Había pasado un año entero desde entonces; ¡vaya!, un año a esta edad se siente como una etapa de grandes transformaciones. Pero lo cierto es que ya tenía 18 años, preparándome para dar el salto a la universidad. Y con la llegada de la nueva edad, un viejo recuerdo vino a mi mente como un eco lejano: ¿te acuerdas, Eric, cuando me dijiste aquella vez entre risas en los pasillos de la escuela?: "Cuando cumplamos dieciocho, todo será diferente".
Cuando llegó el día exacto de mi cumpleaños, rodeada de mis mejores amigas y de Daniel, lo primero que se me vino a la cabeza al apagar las velas fue un pensamiento agridulce: «Si estuvieras aquí, tal vez las cosas habrían sido distintas». En fin, disfruté mi celebración con mis seres queridos… pero en el fondo de mi alma, un pequeño espacio seguía vacíos porque me faltabas tú.