle. A su regreso, llevaba una blusa de un color más oscuro. La ropa le quedaba más ajustada y el leve olor a café con leche aún se percibía a la distancia.

Más tarde, en su clase, en la sala donde estaban los dos, el aroma dulzón que emanaba lo distraía de todo lo que ella estaba diciendo. La ropa llamaba más la atención, dejando ver algunas curvas de su cuerpo que antes no había distinguido. Sus ojos se cruzaron y casi podía ver a través de su escote. Intentaba no mirar; ese punto llamaba tanto la atención que era imposible ignorarlo. Mientras él intentaba ver otra cosa, ella movía los labios esbozando una suave sonrisa, y su labial, a punto de correrse, lo distraía.

Abrió los ojos, confundido.

Dmitri

No sé en qué momento me quedé dormido, pero el sueño ha sido espeluznante. No sé por qué la dulce Olga ha aparecido en el, cuando la única relación que tenemos es de tutora y aprendiz. Al intentar levantarme, me di cuenta de que ese sueño fue más excitante de lo que había imaginado... ni siquiera vi piel... ¿Será que he estado mucho tiempo solo? Ya tuve una novia y las cosas no salieron bien, pero no tiene nada que envidiar a Olga...

No, ¿por qué las comparo?

Olga es una trabajadora capaz y muy inteligente que pierde sus horas libres para darle clases a alguien como yo, pero mi ex también tenía lo suyo.

No sé cómo le daré la cara en unas horas.

Mi cuerpo había reaccionado de tal manera que me hacía sentir apenado por fantasear con una empleada que quizás me odiaba. Tenía dos opciones para recomponerme pese a que una de ellas era incómoda por sí sola y la otra parecía una acción desesperada. Al final, elegí la segunda, pero, bajo el agua fría de la regadera, aún no podía olvidar el hecho de que ella estaba lo suficientemente cerca como para hablarle al oído. Su cuello se puso chinito y se quedó bajo el agua tanto tiempo que su piel comenzó a arrugarse.

Cuando llegué a la empresa, mi jefe directo me hizo ir a su oficina. Enlistó todos los errores de mi informe más reciente y, aunque estaba bien redactado, había cantidades que no cuadraban o que fueron omitidas dada la información proporcionada. Esta vez pude sentir que los errores que señaló no tenían relación con un mal trabajo, sino con una mala actualización, así que pensé en pedirle a mi secretaria esos datos.

Regresaba a mi escritorio cuando ella iba acercándose con una montaña de documentos. La saludé y ella apenas sonrió.

—Señor Ivanov, estos necesitan ser revisados desde hoy y en varias fechas.

—Ya... son bastantes.

—Si... se suponía que eran productos que saldrían a lo largo del año, pero fueron suspendidos. Allí están escritas las instrucciones de cada cosa que se debe hacer. Cuando el informe esté hecho, pasará a la reunión de la siguiente semana.

La miré y pregunté:

—¿Pasa algo? ¿Puedo ayudarte?

—Bueno, no. La señorita Layevska estará ausente esta semana por enfermedad. No sabemos qué sucedió, solo que es la primera vez que se ausenta con tanta urgencia y nos preocupa. Nunca se había enfermado de esa manera.

Por el tono de su voz, pude decir que lamentaba su ausencia.

Siendo claro, comencé a preguntarme qué sucedería con mis clases.

—Estará bien, pronto se comunicará con usted.

Ella asintió y siguió con su trabajo. No había más que decir. Después de un rato, le pedí algunos documentos para terminar mis pendientes y, curiosamente, en esta ocasión, no estaba retrasado.

A lo largo del día, pensé que iba a recibir algún mensaje sobre la cancelación de mi clase o algo similar, pero el único aviso que recibí fue a través del secretario de mi madre, quien me dijo que supervisaría mis estudios mientras la señorita Layevska se recuperaba. Pensé en enviarle un mensaje; encontré una de sus tarjetas, pero no sentía que fuéramos muy cercanos para hacer eso. De todos modos, me preocupaba que estuviera muy herida. Antes de empezar mis tutorías, llegué a la sala de juntas y allí había libros. Cada uno tenía una hoja de instrucciones. Sonreí. Nunca había conocido a una persona tan entregada a su trabajo y me gustaba.




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