Destino pendiente

16. Final del principio.

Un martes por la tarde, después de salir de clases, decidí dejar el miedo a un lado. Le escribí un mensaje corto a Eric diciéndole que aceptaba ese café. Nos citamos en el mismo parque con columpios donde años atrás había empezado otra historia. Lo vi llegar caminando con esa misma seguridad que me había atrapado desde el primer día de clases, pero con la madurez de los años encima. Cuando se detuvo frente a mí, sonrió de esa forma especial que un día intenté olvidar sin éxito.

—Hola, Melany —dijo con suavidad, extendiendo su mano hacia la mía.

Esta vez no hubo torpezas ni silencios incómodos. Entrelacé mis dedos con los suyos, sonreí y supe, con absoluta certeza, que algunas historias nunca terminan realmente; solo esperan el momento indicado para volver a empezar.




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